Cuando la presidenta electa entregue la banda presidencial dentro de cinco años, espero que el balance de su gestión no empiece con el crecimiento del PBI ni con el número de leyes aprobadas. Espero que empiece con las historias de millones de peruanos cuya vida cambió para mejor. Porque, al final, la economía no trata de cifras. Trata de personas.
Me gustaría encontrar a Pedro, un pequeño empresario que hace unos años trabajaba en la informalidad porque formalizarse significaba más trámites, más multas y más miedo que oportunidades. Hoy su empresa genera empleo, vende por Internet al mundo y paga impuestos con convicción porque tiene un Estado que simplifica, protege y acompaña. Encontrar a María, que deja cada mañana a sus hijos en una escuela pública con la tranquilidad de que recibirán una educación de calidad. Que sabe que aprenderán matemáticas, ciencias, idiomas y competencias digitales, pero también valores, ciudadanía y respeto por los demás. Ella sabe que el lugar donde nació no determinará el futuro de sus hijos. Encontrar a Rosa, agricultora de Ayacucho, que produce más con menos agua gracias al riego tecnificado, recibe asistencia técnica, utiliza semillas mejoradas, está conectada a mercados y vende junto con otros pequeños productores. Sus hijos decidieron quedarse porque descubrieron que el campo también puede ofrecer prosperidad. Encontrar a Luis, operador de una mina formal en Apurímac, orgulloso de trabajar en una actividad que genera empleo digno, respeta el ambiente y convive con las comunidades. A su alrededor surgieron proveedores locales, institutos técnicos y nuevos emprendimientos. La riqueza mineral dejó de salir únicamente por los puertos; comenzó también a quedarse en el territorio. Encontrar a Carmen, dueña de un pequeño hospedaje en Chachapoyas. Gracias a carreteras seguras, vuelos regionales, conectividad digital y una promoción inteligente del Perú, recibe visitantes durante todo el año. El turismo volvió a florecer y se convirtió en una verdadera industria nacional que genera empleo y ofrece la diversidad cultural y natural que fortalece nuestra identidad compartida. Encontrar a José, conductor de transporte público, que termina su jornada sin pagar cupos a extorsionadores y regresa tranquilo a casa. La seguridad volvió a ser un derecho y no un privilegio porque el Estado recuperó el control del territorio frente al crimen organizado. Encontrar a Ana, joven ingeniera, que decidió quedarse en el Perú porque aquí encontró oportunidades. No tuvo que emigrar para desarrollar su talento.
Si esas historias fueran reales, detrás habría decisiones económicas acertadas. Habría un país que volvió a crecer cerca del 5% anual, redujo significativamente la pobreza y la informalidad, recuperó la confianza para invertir y fortaleció una clase media capaz de mirar el futuro con optimismo. Un país que entendió que combatir las actividades ilegales no es solamente una política de seguridad, sino una política de desarrollo. Allí donde gobierna el crimen organizado no florece nada, ni siquiera la esperanza. Un Perú que aprovechó los cambios globales para consolidarse como un socio confiable del mundo. Un país abierto, atractivo para la inversión y capaz de generar mayor valor, innovación y empleo de calidad. Un Estado diferente, fuerte y presente. Con funcionarios elegidos por mérito, instituciones técnicas respetadas, trámites simples, decisiones basadas en evidencia y una gestión pública que vuelva a poner al ciudadano en el centro.
Todo ello puede resumirse en cinco grandes legados: un país más próspero, donde crecer vuelva a ser posible para todos; un país más seguro, donde la legalidad derrote a las economías criminales; un país más integrado, donde el lugar de nacimiento no determine las oportunidades de una persona; un país con un Estado que funcione, capaz de ejecutar bien los recursos de todos; y un país sostenible, que proteja su biodiversidad y su patrimonio cultural porque entiende que allí reside una parte importante de su riqueza futura.
Sería saludable que el próximo gobierno publique desde el primer día un pequeño tablero nacional con metas verificables para el 2031 en estos cinco legados. Un tablero sencillo, transparente y sujeto a rendición permanente de cuentas. Porque la mejor política económica no es la que mejora solo los indicadores, sino la que mejora las historias de millones de peruanos.












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