La advertencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) sobre el impacto de una interrupción prolongada en el Estrecho de Ormuz podría tener sobre los mercados de energía y fertilizantes ha encendido las alertas sobre sus posibles efectos en la producción agrícola mundial y los precios de los alimentos.
En entrevista exclusiva con El Comercio, Máximo Torero, economista jefe de la FAO, explicó por qué la organización elevó el nivel de alerta, advirtió que la inflación alimentaria ya comenzó a manifestarse en Asia y sostuvo que el Perú debe prepararse desde ahora para enfrentar un eventual Fenómeno de El Niño, fortalecer sus programas de protección social y diseñar mecanismos de apoyo para los pequeños productores.
La FAO ha advertido sobre el riesgo de una crisis agroalimentaria sistémica vinculada al Estrecho de Ormuz. ¿Qué ha cambiado en las últimas semanas para que la organización eleve el tono de alerta a este nivel?
Todo está basado en el calendario. Nosotros pusimos como luz roja los 90 días y ya estamos en ese punto. Eso quiere decir que todos los calendarios agrícolas del mundo están siendo afectados y que la necesidad de fertilizantes también está siendo impactada. Antes el problema empezó en Asia, después pasó al sur y ahora está llegando al norte. Ya estamos viendo un efecto en tres dimensiones. El primero es la energía. Todo lo relacionado con combustible para producción agrícola, tractores, empaques, transporte y bombas de irrigación ha subido fuertemente en el mundo y también en Latinoamérica. Estamos viendo que el precio del petróleo, de la gasolina y del diésel ha empezado a subir con fuerza en la región.
El segundo componente es el precio de los fertilizantes. Ya no hablamos solo de urea. También hablamos de DAP y fosfatos porque está involucrado el azufre. En esa región los fertilizantes han comenzado a subir entre 25% y 55%. En el caso del diésel, el incremento en Latinoamérica ronda el 25%. Y Latinoamérica es una región intensiva en el uso de energía. Además, la producción de semillas híbridas requiere fertilizantes.
La tercera dimensión es la demanda. Perú no importa fertilizantes ni gas natural desde los países del Golfo, por lo que no tiene que cambiar proveedores. Sin embargo, sí se ve afectado porque los precios van a subir independientemente de dónde compre esos insumos. Eso afecta los costos de producción. Pero también hay otro impacto importante: Perú era un exportador relevante de productos agrícolas hacia los países del Golfo. En el 2025 aproximadamente el 16% de nuestras exportaciones se dirigían a esa región. Ese mercado se perdió de la noche a la mañana y eso afecta a un destino que venía creciendo fuertemente y que pagaba buenos precios.
Eso implica que el productor tiene que tomar decisiones. Si sus insumos suben de precio y los commodities todavía no han aumentado en la misma magnitud, empieza a perder rentabilidad. Entonces produce utilizando menos insumos, reduce productividad y termina afectando la oferta global de alimentos. Por eso estamos diciendo que a fines de este año y durante el próximo año veremos incrementos en los precios de los commodities, especialmente en los cereales, que son los más intensivos en fertilizantes nitrogenados. Eso se va a traducir en inflación alimentaria. Ya estamos viendo que la inflación alimentaria está apareciendo con fuerza en Asia y claramente terminará trasladándose a otras regiones.

La FAO advirtió que el incremento de los precios de fertilizantes como la urea, el DAP y los fosfatos podría elevar los costos de producción agrícola y afectar la oferta mundial de alimentos.
¿Qué tan cerca está hoy el mundo de un nuevo shock global de alimentos?
Hoy existen alimentos y existen stocks. El problema no es hoy. A pesar de que los precios ya están empezando a subir, el problema se dará a fines de este año y durante el próximo. Y si a eso le agregamos un Fenómeno de El Niño que aparentemente podría ser muy fuerte; la situación se vuelve mucho más compleja. Si no tienes fertilizantes suficientes y además no puedes irrigar porque el diésel es demasiado caro, el impacto de un Niño fuerte se exacerba muchísimo más.
¿Qué rol juega China dentro de este equilibrio global de alimentos, energía y cadenas logísticas?
