La nueva derecha limeña, joven y conservadora, pedía brutalidad en las redes y Keiko es aburrida. Rafael prodigó brutalidad y fue regalado con una caricatura entrañable. ‘Porky’ es lo mejor que le pasó y le sirvió para conquistar la alcaldía metropolitana. Pero no le sirvió para conquistar el Perú; allí le volvieron a ganar la naranja y la izquierda. Tras haber quedado en tercer lugar en la primera vuelta del 2021 -llegó a insinuar la teoría fraudista de que el JNE había ayudado a pasar a Keiko para asegurarse de que Pedro Castillo la ganara, cosa que no hubiera pasado con él- postuló a Lima y ganó en el 2022. Ese sigue siendo su bastión y su ilusión.
En esa ilusión limeña está una clave para explicar uno de los motivos que acicatearon la alianza parlamentaria con FP. En el ‘wishful thinking porkista’, es muy probable una victoria en Lima en las elecciones municipales del próximo 4 de octubre. Entonces, el teniente alcalde que pesará más que el alcalde de fachada Luis Rubio, deberá tener buenas relaciones con el gobierno central en el afán de cumplir con el sueño de ver a Lima hecha una potencia mundial. Es cierto que el desencuentro entre alcaldes y presidentes fue fatal en la década fujimorista (la oposición de Ricardo Belmont y de Alberto Andrade provocaron medidas antilimeñas de Fujimori y, más tarde, Susana Villarán buscó pendencia a Alan García, que provocó que este se sumara a la campaña de su revocatoria).
En contraste con lo anterior, los celestes apuestan a llevarse bien con la vecina de la Plaza de Armas. Pero sus principales competidores en la ilusión limeña también. Por eso, Carlos Bruce y Francis Allison, también han visitado a Keiko. Pero si RP y FP ya tienen una alianza de partida, ello los podría favorecer. Lima y Perú serán una sola potencia mundial, según el wishful thinking invocado. Ahora despertemos.
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‘Fujicelestes’ o ‘fujiporkistas’
A pesar de las ilusiones, RP se tomó su tiempo antes de comprometer en una alianza parlamentaria su identidad de derecha extrema (derecha social cristiana con opción preferencial por los pobres, prefiere llamarse su ala católica). Rafael habló con Alfonso López Chau, líder de Ahora Nación (AN) y con Ricardo Belmont de Obras, paladeando la posibilidad de sorprendernos con una alianza plural que llegó a entusiasmar a algunos. También habló, más en serio, con Jorge Nieto, del Partido de Buen Gobierno. Allí hubo, según me contaron fuentes dirigenciales del PBG, un interesante pulseo: mientras ‘Porky’ trataba de jalar a Nieto a una alianza con el fujimorismo, que hubiera sido numéricamente imbatible en la votación de hoy; Nieto le planteaba unirse pero sin FP, contando con que igual los dos juntos jalarían los votos naranjas.
Nieto no podía ceder ante RP, pues pública y personalmente, en reunión con Keiko, ya había pedido a FP que se inhiba de presidir alguna cámara. Tras ese descarte del PBG la alianza parlamentaria ‘fujiporkista’ quedó sellada más no imbatible, pues con 30 votos (22 de FP más 8 de RP), empataría con PBG ya sumado a los otros tres. Basta algunas ausencias de fuerza mayor, quiebres, abstenciones o errores, disimulados en el voto secreto; para que cualquiera gane. Si hay un empate, 30-30 o 29-29, se volverá a votar. En diputados, la correlación es distinta: 56 votos del eje ‘fujiceleste’ o ‘fujiporkista’ -ustedes escojan- frente a 74 de los 4 sumados.
Ahora bien, el pacto ‘fujiporkista’ va más allá de una o dos mesas directivas. Tiene motivos y alcances mucho mayores: es el sueño de una derecha unida. Sin embargo, antes de hablar de fraternidad derechista, recordemos que Renovación es una fuerza áspera como su líder. En el quinquenio que acaba, la bancada celeste ni siquiera participó activamente en el llamado ‘Bloque Democrático’ que formaron FP con APP, Avanza País y Somos Perú. Lo hizo esporádica e intermitentemente. En la primera legislatura la bancada sufrió el choque entre el almirante Jorge Montoya y las directivas de ‘Porky’, lo que provocó que Norma Yarrow, Diego Bazán y María Córdova fugaran hacia Avanza. Los tres retornaron a su grupo original cuando Jorge Montoya, que había sido la manzana de la discordia, fundó su propia bancada Honor y Democracia y abandonó a la furia celeste.
Los naranjas son más cohesionados y planificados. Subrayo esto porque un impromptu celeste provocó un tremendo desencuentro con los fujimoristas en el 2025. Keiko, en silenciosa campaña electoral, no quería el sobresalto de una censura presidencial. Pero RP se empecinó en censurar a José Jerí y el resultado fue la elección de José María Balcázar, que le explotó en la cara para íntimo deleite naranja. De esas emociones y disimulos está hecha la actual alianza.
Esas páginas del quinquenio que acaba no han dejado algún trauma difícil de digerir entre RP y FP. Los fujimoristas trataron de hilar fino en sus declaraciones pos primera vuelta, para que la pica celeste no se dirigiera hacia ellos sino hacia Roberto Sánchez y los órganos electorales. Aún así, quedó un resquemor en López Aliaga que demoró su apoyo explícito a Keiko en la segunda vuelta y el saludo presencial una vez que fue proclamada. Sin embargo, en la visita del 8 de julio a la informal ‘Oficina de la Presidenta Electa’, todo fue sonrisas y buenos augurios. Se habló de acuerdos, de consensos y de apuestas conjuntas por el Perú. A sus acompañantes, la diputada Norma Yarrow (además secretaria general de RP) y al senador Francisco Calisto (quien lo acompañó durante toda la campaña), Rafael los desbordó con su entusiasmo.
