Anuario iSanidad 2025
Nieves Sebastián Mongares
La dermatitis atópica es una de las causas más frecuentes de consulta en la especialidad de dermatología. Como explica la Dra. Rosa Perelló, especialista en Dermatología en el Hospital Universitari Son Espases, señala que esta patología va más allá de las manifestaciones físicas.
Las comorbilidades asociadas son variadas y, además, por lo visible de la enfermedad y lo molesto de los síntomas, puede interferir en su vida social o laboral. Por ello, la atención especializada juega un papel clave en el abordaje de la enfermedad.


¿Qué causas hay detrás del desarrollo de la dermatitis atópica?
La dermatitis atópica (DA), es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que cursa a brotes. Se produce principalmente como consecuencia de la alteración de la función barrera de la piel y una disfunción inmunológica mediada por linfocitos Th2.


Se considera una enfermedad multifactorial, interviniendo varios factores. Uno de ellos, la predisposición genética; el riesgo de desarrollar dermatitis atópica se incrementa significativamente en presencia de antecedentes familiares.
El riesgo de desarrollar dermatitis atópica se incrementa significativamente en presencia de antecedentes familiares
Otro sería la alteración de la inmunidad; desde el punto de vista inmunológico, la dermatitis atópica se caracteriza por un desequilibrio en la respuesta de los linfocitos T colaboradores (helper), con un claro predominio del perfil Th2 frente al Th1.
Asimismo, está la disfunción de la barrera epidérmica, lo que conlleva un aumento de la permeabilidad y pérdida transcutánea de agua, facilitando la penetración de alérgenos y sensibilización, y favoreciendo la progresión de la marcha atópica y aparición de otras comorbilidades.
Además, se ha atribuido un papel esencial a la filagrina (proteína estructural de la epidermis), de manera que las mutaciones en el gen de la filagrina se relacionan con inicio más precoz de dermatitis atópica y fenotipos más severos. Por otra parte están los factores ambientales.
Se ha atribuido un papel esencial a la filagrina, de manera que las mutaciones en el gen de la filagrina se relacionan con inicio más precoz de dermatitis atópica y fenotipos más severos
Así, la aparición de brotes de dermatitis atópica se ha relacionado con la fotoexposición solar, climas secos, bajos niveles de vitamina D, estrés emocional, exposición al humo de tabaco y polución.
Por último, el microbioma. El deterioro de la barrera epidérmica en la dermatitis atópica no solo favorece la pérdida de agua transepidérmica, provocando sequedad cutánea y prurito, sino que también crea un entorno propicio para la colonización microbiana, especialmente por S.aureus, contribuyendo a la perpetuación del estado inflamatorio, así como a la activación sostenida de la respuesta inmunitaria tipo Th2.
La colonización por S.aureus se ha asociado a una mayor frecuencia de brotes, lo que refuerza el papel de este microorganismo en la fisiopatogenia de la dermatitis atópica.
¿A qué zonas afectan con más frecuencia las lesiones características de la dermatitis atópica? ¿Cuáles pueden afectar más a la calidad de vida de los pacientes?
En la dermatitis atópica en los adultos, es muy frecuente la afectación en cabeza y cuello. Estas zonas están más expuestas a irritantes como cosméticos, tintes capilares, fotoprotectores solares, perfumes o jabones.
La dermatitis atópica en cabeza y cuello es más difícil de tratar y es por ello que es esta localización la que más afecta a la calidad de vida de las personas, debido a su alta visibilidad y el impacto que esto tiene, tanto en el plano físico como el emocional.
La dermatitis atópica en cabeza y cuello es más difícil de tratar y es por ello que es esta localización la que más afecta a la calidad de vida de las personas
¿Cómo de frecuente es la dermatitis atópica en cabeza y cuello que comentaba dentro de las áreas difíciles de tratar? ¿Por qué es tan importante el abordaje en esta zona del cuerpo?
Es muy frecuente, especialmente en adultos, pudiendo presentarse aproximadamente en el 70%. Como comentaba anteriormente, además del plano físico, el hecho de tratarse de una zona visible puede generar estigmatización.
Este componente emocional y psicosocial resulta complejo de gestionar, más en la adolescencia, debido a la etapa de desarrollo vital en la que se encuentran los pacientes. Es muy complicado el abordaje de esta localización, porque especialmente en esta zona, la dermatitis atópica puede complicarse con una dermatitis alérgica de contacto (por sensibilización a componentes de las cremas que habitualmente utilizan los pacientes) o sobreañadirse otras dermatosis como dermatitis seborreica o rosácea.
Además, algunos tratamientos que utilizamos en el control de la patología pueden producir paradójicamente flares o exacerbaciones de dermatitis atópica en la cara, lo que complica su control. Es por ello que se vuelve fundamental que el tratamiento en esta zona se aborde de manera personalizada e individualizada para cada paciente.
Se vuelve fundamental que el tratamiento en esta zona se aborde de manera personalizada e individualizada para cada paciente
Más allá de la sintomatología física, ¿cómo afecta la patología a la calidad de vida de los pacientes, incluyendo esferas como la emocional o la social?
