Este 5 de junio, el Día Mundial del Medio Ambiente, es una buena ocasión para recordar que la Amazonía regula el clima de toda Sudamérica. Sus ecosistemas generan sus propias lluvias, sostienen cuencas que alimentan a millones de personas más allá de sus fronteras y albergan una biodiversidad incomparable. Al mismo tiempo, más del 50% de la población rural de Loreto no tiene acceso a agua potable, y más del 75% carece de saneamiento adecuado. Las consecuencias son devastadoras: 58% de anemia en niños menores de tres años, 21% de desnutrición crónica infantil y tasas de mortalidad infantil asociadas a enfermedades hídricas que simplemente no deberían existir en el siglo XXI.
El cambio climático está agravando esta problemática. El río Amazonas registró en el 2024 niveles a solo siete centímetros del mínimo histórico del 2010. Las sequías son más largas, las inundaciones más intensas y los sistemas de agua existentes (donde los hay) son cada vez más vulnerables. Además, la deforestación y el cambio climático actúan de forma sinérgica, intensificando la crisis. Los científicos advierten que estamos cerca de un punto de no retorno: la Amazonía ya ha perdido el 17% de su cobertura forestal, y el umbral de daño irreversible se estima entre el 20% y el 25%.
Las estadísticas difícilmente muestran el enorme impacto que el agua insegura tiene sobre el aprendizaje. En Loreto, apenas el 12,8% de los estudiantes de cuarto de primaria alcanza un nivel satisfactorio en comprensión lectora, y solo el 6,3% en matemática. La anemia se convierte así en un freno al desarrollo cognitivo, que trunca el futuro de cada niño.
Frente a este panorama, la respuesta no puede consistir solo en declaraciones. Lo que funciona son modelos territoriales integrados: infraestructura hídrica adaptada al contexto amazónico, educación sanitaria, gobernanza comunitaria y protección de las microcuencas que sostienen el agua. Ese es el camino que organizaciones como la Fundación Encuentros están comenzando a recorrer en comunidades de Loreto con la convicción de que el agua segura no es un privilegio, sino el primer paso hacia la salud, la educación y el futuro.
En el Día Mundial del Medio Ambiente, recordemos que la Amazonía necesita mucho más que admiración desde lejos: requiere inversión, políticas públicas y voluntad real para que sus comunidades tengan lo que el resto del país da por sentado: agua limpia para el consumo.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.
Deja una respuesta