Hace unos años publiqué un libro sobre el milagro agroexportador del Perú. Explicaba las causas estratégicas y metaestratégicas de ese logro por el que, en el 2025, 170.000 hectáreas generan una facturación de US$6.100 millones. Para lograr dicha facturación, las canastas mundiales de alimentos productoras de granos (Estados Unidos, Argentina, etc.) requerirían usar 6,1 millones de hectáreas, que el Perú no tiene.
Esta vez quiero analizar la macroeconomía. Para mediados de los noventa, el Gobierno redujo la inflación, reinsertó al país en el sistema financiero mundial y logró un crecimiento alto y sostenido. Los analistas de bancos de inversión consideraban el manejo económico del Perú en los noventa como un ‘textbook case’, un ejemplo para el libro de texto de economía.
La crisis asiática del 97 y El Niño del 98 frenaron un poco este desarrollo, pero las bases macroeconómicas ya estaban establecidas. El mérito de los siguientes presidentes fue no modificar las políticas macroeconómicas. Esto llevó a un notable crecimiento en los últimos años. La gente, en otros países, me preguntaba: ¿por qué, con tan buenas cifras macroeconómicas, la aprobación del presidente es de solo 5 a 10%? Cosas de peruanos.
Un milagro actual es que, con siete presidentes en ocho años, y cuatro encarcelados, tenemos las mejores cifras macroeconómicas en términos de PIB. En cuanto al crecimiento: 3,3% comparado con Latinoamérica (LA); 2,2% y 1,8% en países desarrollados (OCDE); una inflación de 2% versus 5,2% en LA y de 5% en OCDE; el déficit fiscal es de 3,5% versus 5% en LA y 4,5% en OCDE; la deuda pública de 35% verrsus 60% en LA y 110% en OCDE; con una cuenta corriente de +2,2% y de 0% en OCDE.
Pero los porcentajes a veces pueden engañar. El PBI per cápita del Perú es 8.000; el de Chile, 16.000; Panamá, 17.000; Colombia, 7.100. Estas cifras contradictorias indican que los éxitos del sector externo, especialmente el de la exportación minera y la agroexportación, que favorecen una balanza comercial positiva, son necesarios, pero no suficientes, para el desarrollo.
La causa y la solución de los problemas no están en el Gobierno, como muchos creemos. Con un 75% de informalidad y un alto porcentaje de congresistas y gobernadores con juicios por delitos penales, es difícil salir de la pobreza.
Por ello, es indispensable votar juiciosamente, no visceralmente; no contra las personas, sino por las ideas, considerando la capacidad de implementarlas, buscando el bien común, especialmente el bien de los más pobres.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.













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