La dermatitis atópica influye en la esfera psicológica y emocional, y se relaciona con mayores niveles de estrés, ansiedad y depresión. Esto último no solo produce un impacto en la vida de los pacientes, sino también en la de sus familiares y seres queridos que les rodean.
Cuando se afectan áreas visibles (como la cara y cuello) produce también estigmatización, e incluso evitación de actividades sociales o deportivas. Por otra parte, el intenso picor y falta de descanso nocturno se relaciona con dificultad de concentración en el trabajo o estudios, y menor productividad.
La dermatitis atópica presenta un patrón fluctuante con períodos de brotes y remisión. ¿Qué importancia tiene el control de la patología y cómo influye poder evitar estos brotes? ¿Qué opciones terapéuticas hay disponibles?
El tratamiento de la dermatitis atópica va dirigido al control de los brotes y también a su prevención; el tipo de tratamiento viene determinado por la gravedad de estos brotes (que depende de la extensión, localización y síntomas que produce) y la presencia (o no) de comorbilidades.
El tratamiento de la dermatitis atópica está estandarizado. En el primer escalón terapéutico está la educación sanitaria (control de factores irritantes, uso de ropa adecuada como algodón y tejidos naturales y evitación de lana o tejidos sintéticos, uso de emolientes diseñados para pieles atópicas y evitación de productos perfumados).
El tipo de tratamiento viene determinado por la gravedad de estos brotes (que depende de la extensión, localización y síntomas que produce) y la presencia (o no) de comorbilidades
En el segundo escalón terapéutico están los tratamientos tópicos, que son utilizados en dermatitis atópica leve, y son los corticoides tópicos y los inmunomoduladores tópicos. En el tercer escalón terapéutico están los tratamientos sistémicos, convencionales y avanzados, así como la fototerapia, utilizados para el control de la dermatitis atópica moderada-grave.
¿Qué comorbilidades tiene asociada la dermatitis atópica? ¿Cómo se configura el trabajo entre especialidades para dar respuesta a todas ellas?
Las comorbilidades de la dermatitis atópica pueden ser atópicas y no atópicas. El término atopia se utiliza para designar las manifestaciones clínicas relacionadas con mecanismos de hipersensibilidad tipo I (Ig E mediadas). En concreto, la dermatitis atópica se asocia a comorbilidades atópicas tales como el asma, la rinoconjuntivitis alérgica, las alergias alimentarias y la esofagitis eosinofílica.
Además, la dermatitis atópica suele ser la primera manifestación de la atopia; y se conoce como marcha atópica la evolución secuencial de las distintas manifestaciones de la atopia (apareciendo después la alergia alimentaria, asma bronquial y rinitis alérgica).
La dermatitis atópica se asocia a comorbilidades atópicas tales como el asma, la rinoconjuntivitis alérgica, las alergias alimentarias y la esofagitis eosinofílica
El desarrollo de dermatitis atópica precoz se considera un factor de riesgo para cualquier enfermedad atópica, especialmente cuando las manifestaciones cutáneas son persistentes y se acompañan de multisensibilización y de historia familiar. Entre las comorbilidades no atópicas se encuentran las comorbilidades neuropsiquiátricas, cardiovasculares, enfermedad neoplásica y enfermedades autoinmunes.
Los pacientes con dermatitis atópica tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedades psicológicas como depresión, ansiedad e ideas suicidas, debido a los problemas de sueño que genera el intenso prurito que ocasiona.
Los niños con dermatitis atópica tienen mayor riesgo de desarrollar trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), trastorno del espectro autista, trastornos emocionales y de conducta.
Se ha demostrado que la afectación de la calidad de vida en los pacientes y sus familias está íntimamente relacionada con la severidad de la enfermedad y que el deterioro de la calidad de vida se relaciona con el prurito y el insomnio.
La afectación de la calidad de vida en los pacientes y sus familias está íntimamente relacionada con la severidad de la enfermedad
Entre las comorbilidades cardiovasculares, recientemente la dermatitis atópica se ha asociado a obesidad y enfermedad coronaria, por lo que cabe la posibilidad de que la dermatitis atópica sea una enfermedad sistémica.
Se cree que la inflamación sistémica induciría daño vascular, que ocasionaría enfermedad coronaria y riesgo cardiovascular. La dermatitis atópica se ha asociado también a incremento de riesgo de linfoma y otras enfermedades autoinmunes como alopecia areata, vitíligo, lupus eritematoso, urticaria crónica o artritis reumatoide.
Es importante que los pacientes con dermatitis atópica sean atendidos en unidades multidisciplinares (integradas por especialistas en dermatología, neumología, alergología, digestivo, psiquiatría, psicología etc.) y el manejo de todas las comorbilidades sea de forma integral, coordinada, adecuada y suficiente.
En definitiva, ¿cuáles diría que siguen siendo las necesidades no cubiertas en el abordaje de la dermatitis atópica y desde dónde se ha de trabajar para darles respuesta?
La principal necesidad no cubierta es el abordaje integral y centrado en el paciente, que no solo trate las lesiones cutáneas de la dermatitis atópica, sino también todas las demás comorbilidades, especialmente las relacionadas con la esfera psicosocial que, además, son las que mayor impactan en la calidad de vida del paciente.
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