El comandante PNP en retiro Miguel Canga– comisario de Andahuaylas cuando Antauro Humala tomó la sede policial- consideró que los deudos de la asonada no han encontrado justicia plena. Agregó que cuando fue liberado tuvo “un momento de alegría y tristeza a la vez”. “Alegría porque estábamos saliendo con vida, pero triste porque cuatro hermanos policías habían caído”.
En entrevista con “Tenemos que Hablar”, video podcast de El Comercio, Canga sostuvo que los etnocaceristas “remataron” a los policías víctimas del ‘andahuaylazo’.
— ¿Tuvieron información de Inteligencia sobre los etnocaceristas? Para llegar a Andahuaylas tenían que hacerlo en carretera.
Mire, en Andahuaylas se celebra la llegada del niño Jesús, pero en tres oportunidades: 24, 25 y 31. Entonces, en estos días llega una multitud de gente enorme a la plaza de armas. El 30 de diciembre [de 2004] a mí me llega información sobre un pase de droga de 400 kilos. Entonces, yo le informo al fiscal y le digo al capitán Villafuerte, él era el encargado de la investigación criminal de que esté al tanto. El mismo día me llaman y me dicen que había 40 personas que estaban alojadas en un hostal del distrito de San Jerónimo.
Entonces, el capitán va con el fiscal a ver si era cierta la información que tenía y, efectivamente, habían 40 personas, pero no eran narcotraficantes, sino etnocaceristas. Se les encontró un pantalón militar camuflado y una bala de un fusil Fal. El capitán me da cuenta de eso y yo le digo: “¿Y qué dispuso el fiscal?” “Que le vamos a tomar su declaración a todos”, respondió.
— ¿Esa fue una primera señal de alarma?
En la declaración que ellos [los etnocaceristas] dan en la comisaría indican que se iban a un congreso en el Cusco y que iban a pasar por Abancay. Por ello, se les dio libertad, porque no había motivo de detención. Pero mi gente de Inteligencia, los siguió el 30 y 31 de diciembre. Y este personal me dice que los etnocaceristas habían charteado un camión y que se iban a dirigir a Abancay.
— ¿Usted informó sobre esta situación al Ministerio del Interior o a la comandancia general de la Policía Nacional?
Llamé a los canales de Inteligencia: DINI, DIRIN y DIGIMIN. Los llamé para saber si tenían algún conocimiento, y si iban a hacer algo sobre este movimiento y me dijeron “negativo, que no había nada”. Y luego llamé al capitán, al jefe de Carreteras y pregunté: “¿han pasado por ahí?” y me dice que “sí, mi mayor, han pasado por acá y están camino a Abancay”. Luego a la medianoche me vuelven a llamar y me dicen: “Canga, no han pasado, no han llegado acá”.
— Y para llegar a Cusco tenían que pasar por Abancay…
Sí, entonces, se supuso que estaban celebrando el Año Nuevo por las alturas […] Y el evento por la llegada del niño Jesús se hizo hasta las 3:30 a.m. del 1 de enero. Yo estuve en la plaza de armas con el (ahora ex) congresista Edgar Villanueva…
— ¿En qué momento se da la toma de la comisaría? ¿Y cómo se entera usted?
Yo estoy acá, porque quiero aclarar cómo fue la toma de la comisaría. Antauro Humala dice que la toma fue en forma pacífica, porque los señores de la comisaría estaban borrachos, pero quiero desmentir este hecho. La toma de la comisaría fue con armas prestadas […] Y una persona se acerca a donde un oficial [de la Policía] y le dice “feliz año oficial”, esta persona ve que tenía cuatro rayas [en sus galones] y esto significa mayor y el policía le responde “feliz año mi mayor”. Este personaje era Antauro Humala y a la mala le avienta el arma que tenía El Centinela cruzada en el pecho y cuando el policía quiere agarrar su arma, ya no puede. Y las huestes [del etnocacerismo] entraron, lo golpearon.
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— ¿Pero hubo disparos de por medio o la toma se dio sin disparos?
Los demás [policías] que estaban adentro sí repelieron el ataque, la entrada, incluso dos policías resultaron heridos en la toma. Por ejemplo, al teniente Sergio Ortiz le entró una bala por la espalda y le salió por el pecho. Gracias a Dios que no perjudicó ningún órgano vital. Entonces, que no diga este señor que la toma fue pacífica. Acá yo tengo una foto, donde se le ve portando un fusil. Ese armamento que usted ve ahí, nosotros no teníamos en la comisaría.
— Usted ha referido que no se encontraba en la comisaría cuando fue tomada. ¿Tras este hecho, qué decisión adopta?
