Keiko Fujimori | Empieza mal, por Federico Salazar

La futura jefa del Estado tiene estos méritos. Sin embargo, a pesar de tener tan manifiesta voluntad de llegar al poder, parece no tener un plan detallado de cómo sacar al país adelante.

Debe considerarse su enfoque anticorrupción. El jefe de su equipo de transferencia, Marco Vinelli, tiene una demanda civil y una investigación por presunta corrupción.

La respuesta de Fujimori es sorprendente. No parece conocer los expedientes a fondo ni hace referencia a los casos.

“Él ha aclarado estos procesos de investigación, pero yo aquí le ratifico mi confianza”, ha dicho. O sea, basta la palabra del funcionario. Ella no ha preguntado por su lado, no se ha hecho asesorar, no ha mirado los expedientes.

Fujimori lo ratifica “porque es un profesional competente, que goza de integridad y, sobre todo, que conoce el sector, sobre todo de la agricultura en la cancha”.

La acusación es sobre casos de posible corrupción. “Yo digo que goza de integridad” no es una respuesta válida. Que conozca el sector, menos. La eficiencia no compra indulgencias.

“Roba, pero hace obra” es el peor eslogan al que pudiera adherirse el nuevo fujimorismo.

Fuerza Popular en el Congreso ha hecho aprobar un cambio en el Código Penal para incorporar el delito de lesa humanidad. ¿Qué tiene que ver Keiko Fujimori? ¡Es la jefa del partido!

La modificación limita los alcances de la definición del delito. Se instituye para los casos en curso y excluye el delito para los casos en que se trata de un combate entre partes.

Según esta legislación, solo representa delito de lesa humanidad si se produce, por ejemplo, una matanza contra la población civil. Si la matanza se perpetra contra un grupo criminal, mágicamente la matanza “oficial” deja de ser matanza.

Lesa humanidad se refiere a eso: a los seres humanos. No es chic defender a un criminal, pero en el Estado de derecho los criminales también tienen derechos. O lo tomas o lo dejas.

¿Tanta preparación para producir la misma política erosiva de las instituciones? ¿Tantos años de reflexión desperdiciados? El problema no es la presidenta, sino la ciudadanía.

Esperemos equivocarnos en estas primeras impresiones. Lo que se juega no es la historia de Keiko Fujimori, sino la historia del país.

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