El purgatorio

Estos días, los peruanos vivimos en una especie de limbo, esperando saber quién disputará la segunda vuelta con Keiko Fujimori. La incertidumbre extrema, la ansiedad y un enojo pronunciado hacia los organismos electorales y sus dirigentes son lo que caracteriza el purgatorio por el cual estamos atravesando. ¿Nos espera el infierno o nos espera el cielo?

Esta caída en la madriguera del conejo, donde la lógica parece no aplicar –donde discutimos sobre fórmulas predictivas matemáticas en relación con patrones de asistencia electoral e interpretaciones constitucionales sobre el derecho al sufragio– quizá nos está distrayendo de una de las preguntas más relevantes que deberíamos hacernos en este momento: ¿cuál será la consecuencia política de tener la segunda vuelta más breve de los últimos tiempos? Es decir, ¿cómo afecta el acortamiento de la segunda vuelta a las candidaturas y sus posibilidades de llegar al asiento presidencial?

Analicemos la situación desde la perspectiva de la protagonista relativamente silenciosa: Keiko Fujimori. La lideresa de Fuerza Popular arranca fortalecida. El acortamiento de la segunda vuelta reducirá el tiempo durante el cual puede recibir ataques de su rival inmediato. De enfrentarse a una segunda vuelta con Sánchez, las fuerzas opositoras tendrían menos tiempo para suavizar su imagen, endosarlo y hacer campaña a su favor. De enfrentarse a López Aliaga, este tendría menos margen para buscar votos fuera de Lima.

Si observamos el mapa electoral actual, Renovación Popular ha concentrado su fuerza en la capital, mientras que el fujimorismo ha logrado posicionarse en otras regiones del país, especialmente en el norte y algunas zonas del centro. En ese contexto, la estrategia del fujimorismo de extender un ramo de olivo a López Aliaga y de posicionar a la izquierda como el adversario principal puede mantenerse durante este período de limbo electoral. Sin un cambio de estrategia, no enfrenta riesgos mayores.

Ahora bien, este inicio tardío de la campaña podría otorgar al fujimorismo una ventaja discursiva: la posibilidad de fijar temas claves en la conversación pública y marcar el tono de la campaña, en lo que se conoce como el efecto de primacía. Sin embargo, el candidato que entra más tarde a la contienda puede introducir temas que resuenen con mayor fuerza entre los votantes menos informados o desconectados, quienes suelen prestar más atención en la recta final; esto es lo que en psicología se denomina efecto de actualidad (‘recency effect’).

En mi diagnóstico, Keiko Fujimori puede partir con una ventaja significativa entre los votantes politizados de derecha, pero le resultará más difícil conquistar al votante indeciso y menos politizado. No olvidemos que ya hemos enfrentado escenarios como los del 2016 y el 2021, donde la segunda vuelta se definió por menos de 50 mil votos. El reto de Keiko es superar ese margen si busca alcanzar la presidencia con holgura.

Utilicemos esta etapa de purgatorio con sabiduría: reflexionando sobre nuestros errores –o sobre lo que dejamos de hacer en los últimos diez años– para salir de este limbo y volver a creer que un cambio productivo en la política es posible.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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