¿Los cambios normativos del gobierno representan un avance en la lucha contra la criminalidad organizada? | Ricardo Valdés | Nicolás Zevallos | OPINION

El principal desafío de las medidas propuestas en seguridad ciudadana no radica solo en su contenido, sino en cómo se implementarán. Aunque el Gobierno anuncia un plan “próximo”, aún no existe una fecha confirmada de presentación ni objetivos claros que permitan evaluar su efectividad.

Un reciente informe de la contraloría expone la realidad operativa: las comisarías del país enfrentan serias carencias en infraestructura, equipamiento y telecomunicaciones. Estas brechas, documentadas previamente por diversas fuentes, plantean una interrogante fundamental: ¿cómo se ejecutarán medidas extraordinarias y urgentes en un contexto operativo tan limitado?

La pregunta no es retórica. Los anuncios gubernamentales en materia de seguridad han adolecido de una desconexión entre la ambición declarada y la capacidad real de ejecución. Las medidas contra la extorsión, el sicariato o las nuevas regulaciones para motociclistas pueden parecer contundentes en el papel, pero su eficacia depende críticamente de los recursos humanos, tecnológicos y logísticos disponibles para implementarlas.

En este sentido, resulta imprescindible que el Ejecutivo presente no solo el plan de acción, sino también una estrategia integral de gestión de recursos. Si las medidas no vienen acompañadas por asignaciones presupuestales y equipos especializados que ejecuten eficientemente el gasto y realicen las adquisiciones necesarias, el impacto será mínimo. La experiencia ha demostrado que cargar presupuesto disponible sin capacidad de gestión equivale a recursos desperdiciados.

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