En un reciente artículo en la revista “The Economist”, el científico social y ganador del Premio Nobel Eric Maskin señala al sistema electoral británico como una de las principales causas por la que este país está atrapado en una crisis de liderazgo político hace ya cerca de una década. El sistema de votación británico funcionó bastante bien por largo tiempo mientras el sistema bipartidista fue suficiente para canalizar las necesidades de representación política de la sociedad en su conjunto. Sin embargo, el sistema actual de elección en distritos electorales de un solo miembro con mayoría simple es hoy un impedimento para materializar los cambios que reclaman los votantes. Hay un claro mensaje que se desprende del artículo de Maskin, y es que la estabilidad y efectividad de los sistemas políticos, incluso en países desarrollados con larga tradición democrática, dependen en buena medida de las reglas que utilizamos para elegir representantes.
En un reciente artículo en la revista “The Economist”, el científico social y ganador del Premio Nobel Eric Maskin señala al sistema electoral británico como una de las principales causas por la que este país está atrapado en una crisis de liderazgo político hace ya cerca de una década. El sistema de votación británico funcionó bastante bien por largo tiempo mientras el sistema bipartidista fue suficiente para canalizar las necesidades de representación política de la sociedad en su conjunto. Sin embargo, el sistema actual de elección en distritos electorales de un solo miembro con mayoría simple es hoy un impedimento para materializar los cambios que reclaman los votantes. Hay un claro mensaje que se desprende del artículo de Maskin, y es que la estabilidad y efectividad de los sistemas políticos, incluso en países desarrollados con larga tradición democrática, dependen en buena medida de las reglas que utilizamos para elegir representantes.
Hoy en día, en el Perú la discusión política está entendiblemente centrada en la segunda vuelta electoral. Hay sin embargo un tema de fondo urgente que recibe insuficiente atención en el debate nacional: la crisis política peruana está íntimamente asociada a un mal diseño de su sistema político. La gravedad y profundidad de esta situación ha sido expuesta con abundante claridad en el Informe de la Comisión de Alto Nivel Para la Reforma Política del año 2019 presidida por Fernando Tuesta. El informe hace referencia a aspectos relacionados al ciclo electoral, la configuración de los distritos electorales, el voto preferencial, las leyes de partidos, y la relación entre poder ejecutivo y legislativo, y cómo en conjunto los diseños actuales reproducen y amplifican la inestabilidad del sistema. Mantener estos diseños fallidos nos condena a un círculo vicioso de inestabilidad y deterioro de la política y sus actores, haciendo a su vez cada vez más difícil cualquier intento de cambio.
El informe de la Comisión contiene una advertencia importante que constituye a su vez un factor clave para cualquier posibilidad de cambio liderada por los ciudadanos: las reformas parciales, sin discusión del conjunto, desvirtúan su efectividad y resultarán en más de lo mismo. Esta advertencia se ha cumplido de manera ominosa en los últimos años con la sucesión de modificaciones parciales a las leyes de partidos y electorales que no han hecho más que ampliar la crisis de representación.
Modificar con éxito las bases del sistema político requiere una gran confluencia de voluntades y depende muchas veces de coyunturas históricas. Es precisamente por esto que la propuesta de reforma política contenida en el informe de la Comisión nos brinda una oportunidad generacional. Nos ofrece un instrumento de reclamo alrededor del cual podemos movilizarnos como ciudadanos.
Los ciudadanos podemos y debemos tomar control de la agenda de cambio hacia una mejor democracia.
Exijamos la reforma política integral.
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