Yo estaba en mi casa, a dos cuadras de la plaza de armas y cuando me estoy cambiando, eran las 4:30 a.m., mi suegra, que en paz descanse, me dice: “Miguel, te están buscando dos policías que están con cara de asustados”. Cuando salgo me comunican que la comisaría está siendo asaltada por personal militar. Agarró mi arma y me dirijo a la comisaría […] Vi que salía humo. Cuando entré, mis colegas estaban tirados en el piso. Y ahí siento un golpe en la espalda, con una cacha de un fusil y me noquean un rato. Yo pensé que eran del Ejército.
— ¿Pero no asoció el hecho con la información que tenía sobre los etnocaceristas que nunca llegaron a Cusco?
No, hasta ese momento no. Pero cuando ví que en la frente tenía una vincha que decía “Ollanta” y que estaban camuflados, ahí me di cuenta de que eran los etnocaceristas. Les dije que el humo del gas lacrimógeno nos estaba esperando y ahí nos sacaron afuera a todos, a los 12 que estábamos ahí detenidos. Y a los lejos vi un patrullero, yo pensé que nos venían a rescatar, pero cuando me doy cuenta encima del patrullero venía un fulano con una bandera del Tahuantinsuyo. ¿Y quién era? El miserable de Antauro Humala.
En entrevista con “Tenemos que Hablar”, video podcast de El Comercio, Canga sostuvo que los etnocaceristas “remataron” a los policías víctimas del ‘andahuaylazo’. (Foto: Hugo Pérez/ El Comercio)
— ¿Cómo fueron las primeras horas del secuestro en el andahuaylazo? ¿Usted como el comisario pudo hablar directamente con Antauro Humala?
Sí, cuando llega este señor nos meten adentro, donde estaba la sección de tránsito. Ahí Antauro Humala me da un papel y me dice “firme tu carta de sujeción, tú ya estás de baja”. Entonces, yo me sorprendo. Me dio un documento para que yo me sujete a ellos.
— ¿Para qué se sume a los etnocaceristas?
Así es, yo agarré el documento, lo hice bolita y se lo tiré a la cara. Nos quisimos agarrar a golpes en ese momento, pero sus huestes no lo permitieron. Yo tenía una pistola Star y le dije a Antauro Humala: “Si eres tan valiente, por qué no me devuelves mi arma y vamos al patio y nos agarramos a balazos”.
— ¿Y cuál fue la respuesta de Humala?
Nos metieron al calabozo que estaba al frente de la oficina de tránsito. Los cuatro días [del andahuaylazo] estuvimos en el calabozo. La verdad que fueron momentos dramáticos, momentos que no les deseo a nadie, porque en cada momento nos venían a amenazar que nos iban a matar, entraban y nos golpeaban, nos pisoteaban y nos insultaban.
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— El 2 de enero ocurre la muerte de cuatro policías. ¿Cómo se entera usted de esto?
El día 2 de enero de 2005 se escucharon disparos. Para nosotros, supuestamente nos estaban viniendo a rescatar, pero ellos, los antauristas llegaron haciendo bullas, dando vivas al etnocacerismo. Y ahí le dan cuenta a Antauro Humala y le dicen: “hemos matado a cuatro policías”. Y Antauro Humala da vivas y comenta: “hemos matado a cuatro perros sirvientes del Estado”. Esas fueron sus palabras. Nosotros que estamos en el calabozo hicimos bulla y le gritamos: “oiga, nosotros no somos perros, somos del pueblo”. Y ahí vinieron sus huestes, de vuelta, y nos amenazaron con dispararnos. Hay un informe de la Policía sobre los graves atentados contra los derechos humanos.
— ¿Por qué ese informe no se judicializó?
La verdad no sé, eso ya fue manejo político. Inclusive, dijeron que nos iban a felicitar, a condecorar, pero eso nunca se dio. Yo estoy acá presente, porque quiero decir la verdad, Antauro Humala ha dicho que tomó la comisaría de forma pacífica, que no hubo disparos y que nosotros estábamos borrachos, pero es falso.
— Antauro Humala, finalmente, se entregó a la Policía. ¿Cómo se negoció esto?
Yo quiero hacer una mención especial al teniente general PNP Félix Murazzo, desde que él llegó a Andahuaylas comenzó a hacer un trabajo con Antauro Humala y logró su objetivo, lo quebró. En el tercer día, cuando salió Antauro Humala [para hablar con Murazzo], y regresa solo a decir que “ya hemos logrado nuestro cometido, vamos a rendirnos y a deponer las armas”. Pero las facciones de Cusco, Puno y Ayacucho le dijeron que “no”, que de la comisaría los sacaban con los pies para afuera. Esa fue su debacle. Ahí lo vi desencajado. Se fue al costado y habló con el capitán Paiche, que era su segundo y se despidió de él.
