En una de las elecciones más enrevesadas de este siglo XXI en el Perú, la única certeza que teníamos era la incertidumbre, pero resulta que había otra: cinco millones de jóvenes con teléfono en mano, listos para decidir sin que nadie se los pidiera.
A solo tres días de cerrar uno de los procesos electorales más peliagudos de los últimos tiempos, la única certeza que teníamos era que el país estaba partido en dos. No en dos mitades simétricas y razonables, sino en dos ‘naciones’ que no se hablan, no se ven y que, cuando se encuentran, no se reconocen. Dos Perúes con visiones distintas del futuro e interpretaciones absolutamente divergentes sobre qué merece ser prioridad en los años que vienen. Esa fractura es el telón de fondo que recibirá a quien sea elegido este domingo 7 de junio.
Pero hay otra evidencia, más incómoda y estimulante: contrariamente a lo que piensan las clases dirigentes, los politólogos y la ‘intelligentsia’ de ambas ‘naciones’, la gente joven –y en particular los Z– sí se interesa por la política. Basta ver la avalancha de tendencias (‘trends’) que circulan en este momento por TikTok e Instagram con relación al voto.
Más allá de calificar si cada ‘trend’ es el idóneo, lo cierto es que esa población será, en mi opinión, la que defina una elección apretadísima este fin de semana. Con sus memes, sus canciones, sus ‘reels’ de 20 segundos y su energía chacotera.
Esta situación debería hacernos reflexionar sobre la urgencia de abrir más espacios de participación para esos 5,3 millones de personas de entre 18 y 25 años que representan el 19,4% del padrón electoral.
Porque el problema no es la apatía, sino que en el Perú existen hoy 82 servicios públicos vigentes destinados a personas de entre 15 y 29 años, según el aplicativo ApliJoven de la Secretaría Nacional de la Juventud y el Ministerio de Educación. ¡82! Y, aun así, seis de cada diez jóvenes quieren irse del país, según el informe “Volando sin retorno” del IEP. El Estado les ofrece una carta de servicios; la realidad les ofrece hospitales sin agua, escuelas que se derrumban y una precariedad que no distingue región ni partido.
Entonces, ¿para qué sirven 82 servicios que no funcionan, no llegan o nadie conoce? Para nada. Y los jóvenes lo saben. Por eso buscan su voz donde sí les prestan el micrófono: en las plataformas digitales, en los ‘trends’, en los ‘hashtags’ que ningún asesor de campaña, ministerio y gremio supo leer a tiempo.
Colofón: ¿no será que el Acuerdo Nacional podría ampliar su convocatoria e incluir a esas organizaciones juveniles formales e informales? ¿No será que en el Perú ya existe una masa crítica de ‘hackers cívicos’, ciudadanos digitales que sí quieren –y pueden– cambiar las cosas, aunque no los tomen en cuenta? Al menos, ya sabemos que sí están definiendo arrasadoramente al próximo presidente.
*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.












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