El candidato de Juntos por el Perú propone crear una nueva Constitución.
Dice algo cierto: la actual Carta Magna fue perforada y desvirtuada con más de 50 cambios. Sánchez fue parte del Congreso que participó en esa jauría.
Esas reformas, entre otras cosas, establecieron la bicameralidad. En un referéndum en la época del expresidente Vizcarra, el pueblo expresó su voluntad en contra. El Congreso, sin embargo, impuso su poder.
La Constitución ha quedado maltrecha y sometida a multitud de grupos de influencia. A pesar de todo, mantiene la formalidad. Si se quiere cambiar la Constitución, se debe ir por la vía de los mismos mecanismos constitucionales.
Roberto Sánchez quiere hacer volar eso. Hablar de una nueva Constitución y no referirse puntualmente a cada reforma es signo de totalitarismo. La ventaja de la reforma caso por caso es que se puede estudiar, debatir, consultar.
El cambio ‘revolucionario’ de la Constitución implica romper, hacer volar en mil pedazos todo principio de constitucionalidad. Es como si un militar sacara al presidente actual, lo encerrara en la cárcel y se pusiera a gobernar.
Eso no se puede. ¿Quién dice que no se puede? La maldita Constitución. Entonces, botemos esa Constitución. Hagamos una nueva. Una en la que yo pueda hacer lo que me dé la gana.
Es el sueño de todos los dictadores. La Constitución actual es producto de un proceso parecido. Alberto Fujimori cerró el Congreso y liquidó el orden constitucional en 1992.
La Constitución actual fue una especie de solución al estropicio institucional. Sin embargo, con el correr de los años, fue sostenida y ‘ratificada’ durante distintos gobiernos y diferentes estados de la opinión pública.
La Constitución actual ya no es la Constitución del fujimorismo de 1992-1993. ¿Por qué tendríamos que regresar a un nuevo orden constitucional diseñado por un grupo que en el momento tiene el poder o que logra hacer una alianza pequeños intereses consensuados?
“Nueva Constitución” es el eslogan de “nueva dictadura”. Hay que reformar muchas cosas de la actual Carta, pero hay que hacerlo desde dentro de la Constitución. Para eso son los mecanismos de reforma contemplados en cualquier Constitución.
Hacer lo que hizo Pedro Castillo debe ser rechazado. El mensaje de esta propuesta electoral es: “Queremos sustituir la ley por los juegos de poder”, “no queremos ninguna Constitución”.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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