Anuario iSanidadental 2025
Dra. Concepción Mercedes León Martínez, presidenta del Ilustre Colegio Oficial de Dentistas de Santa Cruz de Tenerife (Dentef)
En los últimos años la odontología ha vivido una transformación vertiginosa. Redes sociales, influencers, «sonrisas perfectas» y tratamientos exprés han impulsado una demanda creciente de procedimientos puramente estéticos: blanqueamientos, carillas ultrafinas, exodoncias estratégicas e implantes inmediatos. Sin duda, la estética es una parte legítima, y necesaria, de nuestra práctica.


En los últimos años la odontología ha vivido una transformación vertiginosa. Redes sociales, influencers, «sonrisas perfectas» y tratamientos exprés han impulsado una demanda creciente de procedimientos puramente estéticos: blanqueamientos, carillas ultrafinas, exodoncias estratégicas e implantes inmediatos. Sin duda, la estética es una parte legítima, y necesaria, de nuestra práctica.
Pero en esta carrera por la sonrisa ideal corremos el riesgo de olvidar el núcleo mismo de nuestra profesión: preservar la salud bucodental y conservar, siempre que sea posible, los dientes naturales del paciente.
La odontología conservadora, aquella que aprendimos como el pilar fundamental de la disciplina, parece hoy menos visible frente al brillo de los tratamientos que prometen resultados rápidos y espectaculares. Sin embargo, es precisamente esa odontología «de toda la vida», hecha con criterio clínico, sensibilidad diagnóstica y enfoque preventivo, la que garantiza la función, la salud del periodonto y la estabilidad a largo plazo de la cavidad oral.
La cultura de la inmediatez puede llevar a muchos pacientes a preferir soluciones estéticas rápidas sin valorar las consecuencias biológicas a largo plazo
Los dientes naturales ofrecen una eficiencia funcional natural y única que ningún material restaurador o implante puede igualar. Por ello, antes de optar por la sustitución, deberíamos preguntarnos si realmente hemos agotado todas las posibilidades de preservación, como endodoncias bien planificadas, reconstrucciones, técnicas de mínima intervención, mantenimientos periódicos y un manejo adecuado de las caries como enfermedad crónica y no solo como lesión.
La cultura de la inmediatez puede llevar a muchos pacientes a preferir soluciones estéticas rápidas sin valorar las consecuencias biológicas a largo plazo. Y es ahí donde el papel del profesional es esencial: educar, orientar y poner la salud antes que la estética, incluso cuando la estética forme parte del objetivo final. Nuestra responsabilidad no es solo satisfacer expectativas visuales, sino preservar estructuras, tejidos y función.
La odontología del futuro, que ya es presente, debe integrar lo mejor de ambos mundos: la tecnología, los avances en materiales y técnicas estéticas, pero siempre sobre la base sólida de la odontología conservadora.
No se trata de renunciar a lo moderno, sino de recordar que la estética sin salud es efímera. Reivindiquemos la odontología que conserva, que protege y que piensa en el paciente dentro de veinte años, no solo en la foto del «después». Recordemos que, en la mayoría de los casos, la mejor restauración sigue siendo el diente que logramos salvar.









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