Sostenibilidad de la sanidad pública y la medicina estética

Anuario iSanidad 2025
Dr. Juan Antonio López-Pitalúa, presidente de la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME)
La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la salud como un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades. En su Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-11), la OMS incluye muchos de los procesos que habitualmente tratamos en medicina estética, como obesidad y sobrepeso, cicatrices, hiperhidrosis, asimetrías, procesos vasculares y un largo etcétera que afectan a las relaciones personales y sociales.

Por lo tanto, no hemos de confundir la medicina estética con poner labios de pato o pómulos —que hunden las órbitas y contribuyen a mimetizar patrones faciales, en vez de realzarlos—, ya que también analizamos el estado de ánimo y de salud del paciente, aunque esto se divulga menos.

Los médicos estéticos siempre realizamos una encuesta de salud o los análisis necesarios, empleamos métodos diagnósticos como la ecografía o la dermatoscopia y realizamos exámenes de las características de la piel, con sus recomendaciones higiénico-sanitarias. Tras esta historia clínica, establecemos un plan de tratamiento y explicamos al paciente los posibles efectos adversos, para que se implique en el proceso y conozca su desarrollo.

No hemos de confundir la medicina estética con poner l»abios de pato» o pómulos, también analizamos el estado de ánimo y de salud del paciente, aunque esto se divulga menos

Todo esto para llevarnos a entender que son tratamientos que realizamos en más del 40% de la población y que el 15% de nuestras primeras visitas son tras efectos adversos provocados por no médicos.

Las autoridades sanitarias de Colombia han tenido que decretar la asunción de los costes de los tratamientos para solucionar estos efectos adversos —cicatrices, necrosis de tejidos, incluso ceguera—, que pueden suponer ingresos hospitalarios y deberían identificarse lo antes posible para abordarlos con la menor incidencia de secuelas o patologías secundarias.

En muchos casos identificamos patologías precozmente, con el consiguiente ahorro de sufrimiento para el paciente y de gasto para la sanidad pública. Esto nos permite elevar el estado de salud de nuestros pacientes y, por tanto, de la población, así como reducir el gasto al contribuyente. Lo que se puede considerar una medicina preventiva.

En muchos casos identificamos patologías precozmente, con el consiguiente ahorro de sufrimiento para el paciente y de gasto para la sanidad pública

¿Estos desaguisados sólo ocurren en países de Sudamérica? No. Alrededor del año 2010, en Dinamarca tomó auge una técnica de autoinyección de parafina que ha llegado a causar la muerte de personas por alteración en su metabolización del calcio. Sin contar con las deformaciones como mal menor que la sanidad pública ha asumido para su resolución desde el punto de vista médico, no tanto estético.

Y en España, ¿en qué momento estamos? Desgraciadamente, estamos en una pendiente ascendente que se ve favorecida por entes formativos universitarios y no universitarios que organizan pseudomásteres para no médicos, sean de otras profesiones sanitarias o no, que confunden a sus alumnos ofreciéndoles una titulación que no confiere habilitación.

Desgraciadamente, estamos en una pendiente ascendente que se ve favorecida por entes formativos universitarios y no universitarios

La habilitación en España la otorga la carrera de Medicina, no un estudio adicional ni de postgrado, y de forma interesada se hace confundir la ausencia de prohibición con la habilitación idónea. Esto debe atajarlo el Ministerio correspondiente: si los gobernantes no legislan, la población se enfrenta y son los tribunales quienes legislan a base de sentencias; con una gran falta de conocimiento, pues a ellos no les corresponde.

¿Existe la voluntad de estandarización de procedimientos, de homogeneidad formativa y de requerimientos específicos por parte de la Administración? ¿O se limitarán a un mero control de los centros correctamente registrados, que no generan más del 9 % de los efectos adversos constatados?

Elevar el estándar de calidad asistencial por los mecanismos de inspección de las comunidades autónomas mediante inspecciones es perfectamente correcto, pero sabiendo que el 90 % de todos esos estropicios —a veces, con gran repercusión para la salud— los ejecuta personal no médico en centros no autorizados.

Su eficacia de cara a los pacientes iría en el sentido de conjugar el control de los centros autorizados junto a la lucha contra los centros irregulares, solos o en colaboración con otras entidades de la propia Administración.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *