
Llevo algunos años recorriendo el Perú desde la operación y desde las conversaciones con equipos jóvenes que se incorporan a Arca Continental con una energía que, muchas veces, me recuerda por qué elegí este camino. Por eso, me cuesta ignorar un dato del INEI: la tasa de desempleo a nivel nacional entre personas menores de 25 años alcanzó el 10,7% en 2025, más del doble del promedio nacional.
Ese dato no es solo una referencia estadística. Es el contexto que condiciona cómo los jóvenes imaginan su futuro, qué decisiones toman y qué camino profesional terminan siguiendo. También es el punto de partida para entender qué significa hoy hablar de empleabilidad juvenil en el país: no como un concepto, sino como una urgencia.
Lo que hoy enfrentan los jóvenes no es un problema de motivación ni de preparación. Es, sobre todo, un problema de acceso. La Organización Internacional del Trabajo advierte que más del 60% de quienes trabajan en la región lo hacen en condiciones informales y que la brecha entre lo que forma el sistema educativo y lo que demanda el mercado sigue creciendo. En ese escenario, incluso quienes llegan mejor preparados encuentran una barrera inicial difícil de superar: la primera oportunidad.
Los jóvenes actuales llegan con más herramientas que cualquier generación anterior y, aun así, descubren que la primera puerta es la más difícil de abrir. Eso no habla de ellos, habla de nosotros. Que un joven elija confiar en una empresa es mucho más que un logro, es una responsabilidad. Una responsabilidad que debemos honrar en cada experiencia que brindamos, en cada líder que acompaña y en cada oportunidad que generamos.
Además, nos enfrentamos a un desafío profundo: cómo hacemos para que esa primera oportunidad sea cada vez más accesible y deje de ser una barrera de entrada para miles de jóvenes; cómo aceleramos su desarrollo en las organizaciones; y cómo fortalecemos vínculos más cercanos y sostenidos con todo el ecosistema educativo, en donde tanto Estado como empresa privada deben ir juntos.
En este sentido, podemos mencionar iniciativas como la del Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo (MTPE), a través de la Maratón del Empleo “Mi Primera Chamba”. Este evento, realizado este año, ofreció más de 1,300 oportunidades laborales a jóvenes sin experiencia, con la participación de más de 30 empresas.
Desde el lado privado, tenemos iniciativas como “Acelera Tu Futuro LATAM” de Arca Continental, que también busca ser parte de la solución. A través de este programa, 200 jóvenes acceden a una experiencia regional que combina formación, mentorías con líderes, participación en proyectos reales del negocio y la oportunidad de ingreso a la compañía.
Yo creo en el talento joven peruano con absoluta convicción, porque veo día a día la variedad y calidad de sus ideas, la forma en que cuestionan y en la rapidez con la que aprenden cuando alguien les da espacio y confianza. Por eso, la pregunta no es si hay talento. La pregunta es si estamos siendo lo suficientemente rápidos, valientes y consistentes para abrirles el camino. Y esa es una responsabilidad que no le corresponde a una sola empresa, sino a todas las empresas formales, responsables, que en muchas oportunidades, somos la puerta de entrada al mundo laboral de miles de jóvenes talentos.













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