Los fenómenos de El Niño no son recientes en la costa peruana. Se conocen desde los tiempos prehispánicos, como también se conoce la furia de la naturaleza. Por ello que, entre los fenómenos naturales es, con los terremotos, en el que más deberíamos invertir en prevención.
Para aplacar la naturaleza, los moches recurrían a sus dioses y a los sacrificios para calmarlos, pero actualmente tenemos instrumentos que los moches o los chimús no tenían: contamos con datos acumulados y herramientas tecnológicas que pueden ayudar en la prevención y en la mitigación de los efectos de este El Niño. Sea desde la tecnología satelital que permite el seguimiento de las corrientes o los modelos de predicción que ya se han desplegado en diversos países, fundamentalmente con el trabajo de la NOAA.
En el Perú está el PerúSAT-1, bajo responsabilidad de la Agencia Espacial del Perú. Su información de monitoreo es fundamental para analizar su impacto. En la parte del mar y su impacto sobre la vida marina está el Imarpe, y dentro de esta entidad se encuentra la Comisión Multisectorial encargada del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño.
Además, está la información georreferenciada, con modelos de impacto en costas y en la población que vive del mar o que está cerca de cuencas afectadas por lluvias. Acá es fundamental el uso de Data Analytics y, en especial, modelación de inteligencia artificial para brindar análisis preventivos sobre la base de información ya existente en el Estado.
¿Pero con tanta tecnología y herramientas digitales estamos preparados? Me gustaría decir que deberíamos estarlo; sin embargo, la falta de diálogo, tanto del gobierno nacional como de los gobiernos regionales y locales, y la dispersión de información o que esta solo sea accesible para algunos círculos científicos, impiden que la información fluya y, con ello, que otros actores sociales, empezando por las universidades y sector privado, puedan aportar en el análisis preventivo.
Hay que añadir que herramientas, como el Sismate, bajo responsabilidad del Indeci, deben estar listas para brindar información segmentada por zonas. Esto obliga a preguntarnos por la ciberseguridad de los instrumentos antes mencionados, y evitar que generen caos en un proceso que debe ser ordenado.
El gobierno electo empieza con un gran reto, posiblemente con un El Niño de gran impacto, pero se requieren esfuerzos coordinados y un uso adecuado de la tecnología para el servicio de la población. De cómo enfrente este fenómeno dependerá, posiblemente, su relación con la población en los siguientes años de gobierno, más aún cuando fue una zona que le brindó apoyo electoral y con un gran potencial agroexportador.












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