Luz al otro lado del túnel, por Juan Paredes Castro

La reapertura de la mesa redonda de diálogo y discusión de El Comercio bajo la cúpula de su histórico edificio en el Centro de Lima representa una pequeña luz al otro lado del túnel, en momentos en que el Perú se asoma, una vez más, al abismo político letal que tanto conoce.

La prensa suele ganarse muchas veces la impopularidad de advertir cada entrada fatídica a la oscuridad, así como la satisfacción de contribuir a salir de ella, no importa si tiene que hacerlo a campo traviesa de confrontaciones ideológicas y políticas radicales como las que hoy asfixian la búsqueda de diálogos, acuerdos y consensos.

La prensa es consciente de que su papel en el torbellino de formación de opinión pública, en tiempos de explosión del Internet, es absolutamente solitario, como lo fue en medio de las convulsiones sociales y religiosas que siguieron a la invención de la imprenta, hace más de quinientos años.

De ahí que sea una buena noticia la vuelta de la mesa redonda de El Comercio como el mejor espacio plural de choque de ideas y opiniones que ha podido ofrecer este Diario en muchos momentos cruciales de la vida del país. Puedo atestiguar que no ha habido figuras políticas, presidenciales, parlamentarias y jurídicas, de todos los credos y tendencias, que no hayan pasado, en sus respectivas coyunturas, por ese espacio constructivo. Fue más de una vez la antesala propiciadora de importantes consensos, como la Mesa de Diálogo de la OEA, que avaló y legitimó la transición del régimen de Alberto Fujimori al de Valentín Paniagua en el año 2000.

Este punto de encuentro resurge ante el peor abismo político que hayamos visto en mucho tiempo. Ya no se trata de la sucesión de históricos partidos finalmente colapsados, ni del ciclo de cruzadas anticorrupción de presidentes que acabaron en la cárcel, ni de las transiciones autodestructivas que nos llevan a completar diez mandatarios en diez años ni del recurrente discurso de odio que frecuentemente entierra toda sana visión de país. Ahora se trata del abismo político que convierte al ciudadano votante en un convidado de piedra de una elección presidencial y parlamentaria arrojada a las patas de los caballos.

Ni el caudillismo, ni la fragmentación política, ni la polarización radical ni la presidencia ficticia —como yo la llamo— van a abandonar la triste suerte del escenario político sin los diálogos, acuerdos y consensos que comprometan la voluntad y el compromiso responsable de la clase política, todavía atrapada en la “fiesta caníbal” de cada elección.

Creo sinceramente que “Desde la cúpula”, nombre de la mesa redonda de El Comercio, quiere ser eso: una tribuna abierta y plural, una salida a pulso de la oscuridad, un desafío noble hacia la luz, una alternativa racional y civilizada a la autodestrucción política.

Se necesitan otros muchos espacios de diálogo en la misma dirección, aun cuando sean muy hondas las brechas de la sobreinformación y la desinformación, que interponen una cortina de niebla en la misión de la prensa: hacer claro el conocimiento y el entendimiento de la realidad.

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