Un modelo antiguo profesional, la falta de conciliación y la presión laboral favorecen a la depresión en las médicas

Patricia Durán Carrasco
Salud mental, feminización de la medicina, riesgos psicosociales y menopausia
son conceptos inseparables cuando se analiza la salud de las profesionales sanitarias. Así se ha reflejado durante la celebración de la jornada ‘Salud mental de las médicas. Retos, prevención y autocuidado’, organizada por la Organización Médica Colegial (OMC) de España y celebrada el pasado jueves en su sede de Madrid.

Expertos como Dr. Álvaro Cerame, psiquiatra, presidente de la European Junior Doctors (EJD) y miembro del Grupo de Expertos sobre trabajo y salud mental del Ministerio de Sanidad, y la Dra. Helena Basart Gómez-Quintero, especialista en Medicina del Trabajo y máster en Prevención de riesgos laborales, coincidieron en que el diseño actual de muchas instituciones sanitarias responde a un modelo antiguo de profesional: un sistema pensado para el trabajador tipo de los años 80, con roles de género tradicionales y cuidados invisibilizados, que ya no refleja la realidad demográfica.

Entre el 28% y el 32% de las médicas presentan sintomatología depresiva compatible con trastorno depresivo mayor, según el estudio MEND

Hoy, alrededor del 60% de los médicos en activo son mujeres. Sin embargo, esta mayoría no se traduce en una presencia equivalente en los espacios de decisión: “según la OMC, solo el 30% de los altos cargos están ocupados por mujeres”, ha matizado la Dra Basart.

Depresión, agresiones y conciliación

Hablar de salud mental en el ámbito sanitario implica mirar más allá de la vulnerabilidad individual. La evidencia muestra que factores como jornadas extensas, guardias de 24 horas, turnos nocturnos, descansos insuficientes y alta carga asistencial influyen de manera decisiva. Los datos europeos refuerzan esta preocupación. El estudio Mental Health of Nurses and Doctors in the EU (MEND), impulsado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) Europa y la Comisión Europea, señala que entre el 28% y el 32% de las médicas presentan sintomatología depresiva compatible con trastorno depresivo mayor, según el país analizado. “Estas cifras multiplican por tres o cuatro las de la población general. La ansiedad también alcanza prevalencias elevadas”, ha matizado el Dr. Cerame.

A esto se suma la organización del trabajo durante la formación. El 80% de residentes realiza jornadas superiores a 48 horas semanales y un 13% no disfruta del descanso obligatorio tras la guardia. Estas condiciones repercuten de manera especial en quienes asumen, además, responsabilidades de cuidado. Asimismo, la llamada ‘doble presencia’: trabajo remunerado y no remunerado, incrementa las horas totales de actividad y reduce el tiempo de recuperación. Según el Dr. Cerame, “la conciliación no solo afecta a la crianza, sino también al cuidado de personas mayores y al propio tiempo personal, un aspecto poco considerado en las planificaciones de plantilla”.

El sistema actual está pensado para el trabajador tipo de los años 80, con roles de género tradicionales y cuidados invisibilizados

La violencia laboral constituye otro factor determinante. En Europa, una de cada tres mujeres sanitarias ha sufrido acoso, amenazas o agresiones verbales. Un 10% declara haber padecido violencia física y/o sexual en el entorno laboral. Además, el 61% de las agresiones registradas contra personal sanitario se producen contra mujeres. La infranotificación, especialmente en casos de violencia sexual, dificulta dimensionar el problema.

En este contexto, uno de cada diez profesionales sanitarios reconoce haber tenido pensamientos recientes de muerte, una ideación pasiva del tipo “preferiría no estar”. “El patrón de suicidio también merece atención: mientras que en la población general los hombres presentan mayores tasas de suicidio consumado, entre médicas el riesgo de fallecer por esta causa duplica al de las mujeres de la población general, invirtiendo el patrón habitual”, ha destacado el Dr. Cerame.

Los expertos han propuesto diferentes medidas, como rediseñar horarios considerando la doble presencia, garantizar apoyo psicológico accesible y confidencial, fomentar una cultura de speak up que permita denunciar conductas inadecuadas desde fases tempranas y limitar el acceso a medios de alta letalidad en entornos sanitarios. Por ello, la medicina del trabajo juega un papel clave en la detección precoz, la adaptación de puestos y los retornos progresivos tras una baja por motivos de salud mental, evitando recaídas y cronificación.

Menopausia y riesgos cardiometabólicos en la práctica clínica

El estudio coordinado por la Dra. Irene Bretón, especialista en Endocrinología y Nutrición del Hospital Universitario Gregorio Marañón y miembro del comité científico de la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan) destaca que, dado el aumento en la esperanza de vida, las mujeres pasan actualmente casi la mitad de su existencia en la etapa de postmenopausia. Este periodo se caracteriza por una caída en los niveles de estrógenos que no solo genera síntomas incapacitantes como sofocos o ansiedad en un alto porcentaje de mujeres, sino que también provoca cambios metabólicos profundos, incluyendo el aumento de grasa visceral y una mayor vulnerabilidad ante enfermedades cardiovasculares.

Cuidar a quien cuida es una necesidad organizativa fundamental

Desde una perspectiva nutricional y física, el informe identifica deficiencias críticas en la ingesta de vitamina D, calcio y proteínas, elementos esenciales para combatir la osteoporosis y la sarcopenia (pérdida de masa muscular). Para mitigar estos riesgos, se recomienda un enfoque proactivo que combine una suplementación supervisada con una rutina estricta de ejercicio: entre 150 y 300 minutos de actividad aeróbica semanal, sumados a entrenamientos de fuerza para preservar la funcionalidad del cuerpo.

Finalmente, el documento subraya la necesidad de un abordaje integral con perspectiva de género que corrija los sesgos actuales en la atención sanitaria. Se hace un énfasis especial en la salud de las médicas, señalando que cuidar a quien cuida es una necesidad organizativa fundamental. La sostenibilidad del sistema sanitario depende de decisiones estructurales que garanticen el bienestar físico y mental de estas profesionales durante todas las etapas de su trayectoria vital.

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