
Hoy, 21 de mayo, se celebra el Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo, que cada año recuerda la Declaración Universal de la Unesco sobre la Diversidad Cultural, proclamada en 2001. Quizá el artículo más significativo de esa Declaración es que la diversidad cultural “es una de las fuentes del desarrollo, entendido no solamente en términos de crecimiento económico, sino también como medio de acceso a una existencia intelectual, afectiva, moral y espiritual satisfactoria”.
A lo largo de estos 25 años, se han producido algunos avances en el Estado peruano, a través de políticas pluriculturales que reconocen esa diversidad, como, por ejemplo, la Ley 29735 de lenguas originarias, que garantiza el uso, la preservación y la difusión de al menos 48 lenguas originarias y 55 pueblos indígenas del Perú; o las normas de transversalización del Enfoque Intercultural, que exigen a la administración pública ofrecer servicios gratuitos de interpretación, traducción y orientación en lenguas originarias. El último Censo 2025 incluyó una pregunta de autoidentificación, permitiendo que quechuas, aimaras, comunidades nativas amazónicas, afrodescendientes, mestizos, nikkeis, tusanes, entre otros, pudieran afirmar su identidad étnica.
Desde el sector privado, las grandes empresas también han realizado esfuerzos para contribuir a la conservación del patrimonio cultural material, a través de obras por impuestos o fomentando eventos culturales y espacios de encuentro. Y, lo más importante, la labor de las organizaciones sociales ha permitido mantener vivas las expresiones culturales regionales y locales, y ha fomentado la participación ciudadana para la comprensión y el acceso a derechos.
La diversidad cultural nos alimenta día a día. Por ello, no nos debe sorprender que, ante la pregunta “¿cuáles son las razones por las que se siente orgulloso de ser peruano?”, el 48% responda: la cocina o la gastronomía (Ipsos, julio 2025). No es solo que la cocina peruana sea una mezcla de ingredientes provenientes de diversas partes del Perú. En cada plato existe memoria: una historia de encuentros y desencuentros; de idiomas, costumbres y tradiciones pasadas de generación en generación; de creaciones e innovaciones.
Lo paradójico es que esa gastronomía diversa que nos enorgullece no alcanza para eliminar el hambre y la pobreza de nuestro país. Y, en estas elecciones, necesitamos candidatos que apunten a romper con la corrupción y las ineficiencias del Estado para mejorar las condiciones y oportunidades de todas las personas, sobre todo de quienes menos tienen.
Pero, sobre todo, en estas elecciones necesitamos voces de uno y otro lado que reconozcan que la unidad es posible sobre la base del respeto a nuestra diversidad, pues, como en el Arca de Noé, todos estamos en el mismo barco. Debemos mirarnos, encontrarnos y buscar mínimos consensos para que este barco no se hunda.












Deja una respuesta