Anuario iSanidad 2025
Nieves Sebastián Mongares
La degeneración macular asociada a la edad neovascular (DMAEn) y el edema macular diabético (EMD) son dos patologías que, por su proceso degenerativo, si no se tratan de manera precoz, pueden derivar en una pérdida de visión con el impacto en el día a día que esto conlleva.
Por ello, desde el movimiento asociativo reclaman impulsar la detección temprana de estas patologías, mejorando la coordinación entre atención primaria y oftalmología para detectar los casos en fases precoces y poder preservar la funcionalidad.
En este sentido, Andrés Mayor Lorenzo, presidente de la asociación Acción Visión España, resalta que desde la entidad demandan más recursos en diagnóstico, tratamiento y seguimiento o acompañamiento de los pacientes.




A día de hoy, ¿cuáles diría que son los principales desafíos o necesidades no cubiertas en la asistencia que se ofrece a los pacientes de oftalmología?
A día de hoy veo tres problemas claros: listas de espera y demora en el acceso a consultas; falta de coordinación entre niveles (atención primaria, farmacia, oftalmología) para detectar señales iniciales; y recursos de apoyo y rehabilitación visual insuficientes para quienes ya tienen pérdida de visión. Todo ello hace que muchos pacientes lleguen tarde al diagnóstico o no reciban el acompañamiento social y funcional que necesitan.
«Hay tres problemas claros: listas de espera y demora en el acceso a consultas; falta de coordinación entre niveles para detectar señales iniciales; y recursos de apoyo y rehabilitación»
Como consecuencia del envejecimiento de la población, se ha producido un incremento de patologías como la degeneración macular asociada a la edad neovascular (DMAEn) o el edema macular diabético (EMD). ¿Desde dónde ha de actuarse y qué recursos son necesarios para poder dar una correcta atención a este aumento de la demanda?
Hay que actuar en tres frentes: prevención y cribado (atención primaria y farmacia), acceso ágil al diagnóstico especializado y refuerzo de recursos clínicos y de seguimiento (consultas, capacidad de tratamiento intravítreo, imágenes OCT y retinografía).
Es clave invertir en circuitos de derivación rápidos (figura del gestor de casos) y en formación de profesionales de primer contacto para reconocer señales de alarma. También hacen falta servicios de apoyo para la rehabilitación visual y la educación del paciente, que faciliten la adherencia a tratamientos crónicos.
Hacen falta servicios de apoyo para la rehabilitación visual y la educación del paciente, que faciliten la adherencia a tratamientos crónicos
¿Qué importancia tiene la detección e intervención temprana para los pacientes en estas patologías asociadas a la edad?
La detección temprana es esencial: cuando se diagnostican a tiempo, la mayoría de las intervenciones terapéuticas actuales pueden preservar visión y funcionalidad. Retrasar la intervención suele traducirse en peor pronóstico visual y en mayor impacto en la vida diaria y la autonomía de la persona. Por eso insisto en que hay que diagnosticar y tratar en el mismo momento siempre que sea posible.
¿Cómo diría que ha evolucionado el abordaje de patologías como la DMAEn o el EMD, desde el proceso diagnóstico hasta el tratamiento?
En las últimas décadas ha habido cambios claros: el diagnóstico se apoya ahora en técnicas de imagen de alta resolución (OCT, angio-OCT, retinografía de campo amplio) que permiten detectar y monitorizar los cambios retinianos con precisión.
En cuanto al tratamiento, la terapia anti-VEGF y otros avances farmacológicos han transformado el pronóstico de la DMAEn y del EMD, haciendo posible estabilizar o mejorar la visión en muchos pacientes. También ha mejorado la organización de circuitos de seguimiento, aunque aún queda camino para que lleguen a todas las áreas con la misma calidad.
¿Qué papel juega la llegada de innovación terapéutica en el abordaje de estas patologías? ¿Cómo han impactado las nuevas alternativas que han ido llegando en la calidad de vida de los pacientes?
La innovación es fundamental. Nuevas terapias y mejoras en los regímenes de dosificación han reducido la carga de tratamiento y han mejorado los resultados funcionales. Para las personas, esto supone recuperar o mantener actividades cotidianas (lectura, independencia, movilidad…), lo que repercute directamente en su bienestar y autonomía. La investigación clínica y la llegada de alternativas eficaces son, por tanto, una esperanza real para muchas familias en DMAE y EMD.
Nuevas terapias y mejoras en los regímenes de dosificación han reducido la carga de tratamiento y han mejorado los resultados funcionales
Teniendo en cuenta que, en estas patologías, el tratamiento se basa en inyecciones intraoculares, ¿qué miedos manifiestan los pacientes y qué importancia tiene la relación médico-paciente para disminuirlo?
Los miedos más habituales son: dolor, pérdida visual por el procedimiento, efectos secundarios y la ansiedad ante tratamientos repetidos. Aquí la relación médico-paciente es clave: la información clara, el acompañamiento, explicar el proceso paso a paso y ofrecer alternativas de apoyo (acompañamiento en la cita, recursos de rehabilitación, asociaciones…) reduce mucho la angustia y mejora la adherencia. La confianza en el equipo sanitario facilita que la persona siga el tratamiento necesario.
Con todo lo anterior, ¿cuáles diría que son las perspectivas de futuro en el abordaje de la DMAEn y el EMD?
Veo un futuro con dos líneas complementarias: por un lado, más precisión diagnóstica y tratamientos más duraderos o menos frecuentes (lo que aliviará la carga asistencial y la del paciente); por otro, mejor integración asistencial (cribado, derivación y rehabilitación) y más iniciativas de sensibilización que faciliten el diagnóstico precoz. Para que esto pase necesitamos voluntad política, inversión en recursos diagnósticos, de tratamiento y en investigación, y potenciar el papel del movimiento asociativo como puente entre pacientes y sistema sanitario.








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