China es un exportador de fertilizantes y ya ha impuesto restricciones a las exportaciones. Pero lo más importante es evitar que China enfrente problemas de abastecimiento de alimentos. Lo último que uno quiere es que China empiece a importar agresivamente alimentos o insumos porque su población es tan grande que eso podría generar una presión enorme sobre los mercados mundiales. La misma preocupación existe con India y Bangladesh. Son países con poblaciones muy grandes que pueden alterar significativamente la demanda global.
En el caso de India y Bangladesh, además, existe un riesgo específico relacionado con el arroz. Bangladesh produce prácticamente lo que consume y un poco más, pero esta situación podría afectarlo. Ahí hay un riesgo potencial para el mercado del arroz durante los próximos meses.
Si China incrementa sus importaciones para proteger su mercado interno, ¿qué commodities serían los más afectados?
Los cereales.
¿Cuánto del impacto responde a riesgos reales de abastecimiento y cuánto a volatilidad o especulación en los mercados internacionales?
Esto no es especulación. Estamos hablando de que hemos perdido alrededor de 35% del petróleo que salía al mundo, alrededor de 20% del gas natural, entre 20% y 30% de los fertilizantes y aproximadamente 50% del azufre que se utiliza para producir fosfatos. Estamos frente a un shock de oferta muy fuerte y eso es lo que está generando el incremento de precios.
Por eso las respuestas de los gobiernos tienen que ser muy cuidadosas. Esto no es un shock de demanda. Cuando tienes un shock de oferta, lo que buscas es que quienes pueden pagar consuman menos y que los recursos públicos se utilicen para ayudar a los más vulnerables. Si utilizas recursos para fijar el precio de los combustibles para todo el mundo, la medida termina siendo regresiva porque beneficia más a quienes tienen mayores ingresos y además genera una presión fiscal innecesaria.
¿Estamos frente a una situación más compleja que la observada tras el inicio de la guerra en Ucrania en 2022?
Sí, bastante más compleja. En el 2022 los precios de los alimentos ya estaban altos debido a la recuperación posterior al COVID-19. Cuando los precios son altos es más fácil absorber incrementos de costos. Hoy los precios son bajos y eso genera pérdidas.
Además, el problema de la guerra en Ucrania fue principalmente el bloqueo del Mar Negro, por donde salían trigo y aceite de girasol. En ese caso otros países podían aumentar producción y cubrir parte del déficit. Eso fue lo que ocurrió. También ayudó el hecho de que cuando comenzó la guerra ya había salido una cosecha importante de Ucrania.
Ahora estamos frente a un shock de oferta de productos derivados de hidrocarburos y eso no se puede solucionar rápidamente. No estamos hablando de meses, sino de años. Algunos países han incrementado exportaciones y se han reducido sanciones en Venezuela o Bielorrusia, pero eso no alcanza para compensar la pérdida de un cuarto o un tercio de los insumos que requiere la producción agrícola mundial. La diferencia es que ahora estamos frente a un shock de oferta de energía y fertilizantes que no puede corregirse en meses, sino en años.
Si la inflación alimentaria ya está empezando a manifestarse en Asia, ¿cuánto tiempo podría tomar que el efecto llegue a América Latina y al Perú?
Los precios de la energía ya subieron en América Latina. Y si no han subido en algún país, probablemente es porque los están subsidiando. Hay que recordar que cuando uno compra pan o pasta, solo una parte corresponde al trigo. Aproximadamente 15% del costo es trigo y el resto es energía y mano de obra. Entonces, si la energía sube, los alimentos también van a subir.
Además, los commodities agrícolas ya comenzaron a aumentar. El maíz está aproximadamente 9% más caro, el trigo alrededor de 8% y el arroz entre 2% y 9%. El combustible, como mencioné antes, ya está alrededor de 25% más caro en América Latina.
Todo eso va a empezar a trasladarse gradualmente a los consumidores. A medida que avancemos hacia octubre, noviembre y diciembre veremos mayores presiones sobre los precios de los alimentos. Eso derivará en inflación alimentaria y definitivamente el 2027 será más complejo.