Nota aparte: durante una parte de la visita celeste a Keiko, punto de partida para la alianza parlamentaria actual, también estuvo Renzo Reggiardo, quien tomó la posta de ‘Porky’ en la alcaldía limeña en el 2025, y renunció a postular a alcalde a pesar de que ese era el plan sucesorio voceado inicialmente por el partido. Renzo fue fujimorista en su juventud y miembro de la bancada que dirigió Keiko en el 2006 (su difunto padre, Andrés, fue uno de los fundadores de Cambio 90 junto a Alberto Fujimori). Renunció al fujimorismo y fundó su propio partido, Perú Patria Segura. Reggiardo no tiene alma de miembro orgánico de un partido que no sienta propio. Es de presumir que su renuncia a postular como alcalde, hecha cuando ya estaba claro que ‘Porky’ no pasaría a la segunda vuelta, haya tenido que ver con el temor de acabar como Luis Rubio, abrumado por el peso de López Aliaga sobre su campaña. Ha preferido guardarse los motivos íntimos de su quite; y ha establecido un canal de comunicación con Keiko Fujimori, frecuente invitada a sus eventos, que se percibe paralelo a la relación partidaria.
Volvamos al eje naranja-celeste. ‘Porky’ es desbordado y avasallador. Como aliado o adversario puede ser muy ‘pushy’ (alguien que presiona hasta conseguir lo que quiere). Lo fue cuando era alcalde de Lima y presionó a más no poder al gobierno de Dina Boluarte para que desoyera al Consejo Fiscal y le ampliara el límite de emisión de bonos de deuda. El MEF, entonces en manos de José Arista (hoy senador electo de FP), cedió. Podríamos decir que lo mismo ha pasado con el JNE, que le ha dado la razón en dos causas (postular con Luis Rubio y permitir que Absalón Vásquez sea proclamado como senador en su reemplazo), y hasta con el TC en el tema de Rutas de Lima (la demanda para clausurar el peaje de Puente Piedra no la planteó él, pero la defendió ardorosamente).
Menudo aliado y consejero no buscado que se ha ganado FP. Pero, para calibrar el peso de RP, no nos olvidemos de la ilusión limeña porque tiene un peso político preciso. Las presiones de RP fueron más eficaces mientras controlaba el poder de la comuna metropolitana. Por lo tanto, los motivos, alcances y sostenibilidad de esa alianza depende en parte de esa ilusión. Si aquella se esfuma en las elecciones de octubre, cosa que es muy posible, un pacto ya no se sostendría en el temperamento de López Aliaga sino, sobre todo, en los votos de sus 8 senadores y 20 diputados. Salvo sorpresas de entre los nuevos electos, todos los que conocemos se sienten parte del mismo espacio ideológico. Lourdes Alcorta fue congresista de FP antes de ser elegida por RP y Absalón Vásquez, el primer accesitario premiado de la bicameralidad, fue ministro de Alberto Fujimori. Calisto, cosas de la vida, fue edecán de Alberto, cuando era capitán de fragata y formó parte de la Casa Militar de Palacio.
Algunas iniciativas de RP no van a ser apoyadas por la bancada de gobierno y viceversa. ‘Porky’ tiene algunas ideas de leyes precisas, que ya puso como ejemplo de lo que para él debiera ser un ‘consenso’; pero no necesariamente lo son. Por ejemplo, cree consensual el fortalecer a los equipos de inteligencia; pero FP allí tiene que andarse con mucho cuidado si pide facultades legislativas en un terreno donde se despierta el eterno recelo de la izquierda ante la posibilidad de que se meta de contrabando, en la lucha contra el crimen, prerrogativas pro Fuerzas del Orden, anti protestas y anti derechos humanos. López Aliaga también habló de un ‘Plan Sur’ y es cierto que derecha e izquierda coinciden en algo similar; pero cada cual querrá ponerle su nombre y sus prioridades.
¿Podría ampliarse una alianza parlamentaria fujiceleste al terreno del Ejecutivo? RP ya ha advertido que no busca ministerios ni otros cargos; pero hay formas de dar cuotas, espacios de dominio, prerrogativas de venia o derecho de veto, muy sutiles y disimuladas. Por ejemplo, se me ocurre que habrá una ocasión especial, dentro de pocos meses, cuando el Ejecutivo y el Congreso, cada uno por su lado, elijan a sus tres asientos en el directorio del BCR. El presidente será Julio Velarde, como ya lo dijo Keiko Fujimori, y deberá ser ratificado por el senado. López Aliaga, según me contó algunos años atrás, sintió una frustración que lo marcó con una antipatía hacia la élite de economistas, cuando quiso ser uno de los directores del BCR en el 2014. Su bancada de aquel entonces, Solidaridad Nacional, lo propuso, pero fue baloteado por la mayoría congresal, en especial por el fujimorismo, que se dejó llevar por las resistencias que le trasmitieron sus contactos de la tecnocracia económica.
López Aliaga podría ahora aprovechar la cercanía con FP para sacarse esa espina que le clavó la propia derecha una década atrás. No tendría necesariamente que postular él mismo al BCR, que bastante dribleo de posiciones mayores nos ha dado ya, pero podría imponer a sus candidatos, como no pudo hacerlo en el 2021 cuando su bancada estaba partida. Y así como este, piensen en muchos casos y obras, con o sin poderes efectivos, con o sin partidas presupuestales, donde los naranjas, si quieren celeste, que les cueste.










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