Anuario iSanidad 2025
Dra. Begoña Benito, directora del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR) y la Dra. Anna Santamaria, directora de Estrategia Científica del Vall d’Hebron Institut de Recerca (VHIR)
Durante siglos, la investigación científica ha sido entendida como una actividad autónoma impulsada por la curiosidad, el rigor metodológico y la búsqueda de la verdad. Sin embargo, el paradigma contemporáneo de la ciencia está experimentando una profunda transformación.


Hoy, la investigación no puede limitarse a producir conocimiento dentro de los muros de los laboratorios. Está llamada a generar impacto social, a responder a los grandes retos globales —climáticos, sanitarios, tecnológicos, demográficos— y a contribuir activamente a la construcción de un futuro más justo, sostenible e inclusivo.
Esta nueva forma de entender la ciencia exige integrar disciplinas, perspectivas y valores que tradicionalmente quedaban fuera del ámbito de la investigación. La ética, la participación ciudadana, la sostenibilidad o la perspectiva de género no son complementos o requisitos formales, sino dimensiones esenciales que dan sentido y legitimidad al proceso científico. En otras palabras, el conocimiento ya no puede concebirse al margen de la sociedad: debe construirse con la sociedad.


La investigación debe generar impacto social, responder a los grandes retos globales y a contribuir a la construcción de un futuro más justo, sostenible e inclusivo
La ética como brújula del progreso
La ética ha dejado de ser un marco normativo estático para convertirse en una brújula dinámica que orienta la investigación hacia el bien común. En un contexto marcado por la inteligencia artificial, la manipulación genética o el uso masivo de datos personales, las preguntas éticas son ineludibles: ¿para qué investigamos?, ¿a quién beneficia nuestro trabajo?, ¿qué riesgos implica? Estas cuestiones invitan a repensar la responsabilidad del investigador y de las instituciones, recordando que la innovación sin ética puede generar tanto daño como progreso.
La ética, además, actúa como un espacio de diálogo entre ciencia y sociedad. Favorece la transparencia, el debate informado y la confianza pública, tres condiciones indispensables para que la investigación sea no sólo técnicamente excelente, sino también socialmente legítima.
De pacientes a agentes del conocimiento
La ciencia ciudadana y los modelos participativos están transformando la relación entre investigadores y sociedad. La ciudadanía y los pacientes ya no son sujetos pasivos que reciben resultados, sino un agente activo que contribuye a generar conocimiento.
La ciudadanía y los pacientes ya no son sujetos pasivos que reciben resultados, sino un agente activo que contribuye a generar conocimiento
En los proyectos de salud, la incorporación de la experiencia de los propios afectados —pacientes, comunidades locales, colectivos vulnerables— permite formular preguntas más pertinentes y diseñar soluciones más efectivas. Esta apertura democratiza la ciencia y rompe la idea de que el saber está monopolizado por la academia. Al integrar diversas formas de conocimiento —experiencial, técnico, comunitario—, la investigación se vuelve más rica, diversa y contextualizada.
Además, este enfoque fomenta la corresponsabilidad y refuerza la idea de que la ciencia no pertenece a unos pocos, sino que es un bien común.
Sostenibilidad y ciencia regenerativa
La sostenibilidad atraviesa todos los ámbitos del conocimiento. La investigación debe orientarse no sólo a comprender el mundo, sino a repararlo y regenerarlo. La emergencia climática, la pérdida de biodiversidad y las desigualdades socioeconómicas nos recuerdan que el modelo de desarrollo actual es insostenible. Frente a ello, la ciencia puede ser una herramienta poderosa para diseñar sistemas más resilientes, economías circulares y modelos de vida compatibles con los límites planetarios.
La ciencia puede ser una herramienta poderosa para diseñar sistemas más resilientes, economías circulares y modelos de vida compatibles con los límites planetarios
Numerosos estudios han demostrado que los equipos diversos generan mejores soluciones y que ignorar las diferencias de género o de contexto produce sesgos y resultados incompletos. Aplicar la perspectiva de género en la investigación significa revisar preguntas, metodologías y criterios de análisis; significa reconocer que el conocimiento no es neutral y que los cuerpos, experiencias y miradas que quedan fuera del laboratorio también importan. La inclusión no sólo amplía el alcance del saber, sino que lo hace más riguroso, más representativo y más transformador.
Hacia una ciencia para la transformación
Pero la sostenibilidad no se limita al contenido de la investigación: también afecta a cómo investigamos. Implica repensar los métodos, los recursos, las infraestructuras y los impactos de la actividad científica. Una investigación sostenible es aquella que minimiza su huella ambiental, promueve el uso responsable de los datos y los recursos, y apuesta por la cooperación en lugar de la competencia.
Perspectiva de género y diversidad
La perspectiva de género y la diversidad constituyen hoy un eje fundamental de la excelencia científica. Incorporarlas no solo responde a un principio de justicia, sino también a una cuestión de calidad.
La integración de la ética, la participación ciudadana, la sostenibilidad y la perspectiva de género no es una moda ni una imposición burocrática: es el reflejo de un cambio de paradigma. La ciencia del siglo XXI debe ser interdisciplinaria, abierta, responsable y transformadora. Generar conocimiento ya no basta.
La investigación debe contribuir a transformar los sistemas que producen desigualdad, vulnerabilidad o degradación ambiental. Y esa transformación sólo es posible si los procesos científicos se nutren de la diversidad de saberes, valores y experiencias humanas.
En definitiva, la investigación actual no se alimenta únicamente de datos y métodos, sino de relaciones, valores y compromisos; no sólo busca entender el mundo, sino transformarlo.








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