Ahora, si el estrecho se abriera mañana, los precios igual subirían, pero la intensidad del problema sería menor, sobre todo porque los precios de la energía podrían ajustarse relativamente rápido. Los fertilizantes no, porque dependen de los siguientes ciclos agrícolas. En ese escenario los precios de los commodities seguirían aumentando, pero probablemente no terminaríamos en una crisis.
Sin embargo, si seguimos como estamos hoy, nos estamos encaminando hacia una crisis para fines de este año y el próximo año, y esa situación puede agravarse muchísimo más por un Fenómeno de El Niño intenso.

Según la FAO, los cereales serían los primeros productos en reflejar el impacto del aumento de los costos de energía y fertilizantes en los mercados internacionales.
Tras el golpe que significó la crisis de fertilizantes anterior, ¿cuál es hoy el principal punto débil del Perú frente a esta nueva alerta?
Lo que tiene que hacer el Perú, y lo están haciendo otros países del mundo como Europa o Brasil, es desarrollar una estrategia de mediano y largo plazo para diversificar los insumos que reemplacen a los fertilizantes químicos.
No estamos hablando de pasar a una agricultura orgánica. Estamos hablando de amoníaco verde, biofertilizantes y alternativas que complementen o sustituyan parcialmente los fertilizantes tradicionales. Eso toma tiempo para ser competitivo, pero hay que empezar.
El Perú tiene recursos de hidrocarburos y tiene gas natural. Por eso no debería enfrentar un problema estructural en ese sentido. Más bien debería poder beneficiarse de los precios altos de estos insumos. Pero para lograrlo hay que planificar.
Además, creo que es central que el Perú empiece a migrar hacia sistemas de irrigación basados en energía solar o eléctrica y no en diésel. Ahí hay que invertir mucho porque no solo es una medida sostenible, sino que además ayuda a reducir la vulnerabilidad frente a shocks como el que estamos viendo ahora.
Y el Perú tiene otra ventaja importante: cuenta con programas de protección social relativamente sólidos. Lo que hay que hacer es mejorar los registros, hacerlos más dinámicos y electrónicos para que permitan identificar rápidamente a quienes realmente se verán afectados por este tipo de crisis. En este caso, los más afectados serán los habitantes de zonas rurales vinculados a la agricultura y no necesariamente los mismos grupos que fueron golpeados durante el COVID-19.
Además, el Perú debería empezar desde ahora a prepararse para El Niño. No podemos esperar al último momento. Deberíamos estar limpiando ríos y ejecutando todas las medidas de prevención que normalmente hacemos tarde. Nos va a afectar de todas maneras, pero si estamos mejor preparados seremos más resilientes.
Si el Perú cuenta con gas natural y podría beneficiarse de los altos precios de estos insumos, ¿por qué no hemos desarrollado una industria local de fertilizantes que reduzca nuestra dependencia externa?
Podríamos empezar a desarrollarla, pero primero habría que analizar cuánto del gas natural está destinado al consumo de los hogares, que también genera beneficios importantes para los consumidores peruanos. Y además habría que evaluar qué insumos tenemos capacidad de procesar localmente.
Perú importa mucho y refina relativamente poco. Por eso debemos analizar cómo mejorar esa situación y generar beneficios adicionales para la agricultura utilizando los recursos que ya tenemos.
Si tuviera que escoger una sola decisión que el Perú debió tomar después de la crisis de fertilizantes del 2022 y que todavía está pendiente, ¿cuál sería?
Empezar a prepararse para El Niño.

Torero sostuvo que el Perú debería acelerar la transición hacia sistemas de irrigación eléctricos o solares para reducir su dependencia del diésel y fortalecer la resiliencia del sector agrícola.
¿Qué riesgos sociales y económicos podría generar una nueva ola de inflación alimentaria en países como el Perú?
La inflación alimentaria tiene impactos políticos, impactos macroeconómicos muy importantes y también impactos nutricionales.
La única forma de bajar la inflación es subiendo las tasas de interés. Perú tiene un excelente Banco Central de Reserva, con instrumentos muy claramente definidos y políticas fiscales muy claras. Pero al mismo tiempo la inflación alimentaria genera problemas nutricionales.
