La salud no cabe en un hospital: fluye por una red de cuidados, por Aníbal Velásquez

Ante el envejecimiento de la población, el avance de las enfermedades crónicas y la presión adicional que podría ejercer el Fenómeno El Niño Costero, el nuevo gobierno tiene la oportunidad de impulsar un giro en el sistema de salud mediante una apuesta decidida por la telesalud.

Desde sus primeros meses deberá enfrentar un verano que el ENFEN proyecta de magnitud fuerte para 2026-2027, con mayor riesgo de emergencias, epidemias y saturación de hospitales que ya operan al límite. Frente a este escenario, la telesalud es una de las pocas medidas que pueden desplegarse con rapidez, a bajo costo y con alcance nacional para ampliar el acceso, asegurar la continuidad de la atención y evitar consultas y desplazamientos innecesarios, como se demostró durante la pandemia.

La evidencia económica es contundente. La OMS (2024) estima que las intervenciones de salud digital para prevenir y controlar las enfermedades no transmisibles (ENT) pueden generar un retorno de hasta US$ 24 por cada dólar invertido. Implementadas a escala mundial, podrían evitar en una década más de dos millones de muertes y cerca de siete millones de hospitalizaciones y atenciones de emergencia.

En los países de ingreso mediano bajo, desarrollar e implementar un conjunto de intervenciones digitales para ENT costaría alrededor de US$ 0,10 por paciente al año, incluidos los recursos humanos, tecnológicos, de infraestructura y operación. En conjunto, esta inversión representaría menos del 0,03% del gasto destinado a las enfermedades no transmisibles, una proporción mínima frente a la carga sanitaria y económica que permitiría reducir.

Otros países de la región ya avanzan en esta dirección. A fines de 2025, El Salvador puso en marcha DoctorSV, un sistema público de telesalud disponible las 24 horas que, en pocas semanas, superó el millón de usuarios y alcanzó una capacidad de hasta 20.000 consultas diarias. La plataforma también ha comenzado a priorizar la detección y el seguimiento de enfermedades crónicas.

Mientras el mundo avanza hacia una medicina continua y personalizada, el Perú sigue atendiendo estas enfermedades como episodios aislados. Una persona con hipertensión o diabetes consigue una cita, espera varias semanas, es evaluada durante unos minutos y regresa a casa sin seguimiento sistemático. El sistema vuelve a actuar cuando llega la siguiente consulta o cuando aparece una complicación.

Este modelo no responde a enfermedades que progresan todos los días. La hipertensión, la diabetes y el daño renal no se detienen entre una cita y otra. Un control presencial cada varios meses ofrece apenas fotografías aisladas de procesos clínicos continuos.

El país necesita pasar de una atención episódica y reactiva a un modelo preventivo, continuo y centrado en la persona. No se trata de multiplicar videollamadas ni de reemplazar indiscriminadamente la atención presencial, sino de reorganizar el cuidado mediante teleconsulta, telemonitoreo, historia clínica electrónica, dispositivos conectados, uso responsable de la inteligencia artificial y redes de profesionales capaces de intervenir a distancia.

La magnitud del problema justifica comenzar por la hipertensión y la diabetes. En 2025, el INEI reportó que el 63,8% de las personas de 15 años o más presentaba exceso de peso. Ese mismo año, el 14,6% tenía presión arterial elevada, pero solo el 10,8% reportaba un diagnóstico de hipertensión. Asimismo, el 5,2% había sido diagnosticado con diabetes y apenas el 67% había recibido tratamiento durante los doce meses anteriores.

El desafío no consiste solamente en diagnosticar, sino en mantener a las personas bajo control. El telemonitoreo permite observar tendencias, detectar señales de alarma y ajustar el tratamiento antes de que aparezcan complicaciones. En hipertensión, las intervenciones digitales bien diseñadas reducen la presión arterial sistólica entre 4 y 6 mmHg y mejoran la adherencia.

En diabetes, la transmisión automática de datos glucémicos permite identificar patrones y modificar oportunamente el tratamiento. Estudios encontraron que los glucómetros conectados por Bluetooth, acompañados de ajustes de insulina, redujeron las visitas a emergencias del 16,7% al 4,1%. Los mayores beneficios se observaron en personas con diabetes tipo 2 y peor control inicial, con reducciones de la hemoglobina glicosilada de hasta 1,22 puntos porcentuales.

El Perú ya cuenta con normas, infraestructura y financiamiento para la telesalud; el desafío es integrar los sistemas y poner en marcha un modelo con dispositivos, alertas, responsables clínicos y tiempos de respuesta definidos.

El nuevo gobierno puede convertirla en una de sus primeras reformas visibles, comenzando por la hipertensión y la diabetes para prevenir complicaciones graves y ampliando luego la red al cáncer, la salud mental y las emergencias. La tecnología y el marco normativo ya existen; corresponde organizarlos alrededor de la persona y financiarlos con la misma prioridad con la que hoy pagamos las consecuencias de haber actuado tarde.

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