El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre dos países es una buena noticia. Que, a cambio de ello, una sentenciada por la justicia evada el cumplimiento de su pena, es un trago amargo para un Estado.
El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre dos países es una buena noticia. Que, a cambio de ello, una sentenciada por la justicia evada el cumplimiento de su pena, es un trago amargo para un Estado.
La crisis diplomática con México llegó a su fin. Betssy Chávez recibió el salvoconducto y pudo dejar territorio nacional. Fue una decisión necesaria para restablecer los vínculos con el país del norte. Durante meses, muchos ciudadanos de ambas naciones se vieron perjudicados por una condenada que buscaba eludir la pena que se le impuso.
La administración de Claudia Sheinbaum abusó de la tradición latinoamericana del asilo para favorecer a una aliada ideológica. Chávez recibió una pena de más de 11 años de prisión por su participación en el fallido golpe de Estado de Pedro Castillo.
Sheinbaum no solo heredó de Andrés Manuel López Obrador la presidencia de México, sino también su alucinada interpretación de lo ocurrido en el Perú el 7 de diciembre del 2022. Es una difusora internacional de la narrativa sobre el humilde presidente supuestamente perseguido por quienes, en realidad, defendieron el orden constitucional cuando este intentó avasallarlo.
Chávez es una prófuga de la justicia. No es una perseguida política. Ni siquiera tiene relevancia política. Menos la tendrá desde un cómodo asilo. Alejada del efímero poder que alguna vez ejerció, no representa ya peligro alguno para el sistema democrático. Tampoco fue una figura representativa de la izquierda peruana. Su ascenso a la PCM obedeció, más bien, a la incapacidad de Castillo para convocar figuras de nivel a su administración.
La ex primera ministra ya está en México. El conflicto que provocó su huida ha sido superado. Pero pasar la página en el terreno diplomático no debe ser sinónimo de amnesia en el ámbito judicial. No solo tiene cuentas pendientes por el golpe de Estado, sino también por presuntamente beneficiar a sus allegados con puestos públicos.
La reanudación de los vínculos bilaterales es una noticia positiva para ambas naciones. La impunidad, en cambio, siempre será un mal negocio para una democracia.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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