José Balcázar es el vergonzoso epílogo de un lustro nefasto. Aprovecha cada aparición pública, cada micrófono, para descargar una andanada de incoherencias que ya han provocado más de un incidente diplomático.
José Balcázar es el vergonzoso epílogo de un lustro nefasto. Aprovecha cada aparición pública, cada micrófono, para descargar una andanada de incoherencias que ya han provocado más de un incidente diplomático.
Ya sabíamos cómo piensa y qué ideas defendía Balcázar desde antes de que asumiera la presidencia. Aún así, el Congreso decidió elegirlo. Pero ya no se trata de un señor que suelta disparates en una reunión con amigotes o un aspirante a intelectual que esgrime ideas retrógradas bajo la fachada de una supuesta erudición. Ahora personifica a la nación. Aunque no esté a la altura del cargo, es el presidente del Perú. Y su lengua sin filtros pone en constante peligro a nuestras relaciones internacionales.
Tras el comunicado conjunto de las embajadas de Alemania e Israel, en el que exigían que se retracte por sus ofensivas declaraciones antisemitas –en las que culpó al pueblo judío por el inicio de la Segunda Guerra Mundial–, Balcázar no tuvo la decencia de disculparse. El Despacho Presidencial emitió un comunicado en el que lamentaba que las declaraciones de Balcázar hubieran generado “una percepción equívoca”. En otras palabras, la culpa no fue del emisor, sino de los despistados receptores que no entendieron el mensaje.
El 1 de mayo, Día del Trabajo, el mandatario volvió a provocar vergüenza ajena. Un enredado comunicado, con todas las huellas de haber salido de su pluma, fue difundido por las cuentas oficiales de la Presidencia. En él, afirmaba que Chicago es “un estado muy industrializado [es una ciudad en el estado de Illinois]”. Remataba el texto con esta peculiar cita: “¡Feliz Día del Trabajador! [No del Trabajo, como registra el calendario]”.
Los funcionarios de Palacio y los integrantes del Ejecutivo tienen una obligación moral con el país: evitar que Balcázar vuelva a hablar en público. Que lo haga, si quiere, después del 28 de julio. El Perú no debe pasar más vergüenzas.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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