Continuemos analizando los primeros movimientos del nuevo gobierno, después del discurso de la presidenta ante el Congreso y ahora que conocemos al Consejo de Ministros.
Desde mi modesta opinión, no conviene analizar en demasía el discurso de la presidenta del 28 de julio, en tanto no da tantas luces del rumbo futuro del gobierno. El discurso inaugural es una mezcla de ideas y ofertas de la campaña electoral, aportes de colaboradores cercanos a la presidenta y de algunos pocos ministros cuya designación estaba asegurada con anterioridad, pero, en la medida en que no pudo ser, por razones de tiempo, resultado de aportes de los responsables de las carteras, resultan apenas orientaciones generales antes que propuestas concretas. Ni todo lo anunciado se podrá materializar, y seguramente algunas de las iniciativas clave del gobierno todavía no han sido enunciadas. Mucho más relevante es analizar la conformación del Consejo de Ministros, las personas que se harán responsables de las decisiones del gobierno.
Como muchos analistas han comentado ya, la conformación del Consejo de Ministros ha sido desconcertante. En el debate de equipos técnicos, en el contexto de la segunda vuelta electoral, la candidata Fujimori se ufanó de contar con un “gran equipo”, y mostró capacidad para convocar personajes más allá de su partido, de diferentes trayectorias, con un perfil que destacaba por su especialización en diferentes áreas de gobierno. Personajes como Luis Carranza, Carlos Neuhaus o José Recoba participaron en esa ocasión, lo que hacía pensar que en un eventual gobierno el Consejo de Ministros tendría un perfil tecnocrático. Contar con expertos en áreas clave parecía crucial dado el diagnóstico de la propia Fujimori, que llamaba la atención sobre la importancia de contar con sentido de urgencia, sobre la necesidad de atender situaciones de emergencia. Este carácter pareció confirmarse con la designación de Elmer Cuba como ministro de Economía y Finanzas. El manejo político, también fundamental, quedaría a cargo de Luis Galarreta como presidente del Consejo de Ministros.
Sin embargo, la conformación del Consejo de Ministros deja la sensación de que se privilegió contar con personajes cuyo valor está en su peso político, antes que en su conocimiento técnico, o con personajes de confianza o cercanía con la presidenta o con el presidente del Consejo de Ministros. Pero aun si aceptamos esa premisa, la mayoría de ministros no cuenta tampoco con gran peso político propio, o cercanía con sectores estratégicos; al mismo tiempo, aquellos que podrían justificar su nombramiento por la cercanía con la presidenta, tampoco pertenecen a su círculo más cercano, y su relación con la misma es relativamente reciente. De otro lado, en términos de orientaciones, si bien varios ministros parecen exhibir un carácter más pragmático, necesario en las circunstancias actuales, algunos parecen representar sectores más conservadores y otros más liberales, cuya convivencia no será sencillo de manejar.
En suma, el Consejo de Ministros resulta desconcertante porque, aparentemente, había habido mejores opciones tanto si se hubiera seguido el camino de un consejo más técnico, o más político, o con mayor cercanía a la presidenta.
Todo esto hace que hasta ahora no podamos tener claridad respecto a cuál será el rumbo del gobierno. Sabremos de las intenciones del Ejecutivo recién con la presentación del Consejo de Ministros ante la Cámara de Diputados y con el contenido de la propuesta del Ejecutivo de delegación de facultades legislativas.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.











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