2026-2030: Gobernar con inteligencia (artificial), por Maite Vizcarra

¿Será posible lograr que la ciudadanía vuelva a confiar en un Estado tan defectuoso como el peruano? Después del reciente caos alrededor de la ONPE, con impresoras sin funcionar, digitalización confusa y ciudadanos sintiendo que la institucionalidad tambaleaba en tiempo real, la pregunta ya no parece filosófica.

Porque cuando la gente pierde confianza en la capacidad operativa del Estado –desde una elección hasta una cita médica–, el problema deja de ser únicamente administrativo. Se convierte en un tema de legitimidad. La sensación de que todo funciona tarde, mal o a medias termina erosionando incluso la idea misma de ciudadanía.Al respecto, hace unos días, Felipe Ortiz de Zevallos (FOZ) comentaba en una conversación vía YouTube, con Diego Macera del Instituto Peruano de Economía, que el Perú está desaprovechando una enorme oportunidad: usar la inteligencia artificial para transformar la gestión pública y darle al país un verdadero salto en la calidad de vida de las personas.

Ahora bien, digitalizar no significa simplemente comprar computadoras nuevas o convertir papeles en PDF imposibles de descargar desde el celular. El real impacto de la digitalización está en rediseñar cómo funciona el Estado y cómo interactúa con las personas. Es pasar de un aparato fragmentado y reactivo a uno capaz de conectar información, anticipar problemas y responder mejor. Y en esa tarea, en efecto, la IA es un disparador natural del proceso.

Pensemos en la administración de justicia. Miles de procesos vinculados a pensiones alimentarias quedan atrapados durante meses entre expedientes físicos y revisiones manuales eternas. Sistemas inteligentes podrían clasificar documentos, resumir casos y priorizar situaciones urgentes. No reemplazar a los juzgadores, sino liberar tiempo humano para que “no se le escapen las tortugas” a la justicia. En salud, sistemas de IA podrían realizar triajes digitales, orientar consultas básicas y anticipar saturaciones hospitalarias. Y en educación, automatizar procesos administrativos, detectar tempranamente riesgos de deserción escolar y devolverles tiempo a los docentes para enseñar más y llenar menos formatos absurdos.

Pero algo más, en un país con tanta variedad de entornos sociales, y diversidades, la IA también podría ayudar a conocer mejor las necesidades de todos los ciudadanos y con una precisión propia de los sistemas de segmentación digital de las redes sociales. Todo es posible para la IA, aunque antes haya que solucionar los problemas de interoperabilidad de redes, datos y lograr el impulso de una intuición ciudadana similar a la que la gente ostenta cuando interactúa con su billetera digital favorita.

Por eso la reflexión de FOZ es más que pertinente en este tiempo de puntos suspensivos en el que nos sentimos ahora mismo todos. Si la gran oportunidad perdida del Perú podría estar en usar la IA para mejorar la calidad de vida de los peruanos en cosas tan simples como las reseñadas, desde la gestión pública, entonces ya es hora de pensar en un verdadero ‘task force’ técnico capaz de hackear el viejo Estado y construir uno más cercano, eficiente y transparentemente humano. Desde esta esquina nuestra mejor disposición para colaborar en ese reto.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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