Por eso son tan importantes los programas de protección social bien focalizados. Lo que uno no quiere es tener programas que entreguen recursos a personas que no los necesitan. La focalización tiene que estar orientada a las personas que realmente están siendo afectadas.
Y eso implica contar con registros actualizados para el problema que estamos tratando de resolver.
Además, va a haber personas que caerán en vulnerabilidad como ocurrió durante el COVID-19. Mucha gente vinculada a la informalidad urbana perdió su capital de trabajo y terminó cayendo en pobreza. Por eso la pobreza aumentó tanto. Y todavía vemos que la pobreza urbana sigue siendo más difícil de controlar que la rural.
Ese problema que tuvimos durante el COVID-19, cuando terminamos entregando recursos a personas distintas de las que realmente estaban siendo afectadas, es algo que debemos evitar ahora.
Tenemos que identificar correctamente quiénes serán los afectados. Y en esta ocasión quienes más se verán afectados son los pequeños productores agrícolas de las zonas rurales. No es el mismo grupo que durante el COVID-19.
¿Qué le preocupa más hoy a la FAO?
Lo que vemos hoy es que la producción mundial va a disminuir, los precios de los commodities van a subir y eso va a generar inflación alimentaria. La inflación alimentaria va a terminar trasladándose a la inflación general y, cuando eso ocurre, suben las tasas de interés y aumentan los costos de producción.
Ahora bien, si además de todo eso tienes menos fertilizantes, mayores costos de energía y enfrentas sequías o inundaciones por un Niño fuerte, el impacto puede ser mucho mayor.
Todavía no sabemos con certeza qué tan intenso será el fenómeno, pero las agencias climatológicas están señalando una probabilidad muy alta de que sea históricamente fuerte.
Ante esta alerta, ¿qué medidas urgentes debería tomar hoy el Gobierno peruano?
Cuando estamos frente a un shock de oferta, como ocurre ahora, y el principal problema en el caso peruano es el precio de los combustibles, lo peor que puede hacer un gobierno es fijar los precios o subsidiar los combustibles.
Lo que tiene que hacer es permitir que la demanda se reduzca y utilizar esos recursos para ayudar a los más vulnerables.
Si empezamos a subsidiar combustibles, la medida termina siendo regresiva. La mayor parte del beneficio va hacia quienes tienen mayores ingresos y además los recursos fiscales desaparecen muy rápidamente. Eso generaría una presión fiscal innecesaria y podría terminar rompiendo las reglas fiscales.
Por eso esos recursos deben dirigirse a quienes realmente están siendo afectados.
Desde la perspectiva técnica de la FAO, ¿los subsidios generales y las exoneraciones tributarias realmente ayudan o pueden terminar agravando el problema?
Hay que mirar lo que está ocurriendo en Asia. Muchos países están restringiendo el uso de vehículos, promoviendo el trabajo remoto o reduciendo desplazamientos. Hay una respuesta orientada a reducir la demanda porque estamos frente a un shock de oferta.
Lo que no se debería hacer es subsidiar de manera generalizada el consumo de combustibles, porque eso termina siendo regresivo y genera presiones fiscales importantes.
Ahora, cuando el aumento de costos empieza a trasladarse a los alimentos, sí pueden evaluarse medidas temporales para reducir algunos tributos aplicados a productos básicos. Pero tienen que ser temporales.
La situación que estamos discutiendo podría durar alrededor de un año y medio. Lo que hay que hacer es encontrar formas de ayudar a los más vulnerables, reducir pérdidas y desperdicios de alimentos y empezar a ajustar la demanda a esta nueva realidad de oferta más restringida.
Si esta situación efectivamente se prolonga por un año y medio, ¿qué herramientas tendría hoy el Perú para proteger a los más vulnerables sin comprometer su estabilidad fiscal?
Yo creo que para programas sociales Perú tiene toda la capacidad fiscal para poder apoyar, pero tienen que ser programas bien focalizados.
Lo que uno no quiere es utilizar recursos fiscales restringidos y entregar dinero a personas que no lo necesitan.
