La libertad sin carajos, por Federico Salazar | Nicolás Maduro | Venezuela | Donald Trump | Estados Unidos | OPINION

El mundo no puede sostenerse si aceptamos que un país puede invadir a otro, por la razón que sea. Rusia no puede invadir Ucrania, como Estados Unidos no puede invadir Venezuela.

Hay una gran diferencia. Ucrania tiene autoridades elegidas. Venezuela se sostenía por una cúpula que capturó el poder. Nunca pudo demostrar el resultado electoral.

El principio de la autonomía no puede romperse.

Maduro tiene mucha información sobre la compleja red criminal que capturó el poder en Venezuela. No había independencia de poderes, no había justicia, había persecución política, corrupción y destrucción de la economía.

No estoy de acuerdo con María Corina Machado. Soy admirador de esa mujer valiente y sacrificada, pero no apruebo lo que dice sobre la intervención de Estados Unidos.

“Ante su negativa a aceptar una salida negociada –dice Machado–, el Gobierno de Estados Unidos ha cumplido su promesa de hacer valer la ley”. Pienso justamente lo contrario: el Gobierno de Estados Unidos ha quebrado la ley y ha invadido un país que no es el suyo. El propósito da lo mismo, porque el fin jamás justifica los medios. ¿O sí?

Estoy contento por mis amigos venezolanos. A algunos de ellos los quiero del alma. No puedo, sin embargo, conceder en los principios.

Me parece inaceptable que el presidente de Argentina, Javier Milei, “celebre” una intervención militar extranjera.

“¡La libertad avanza! ¡Viva la libertad, carajo!”, ha escrito Milei en su cuenta de X. No, señor Milei. Cuando un país invade a otro, la libertad no avanza. No avanzó la libertad cuando Rusia invadió Ucrania. ¿O sí?

La libertad retrocede y la libertad se destruye. Dar vivas a la libertad está bien. ¿Pero a qué viene el carajo? La libertad no necesita carajos. Se sostiene por sí sola, no por exabruptos emocionales, que nublan y minan la razón.

El carajo se lo debe guardar el señor Milei donde mejor le convenga. No estamos en campaña electoral, estamos ante un hecho serio y grave.

Venezuela no es libre ahora. Los que luchan por su libertad han adquirido una ventaja. Pero la lucha será larga y penosa. Desarmar el montaje de corrupción y crimen de miles y miles de personas no será fácil.

Ojalá que Venezuela encuentre la libertad, a pesar de Trump, de Milei y de los que se emocionan por un carajo.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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