Nuestra obligación moral con las futuras generaciones,por Obla Paliza Gonzales

Soy bióloga marina peruana y pronto cumpliré 95 años. Estudié simultáneamente Biología y Educación en la UNMSM, impulsada por mi pasión por investigar y enseñar sobre la extraordinaria diversidad de la flora y fauna marina de nuestro litoral.

He dedicado gran parte de mi vida al estudio de los cetáceos y a la investigación marina, trabajando en Gran Bretaña y México. Hoy continúo activa desde San Andrés, Pisco, en la zona de amortiguamiento ambiental de la maravillosa Reserva Nacional de Paracas.

Durante más de 40 años viviendo en esta zona, he sido testigo de profundas transformaciones: desde la industria ballenera en los años 50, el auge de las conchas de abanico en los 80 y la pesca industrial de la pota gigante en los 90, hasta el crecimiento del ecoturismo y las operaciones industriales frente a las Islas Ballestas.

En el Perú se come más pescado que en otros lugares del mundo gracias a la gran diversidad y abundancia de especies debido a la corriente de Humboldt, que produce afloramiento y permite circular el agua con nutrientes del fondo marino. Es fuente de trabajo y turismo para miles de familias, refugio de aves migratorias y hábitat de una biodiversidad única.

He visto antes las consecuencias de la sobrepesca. En la década de 1950, las enormes poblaciones de guanayes, piqueros y zarcillos que habitaban las Islas Ballestas, San Gallán y otras zonas desaparecieron debido a la explotación industrial de la anchoveta. También disminuyeron drásticamente los lobos marinos y pingüinos, y las islas nunca volvieron a ser las mismas. La pesca industrial indiscriminada altera gravemente el equilibrio ecológico. Los cardúmenes se desplazan, las especies huyen y los pescadores artesanales ven reducidos sus recursos e ingresos. Como consecuencia, el pescado y los mariscos son cada vez más escasos y costosos incluso para la propia población local.

Otro caso que pude observar fue la peligrosa reducción de la población de cachalotes debido a la sobrepesca incontrolada, por barcos factoría extranjeros, de la jibia (pota), alimento casi exclusivo de estos mamíferos.

Por ello, el proyecto de ley 7157/2023-CR, que está en agenda del Congreso de la República, tiene enorme relevancia al reconocer la importancia de las áreas naturales protegidas marinas y marino-costeras, precisando las formas de pesca permitidas y prohibiendo la pesca de mayor escala dentro de estos espacios.

Mientras, la biodiversidad marina del Perú sigue amenazada, el Congreso y el Gobierno continúan dilatando una ley necesaria para asegurar el respeto y conservación de nuestras áreas marinas protegidas. Basta de demoras: proteger nuestro patrimonio natural no es un lujo ni un obstáculo para el desarrollo, sino una obligación moral con las futuras generaciones. ¡Este Congreso aún está a tiempo de hacer lo correcto!

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