Suicidio y asesinato

La ONPE murió por propia mano. No murió sola, sin embargo. Se llevó consigo la confianza de los ciudadanos, la seguridad del voto y, por tanto, la mínima garantía de la democracia.

En su aspecto más formal, la democracia es el cambio de mando pacífico, conforme a derecho. Es la voluntad de los ciudadanos lo que hace el cambio. En eso confiamos y a eso nos sometemos.

En el caso de las elecciones recientes, la ONPE tiró al basurero los supuestos democráticos. La crisis se reveló el mismo día de las elecciones: el material electoral no llegó a la hora indicada.

La ONPE quiso culpar de ello a la empresa Galaga. Sus representantes han dicho que la versión de la ONPE es falsa. El material no fue entregado a los camiones a la hora necesaria.

A esta empresa hay que investigarla. No contaba con el número de camiones necesario. Convocó a subcontratar una semana antes del evento. Hizo un sospechoso aumento de capital para calificar en la adjudicación.

Más allá de la culpa de la empresa, está la responsabilidad institucional de la ONPE. La ONPE buscó y contrató a esta empresa, que tenía procesos y vicios ya señalados.

Quizá Piero Corvetto, jefe de la ONPE, no tenía noción de esta contratación. Quizá lo engañaron. Tal vez delegó demasiado.

La ONPE es la Oficina Nacional de Procesos Electorales. Cuida los procesos electorales. Lo hace durante todo el año, cada día, cada hora. No hace otra cosa.

Esta entidad ha tenido un presupuesto de más de 900 millones de soles. Ha hecho contratos y órdenes de compra de camiones, laptops, impresoras, grupos de energía, toldos, lapiceros y un largo etcétera.

Ojalá todas esas órdenes de compra sean santas. Aun si fueran santas, no han sido eficientes. Es grosero: impresoras que se quedaban sin tinta, laptops que no funcionaban y material electoral que no llegaba para la instalación de las mesas.

Los votos habrían sido distintos si hubiéramos tenido un solo acto electoral. No se respetó, por tanto, la voluntad ciudadana en las elecciones del 12 de abril de este año.

Este caos fue gestado con anterioridad. Se debe a la corrupción en la ONPE, la ineficiencia en la ONPE, la negligencia en la ONPE, la irresponsabilidad de y en la ONPE.

No sabremos a quién quiso el elector como contendiente de la segunda vuelta. Sabemos, en cambio, quién es el principal responsable de esa emasculación del derecho electoral.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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