El líder supremo, Mojtaba Jameneí, aseguró que “el brillante futuro de la región del Golfo Pérsico será uno sin Estados Unidos” y defendió una “nueva gestión” del estrecho de Ormuz bajo influencia iraní, que —según dijo— traerá bienestar a los países de la zona.
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El mensaje fue reforzado por el presidente Masud Pezeshkian, quien advirtió que cualquier intento de bloqueo marítimo contra Irán “está condenado al fracaso”, y por el titular del Parlamento, Mohamad Baqer Qalibaf, que insistió en la idea de un Ormuz libre de la presencia estadounidense.
Estas declaraciones llegan en un momento especialmente delicado. Aunque ambos países mantienen un alto el fuego desde abril, las negociaciones no avanzan y el tránsito por el estrecho —por donde antes pasaba cerca del 20% del petróleo mundial— aún es muy reducido, lo que ha provocado fuertes fluctuaciones en los precios del crudo.
En paralelo, Washington evalúa aumentar la presión. Según ‘The Washington Post’, el Pentágono ha diseñado posibles ataques “breves y contundentes” contra Irán, que podrían incluir la toma de la isla de Kharg —un centro clave de exportación petrolera— e incursiones en zonas cercanas a Ormuz para neutralizar amenazas al tráfico marítimo. Aunque no hay una fecha definida, el informe menciona un horizonte de semanas o meses.
No obstante, aún no se sabe con certeza si el presidente Donald Trump aprobaría estas operaciones. Desde Teherán, en tanto, Qalibaf acusó a Estados Unidos de enviar mensajes de diálogo mientras prepara acciones militares, y advirtió que sus fuerzas están listas para responder.

El estrecho de Ormuz es un punto estratégico para el suministro energético y el transporte marítimo mundial.
Carta extrema
En este contexto, el analista internacional Ricardo Falla, docente de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), sostiene que el endurecimiento del discurso iraní responde a una situación límite. “Irán está perdiendo alrededor de 500 millones de dólares al día porque no puede exportar su petróleo, y eso lo está llevando a jugar una carta extrema para sobrevivir”, explica.
Para el especialista, la amenaza sobre el estrecho de Ormuz debe entenderse más como una herramienta de presión que como un objetivo inmediato. “Cerrar Ormuz es una carta de negociación extrema: un todo o nada para obligar a Estados Unidos a ceder”, afirma.
Falla advierte, sin embargo, que el riesgo de escalada es real debido a la alta militarización de la zona. “Basta una mina o un dron para generar un efecto dominó y una confrontación abierta”, señala, en referencia al corredor estratégico por donde circula una quinta parte del petróleo mundial.
En ese escenario, las consecuencias podrían ser globales. “Si estalla una guerra, el petróleo puede superar los 150 dólares y se genera un caos financiero. Y también está el impacto en los seguros marítimos”, añade.
El profesor de la UARM recuerda que, tras los atentados del 11 de setiembre del 2001, las aseguradoras tuvieron que asumir pérdidas millonarias debido a la magnitud de los daños y al perfil de las víctimas, vinculadas a grandes corporaciones.
En un escenario de conflicto en el estrecho de Ormuz, explica, el efecto podría ser similar: “las compañías de seguros tendrían que cubrir la pérdida de embarcaciones y de vidas, en operaciones vinculadas a grandes empresas petroleras”. Esto, añade, implicaría un incremento significativo en los costos del sector y una mayor presión sobre la economía global.
En cuanto a la dureza del discurso de los líderes iraníes, el analista considera poco viable un Golfo Pérsico sin presencia estadounidense en el corto plazo, aunque reconoce su valor estratégico. “No es realista en términos económicos, pero sí es eficaz en una negociación asimétrica”, indica.
Un eventual control total del estrecho de Ormuz por parte de Irán podría sentar un precedente peligroso a nivel global. Si se consolida la idea de que un país puede restringir el paso por rutas estratégicas, se pondría en cuestión el principio de libre navegación que rige el comercio internacional. Esto, explica falla, abriría la puerta a que otros puntos clave —como el canal de Suez o el estrecho de Malaca— enfrenten situaciones similares, afectando el orden jurídico y económico global.

Iraníes ondean banderas nacionales bajo una gran valla publicitaria que reza «El estrecho de Ormuz permanece cerrado» mientras la gente se reúne en la plaza de la Revolución de Teherán, el 8 de abril de 2026. (ATTA KENARE / AFP) /
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Futuro político y supervivencia de un régimen
El estancamiento de las negociaciones, en tanto, responde a que ambos actores tienen mucho en juego. “Para Irán está en riesgo la supervivencia del régimen y para Trump su futuro político, por eso ninguno cede”, apunta Falla.
En el caso de Estados Unidos, Trump enfrenta un escenario electoral cercano en el que necesita mostrar resultados concretos, por lo que una falta de avances —o una eventual concesión frente a Irán— podría ser leída como una derrota. Para el analista, esto limita su margen de maniobra: el presidente no solo se juega el resultado del conflicto, sino también el posicionamiento de su partido de cara a las próximas elecciones.
Para Irán, en cambio, se trata de una cuestión existencial. El régimen enfrenta una fuerte presión económica y militar, por lo que el conflicto no solo se juega en el plano geopolítico, sino en su propia supervivencia. En ese contexto, advierte el analista, Teherán podría estar dispuesto a asumir mayores riesgos para sostenerse, incluso si eso implica escalar la tensión en la región.
Así, el conflicto se mantiene en un equilibrio inestable, marcado por amenazas crecientes y sin avances claros en el diálogo. “Es un jaque directo a Estados Unidos, pero no sabemos cuánto tiempo puede durar”, concluye el analista.













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