Paula López-Villalba (University of Michigan) y Christian Ruzzier (Universidad de San Andrés) son dos académicos que, en marzo del 2026, publicaron un ‘paper’ titulado “Ideology and Corruption” (Ideología y corrupción), en el cual buscan responder si es que los gobiernos de izquierda son más corruptos. Este es un debate antiguo, pero en el que no existe tanta evidencia sólida.
Paula López-Villalba (University of Michigan) y Christian Ruzzier (Universidad de San Andrés) son dos académicos que, en marzo del 2026, publicaron un ‘paper’ titulado “Ideology and Corruption” (Ideología y corrupción), en el cual buscan responder si es que los gobiernos de izquierda son más corruptos. Este es un debate antiguo, pero en el que no existe tanta evidencia sólida.
Utilizando elecciones en distintos países del mundo desde la Segunda Guerra Mundial y aplicando un diseño de discontinuidad de regresión (Regression Discontinuity Design), los autores comparan países donde la izquierda ganó o perdió por márgenes mínimos. Analizaron elecciones ajustadas en más de 100 países desde 1945.
La principal conclusión es que, cuando la izquierda gana por un margen mínimo, la corrupción posterior sube en promedio 13,2% respecto de cuando pierde. Y se trata de una corrupción que afecta todos los niveles de gobierno.
Más interesante aún son las razones detrás de estos mayores índices de corrupción. La corrupción encontrada en los casos analizados no implica un aumento del gasto público, sino que está más relacionada con la intervención estatal. Los autores plantean tres mecanismos que se repiten principalmente: la tendencia a expandir el rol del Estado y la propiedad pública (mayores oportunidades de captura de poder), la calidad burocrática (menor meritocracia y mayor discrecionalidad) y los controles sobre el Ejecutivo (debilitamiento de los frenos institucionales).
Estos escenarios se producen principalmente en países con instituciones más débiles, países no desarrollados, en elecciones posteriores a 1995 y con partidos de izquierda más intervencionistas. En resumen, cuando la izquierda gobierna en países con controles más débiles, su modelo de intervención puede amplificar los espacios para la corrupción. Va más allá de la ideología pura.
El ‘paper’ reconoce sus propias limitaciones al ceñirse a elecciones muy competitivas y asegura que sus conclusiones no pueden generalizarse, pero es un punto de partida para el debate. Además, la pregunta cae de madura: ¿la derecha será menos corrupta o es corrupta de otra manera?
En el contexto electoral en el que nos encontramos en el Perú, este ‘paper’ puede servir para abrir un debate, más allá de las ideologías, sobre las propuestas de intervención estatal y las que implican menor calidad burocrática, sobre todo después de toda la inestabilidad política que hemos vivido estos últimos cinco años, y con unos resultados de la primera vuelta con poco margen de legitimidad.
Gráfico de publicación académica.












Deja una respuesta