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— Y tras la detención de Humala, ¿cuál fue la postura que asumen los etnocaceristas?
Ellos no sabían de la entrega, se enteraron por la radio. Fue una noche larga [del tercer al cuarto día] y un momento difícil para todos. ¿Por qué? Porque habían matado a un etnocacerista. Y nos amenazaron. Fue el momento más crucial, porque delante de nosotros se pusieron cinco y rastrillaron sus armas y decían: “los vamos a matar”. Había una etnocacerista que sí nos trataba bien, ella intercedió ante el capitán Paiche y no sucedió más.
— La situación no escaló más.
No fue más allá. Entonces, se calmaron los ánimos y, en la madrugada del cuarto día, se acerca al calabozo el capitán Paiche y llorando me dice: “mayor quiero deponer las armas, pero lo que queremos es que nos aseguren nuestras vidas”. Yo le pedí que me saqué y que me dé un teléfono para hablar con el general Murazzo. Entonces, me sacaron y me llevaron al hotel y desde ahí llamó a Murazzo y le comentó que los etnocaceristas querían deponer las armas, pero lo que quieren es asegurar su vida. El general Murzzo me dijo que ponga el altavoz y ahí él afirma: “aseguro que no les va a pasar nada, deponen las armas y nadie va a tocarles un pelo”.
— ¿Ahí se pone punto final al ‘andahuaylazo’?
Claro, ellos ya no me meten al calabozo, y Paiche convence a todos y comienzan a dejar las armas. Y hacen vivas al general Murazzo. ¿Por qué? Porque estaban vivos. Ellos tenían miedo de que los generales Williams Zapata y Guibovich ingresen a la comisaría, porque eso iba a ser una matanza. Eso iba a ser la muerte de muchos etnocaceristas y, posiblemente, de nosotros.
— Hace unos días se hizo viral un video por “la celebración” de los 20 años del andahuaylazo. En esta participaron Antauro Humala y Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú. ¿Cómo lo interpreta?
La verdad me ha dolido, porque estas personas inhumanas están celebrando la muerte de cuatro efectivos policías, no están celebrando el andahuaylazo, no están celebrando la toma de la comisaría, están pisoteando la honra de cuatro policías. Para mí, son unos miserables, los dos, porque cómo van a pisotear la honra. Ayer (domingo), que fue Día de la Madre, estuve con el papá del capitán Cahuana, imagínese cómo se siente la esposa del capitán y las de los otros efectivos.
Yo no he venido a decir que voten por él o que voten por el otro. Lo que quiero decirles a los seguidores de este señor [Antauro Humala], a los reservistas, es que piensen, ¿a dónde llegaron después de la toma de la comisaría? A una prisión. Estuvieron detenidos varios años por solamente seguirlo. Imagínese a dónde nos quiere llevar este señor.
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La toma de la comisaría de Andahuaylas fue un asalto a mano armada, no ha sido una gesta política. Asaltar una comisaría es terrorismo. Y acá lo tengo [muestra el atestado policial], acá dice delito contra la tranquilidad pública, terrorismo. Y pone como presunto autor a Antauro Humala. ¿Por qué delito fue condenado Antauro Humala? Por homicidio. Primero le dieron 25 años de cárcel y en el 2011, cuando su hermano ya era presidente, le bajaron la pena a 19 años.
— ¿Cree que hubo justicia plena para los deudos del andahuaylazo?
Yo admiro al papá del capitán Cahuana, al señor Adolfo Cahuana, porque esta lucha la tiene hace 21 años y, hasta ahora, no encuentra justicia plena. Porque no solo se trata de meterlo preso al señor, sino que tenía que reivindicar a su hijo y no está luchando por él [cuando pide el pago de la reparación civil], él no va a ganar nada, porque la que va a ganar, a la que le van a dar el dinero es a la esposa de su hijo y a sus nietos.
— ¿Qué sintió cuando los etnocaceristas entregaron sus armas y liberaron a todos los policías?
La verdad fue un momento de alegría y de tristeza a la vez. Alegría porque estábamos saliendo con vida, de una situación peligrosa, pero triste porque cuatro hermanos policías habían caído. Ellos [los etnocaceristas] dicen que esto ha sido una guerra, pero cuando uno se rinde, ya no le pasa nada. Pero a ellos [a las cuatro víctimas] los remataron. Y no pueden decir que los disparos fueron hechos por miembros del Ejército, los francotiradores del Ejército llegaron el 2 de enero a las 3:10 p.m., pero el asesinato de los cuatro policías sucede a las 4:30 a.m. o 5 a.m.













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