Del ciberespacio libertario que imaginó John Perry Barlow en los noventa al ciberespacio ético que hoy intenta delinear el papa León XIV, han pasado tres décadas, mientras que, entre ambos extremos, Internet dejó de ser una utopía hippie para convertirse en el escenario donde ahora se disputa algo mucho más serio: la dignidad humana frente a la inteligencia artificial.
En 1996, el célebre ciberactivista John Perry Barlow publicó su famosa Declaración de Independencia del Ciberespacio. Ahí describía Internet como un territorio autónomo, descentralizado y libre de las estructuras tradicionales del poder. Un espacio donde los gobiernos no tendrían soberanía y donde florecerían todas las libertades individuales habidas y por haber. Ese Internet era, en esencia, una mezcla entre Silicon Valley, Woodstock y mucho optimismo.
Pero nadie tomó en cuenta el influjo de los cada vez más potentes algoritmos y la nanoelectrónica. Así, la simplicidad de crear contenidos de lo que sea y poder difundirlos a la velocidad de la luz nos trajo las ‘fake news’, las cámaras de eco y a influencers con esa extraña capacidad de convertir cualquier conversación razonable en una pelea de comentarios con emojis furiosos. La inteligencia artificial no creó este fenómeno, pero sí lo aceleró a una velocidad que interpela al mismísimo Vaticano.
Por eso resulta tan resonante que el papa León XIV haya decidido dedicar su primera gran encíclica, “Magnifica humanitas”, a reflexionar sobre la protección de la persona humana en tiempos de la inteligencia artificial. No es casualidad que el documento se publique exactamente 135 años después de la “Rerum novarum”, la encíclica con la que la Iglesia Católica respondió a los desafíos sociales de la Revolución Industrial. Si aquella discutía sobre las fábricas y la explotación laboral, esta nueva parece dispuesta a discutir sobre los algoritmos, la automatización y la degradación del juicio crítico.
El involucramiento del Papa de Chiclayo con la temática de la IA es tan intenso que él mismo presentará personalmente la encíclica junto a académicos y especialistas globales en IA, entre ellos Christopher Olah, cofundador de Anthropic, los creadores de Claude IA. La señal ‘urbi et orbi’ está orientada a dar cuenta de una temática que ya dejó de pertenecer exclusivamente a ingenieros y gurús tecnológicos, y que claramente debe involucrar más visiones y la óptica de filósofos, economistas, juristas y también teólogos.
Porque el problema ya no es únicamente qué se puede hacer con la IA, sino qué puede hacerle a nuestra dignidad humana. En ese sentido, la llamada ‘enshittification’ de Internet –esa degradación progresiva del ciberespacio a través de la creación de contenidos tóxicos, vacíos o manipuladores– es una amenaza clara a nuestro juicio crítico y, en extensión, a la misma esencia de lo que significa el género humano. Razonar es, pues, una facultad propia de nuestro género, aunque nos cause dudas cuando charlamos con alguna IA.
Por eso, si hasta el Vaticano ha decidido pronunciarse sobre la IA de la mano de Anthropic, quizá sea el momento de que usted también se involucre más con la inteligencia artificial. Y en particular con Claude, que hasta donde parece se perfila como el parangón tecnológico que el papa León XIV usará para dar sustancia a su próxima encíclica. Atentos a la siguiente tertulia tec por aquí, que no seremos ‘spoilers’ del Papa esta vez.












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