La presidente Keiko Fujimori completó el pasado martes su primera semana. El plazo invita a ensayar un temprano análisis de su aún breve mandato. Es verdad que con la premura se corre el riesgo de ser impreciso, pero tal diligencia posibilita, a su vez, generar alertas que permitan hacer las correcciones necesarias. Si el objetivo es superar la crisis de gobernabilidad e inestabilidad de la última década, este ejercicio queda justificado.
Entre los aspectos positivos, resalta una mandataria que procura proyectar una imagen de sensibilidad y ubicuidad. Solo en estos siete días, se ha dirigido a tres puntos del territorio nacional: Chongos Bajo, en Junín; el VRAEM; y Piura. El motivo: supervisar la acción estatal para atender a la población en necesidad.
Esta voluntad viene acompañada de una interacción constante en sus redes sociales personales, como si se aspirara a mantener la continuidad de lo que fue la campaña electoral que la llevó a la presidencia. Una “campaña permanente”, para usar los términos del marketing político.
Estos activos comunicacionales colisionan con lo que, por ahora, parece confirmarse como el principal pasivo de la reciente administración: la gestión política. La conformación del gabinete, por ejemplo, muestra ciertos flancos que han generado ruido en los primeros días. Martín Tanaka describe al Consejo de Ministros como “desconcertante”, ya que tanto en lo político como en lo técnico “había habido mejores opciones” (El Comercio, 04/8/2026).
Debe agregarse a ello la demora en aspectos que resultan cruciales para el manejo cotidiano del Ejecutivo. Por nombrar solo dos, podemos resaltar la lenta designación de viceministros y la gestión del pedido de facultades legislativas.
En cuanto a lo primero, la mayoría de las carteras aún no completa la nómina de cabezas de los viceministerios. Una evaluación más lenta podría ser indicador de un excesivo celo en los nombramientos. Pero esta, bien pudo adelantarse durante el proceso de transferencia, sobre todo considerando que, como recuerda Tanaka, “en el contexto de la segunda vuelta electoral, la candidata Fujimori se ufanó de contar con un ‘gran equipo’”.
Lo segundo, por su parte, parece haber tenido una exposición que ha contaminado el proceso regular. Esto podría explicar la demora en el debate al interior del Consejo de Ministros (pendiente al cierre de esta columna) y en la posterior comunicación oficial. Una vez presentado el proyecto, no debe perderse de vista un escenario extremo: que el pedido no levante vuelo en la Cámara de Diputados, ni siquiera en una versión acotada.
El inicio del segundo fujimorismo, pues, no parece lo rutilante que tanto simpatizantes como detractores esperaban. Por ahora, más bien, se percibe una gestión tambaleante, como un niño que se aprestara a dar sus primeros pasos. Esperemos que no pase mucho tiempo antes de que estos se fortalezcan.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.











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