Por eso hay que prepararse desde ahora, actualizar los registros y tener identificadas a las personas que requerirán apoyo para que, cuando el problema se materialice, los recursos lleguen a quienes realmente los necesitan.
Si no, básicamente se termina entregando dinero a personas que no requieren esa ayuda.
¿Qué grupos serían los primeros en necesitar ese apoyo?
En este momento, los más afectados serían los pequeños productores agrícolas de las zonas rurales.
¿Qué medidas deberían tomarse para ayudar a esos productores?
En el caso de la producción agrícola, creo que es importante implementar líneas de crédito para los agricultores formales, similares a las que se utilizaron durante el COVID-19, pero muy bien focalizadas.
Y para los agricultores informales, hay que buscar mecanismos de apoyo a través de cooperativas, asociaciones o utilizar esta coyuntura como una oportunidad para impulsar su formalización.
Estamos hablando de líneas de crédito de 24 a 36 meses, con períodos de gracia de seis meses y tasas de interés que permitan que el productor pueda sobrevivir este año y medio, que será bastante complicado.
No queremos que el sistema de agrodealers (empresas distribuidoras de insumos agrícolas), el sistema de empaques ni toda la agroindustria se vea afectada. Lo que queremos es que productores y agroindustriales puedan atravesar este período difícil.

La FAO recomendó que el Perú aproveche el tiempo disponible para prepararse ante un eventual fenómeno de El Niño mediante inversiones en infraestructura y medidas de prevención.
¿Estamos hablando de un programa similar a Reactiva Perú, pero orientado específicamente a pequeños agricultores?
El problema es que gran parte de los agricultores son informales. Existe un grupo formal, especialmente en la costa, que sí podría acceder a un programa de este tipo. Pero no estamos hablando de un regalo.
Estamos hablando de un préstamo en condiciones más favorables y con plazos que permitan enfrentar los problemas de rentabilidad que podrían aparecer en los próximos meses.
Si este escenario se materializa, ¿qué alimentos serían los primeros en registrar alzas importantes?
Los cereales. Además, los productos de mayor valor agregado también se verán afectados por el incremento de los costos de energía.
¿Qué cambios importantes podría verse obligado a hacer un hogar peruano de menores ingresos si la inflación alimentaria se acelera?
Tiene dos opciones: consume menos o consume alimentos de menor calidad. Existe una tercera posibilidad, que es reducir el desperdicio.
El mayor desperdicio en nuestro país se da en el consumidor final, no se da en los restaurantes.
Además, en términos de uso de energía, las personas también tendrán que buscar formas de reducir el consumo de combustibles como el petróleo y el diésel.
Con esta advertencia sobre la mesa, ¿qué mensaje le daría al agricultor peruano que hoy está planificando su campaña y teme un nuevo golpe internacional?
Los agricultores tienen que trabajar fuertemente en aumentar la eficiencia en el uso de micronutrientes y fertilizantes.
Tienen que utilizar lo más posible los mapas de suelo para aplicar fertilizantes de manera más eficiente.
El fertilizante cubre la diferencia entre lo que la planta necesita y lo que el suelo tiene. Por eso es fundamental conocer las características del suelo y los requerimientos del cultivo.
Tenemos que buscar la máxima eficiencia posible.
¿Qué otras medidas pueden tomar desde ahora?
Quienes tienen sistemas de irrigación deberían empezar a evaluar cómo migrar hacia alternativas que no dependan del diésel.
Ahí podría existir apoyo específico para los pequeños productores que necesiten realizar ese tipo de inversiones.
También mencionó cambios en la composición de algunos cultivos. ¿A qué se refiere?
Por ejemplo, los productores que siembran maíz pueden empezar a incorporar leguminosas.
Las leguminosas utilizan menos nitrógeno y además ayudan a mejorar la eficiencia en el uso del nitrógeno por parte del maíz.
Por eso, productores que hoy tienen parcelas dedicadas exclusivamente al maíz podrían empezar a combinar esos cultivos con leguminosas. Eso les permitiría utilizar menos urea y mejorar la eficiencia de producción.












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