Una clase política a la altura de las circunstancias, por José Carlos Requena | OPINION

Hace poco más de cien días, cuando el presidente José Jerí iniciaba su hoy tambaleante mandato, anticipamos que este no sería muy diferente al de Boluarte. “Al final de cuentas, su sostén parlamentario sigue siendo el mismo y los enormes pasivos que carga el jefe del Estado encargado son similares a los de su predecesora” (El Comercio, 16/10/2025).

No obstante, su acelerada popularidad hacía posible imaginar un destino diferente al de su atribulado presente. Hoy, Jerí debe dedicar sus esfuerzos a despejar las dudas que su reciente comportamiento ha dejado. De hecho, en la Comisión de Fiscalización, habló de un complot, sin resultar convincente.

Al cierre de esta columna, lo más probable es que el presidente se mantenga en el cargo, pues la renuncia que le han solicitado ha encontrado oídos sordos. Además, las mociones presentadas en el Parlamento no parecen tener futuro si se considera la lentitud con que se juntaron las firmas.

Ante este escenario, una salida estabilizadora sería que Jerí entregue todo el poder al premier, sea este un revitalizado Ernesto Álvarez o alguien a quien se convoque para sortear esta difícil coyuntura. La primera posibilidad exigiría de Álvarez mayor involucramiento, que bien podría comenzar con la tarea de memorizar el nombre de los integrantes de su gabinete.

En cambio, si se opta por un nuevo presidente del Consejo de Ministros, la coyuntura será similar a la de la toma de mando, cuando a Jerí le tomó varios días encontrar un premier. Para colmo, el Jerí de hoy es uno severamente golpeado en su credibilidad con una mermada capacidad de convocatoria.

Por último, la posibilidad de remover a Jerí es menos probable, pues no hay un plan de sucesión. En efecto, los principales grupos parlamentarios tienen algo que perder ante la eventualidad de hacerse del Ejecutivo. Y tampoco se ha visto un afán de desprendimiento muy encendido.

Más bien, ha saltado la alarma ante la posibilidad de que el Ejecutivo sea tomado por grupos distintos al del actual liderazgo congresal. Pero, a diferencia de noviembre de 2020, cuando se definió la sucesión de Manuel Merino, el Congreso de hoy no está arrinconado por la protesta ni forzado por la opinión pública a elegir al sucesor de entre un grupo minoritario. En cambio, juega a su favor el miedo de que se cierna el caos ante la eventual remoción de Jerí y que se encuentre en pleno proceso electoral, a menos de tres meses del día de los comicios.

Sin embargo, el sentido de la existencia de cualquier clase política responsable es encontrar salidas a contextos complejos, como el actual. Ahora, solo falta encontrar políticos a la altura de las circunstancias.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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