Durante la última década el país se ha sumido en un estado de parálisis política. Desde el 2016, cuando se vieron enfrentados el gobierno de PPK y el Congreso de mayoría fujimorista, no hemos podido sacudirnos de la constante tensión entre ambos poderes del Estado, tanto así que hemos tenido ocho presidentes hasta hoy.
Pareciera incluso que muchos se han convertido en aficionados espectadores de esta lucha libre que nunca acaba. Hoy se promueve la idea de que para ser oposición uno tiene que aplicar los recursos más severos contra el presidente de turno, sin importar el contexto político. Se argumenta también que para salvaguardar el equilibrio de poderes hay que evitar a toda costa que quien está a la cabeza del Ejecutivo también ejerza poder dentro del Legislativo, y viceversa. Asimismo, se satanizan los acuerdos políticos (“pactos”, si uno quiere usar la nomenclatura de moda) necesarios para lograr un mínimo de gobernabilidad.
Estas premisas buscan distorsionar principios fundamentales para toda democracia y crean un nuevo estándar tan absurdo que, si fuera aplicado fuera de nuestras fronteras, dejaría descalificadas a la gran mayoría de democracias en el mundo.
Se trata de una forma de entender la democracia que ha sido demostradamente nociva para el país, pues en la práctica no nos ha permitido avanzar con dirección, condenando al Perú a mantenerse a flote gracias a una inercia involuntaria. Y es así porque lo que buscan quienes promueven estas ideas no es gobernabilidad, sino confrontación, caos y descontento para pescar en río revuelto. La estrategia de siempre.
Por ese motivo, resulta preocupante que haya voces que buscan perpetuar esta distorsión, exigiendo a Fuerza Popular ceder por completo las mesas directivas de ambas cámaras. Quizás no sorprenda viniendo de la izquierda radical que ya anunció guerra abierta contra el próximo gobierno, pero llama la atención que este pedido sea suscrito por Jorge Nieto y su bancada, quienes se identifican como “centro democrático”.
Exigir que Fuerza Popular no esté siquiera presente en las fórmulas bajo el argumento de que hay que “reestablecer” el equilibrio de poderes no tiene fundamento. Primero, porque FP no tiene mayoría en ninguna de las cámaras y necesita formar una coalición y, en segundo lugar, porque no existe un desequilibrio que corregir. Además, tomando en cuenta que la izquierda ya ha confesado que busca boicotear al gobierno entrante, sería irresponsable.
Por el contrario, si la experiencia política reciente nos ha enseñado algo es que formar una coalición favorable al oficialismo es un deber ineludible para las bancadas que quieren que el Perú recupere el rumbo.










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