Las recurrentes tensiones entre el gobierno de Javier Milei y la prensa argentina han llegado a un nuevo nivel. El jueves 23, el Ejecutivo bloqueó el ingreso de todos los periodistas acreditados en la Casa Rosada —sede del Poder Ejecutivo— y presentó una denuncia penal contra dos reporteros. La medida marca una escalada en la confrontación entre la presidencia y la prensa que podría tener serias consecuencias.
La decisión implicó desactivar el sistema de identificación por huellas dactilares que permitía el acceso diario de los corresponsales nacionales y extranjeros acreditados. La sala de prensa permaneció cerrada durante toda la jornada, en un hecho que varios periodistas calificaron como inédito.
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“No mandaron ninguna comunicación, nos vamos enterando a medida que queremos ingresar. Nunca ha pasado esto ni siquiera durante la dictadura”, expresó a la agencia EFE Silva Mercado, periodista acreditada en la Casa Rosada.
“Hasta el momento, no tuvimos ninguna comunicación oficial sobre por qué la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei (hermana y mano derecha del presidente) decidió prohibir el ingreso a los periodistas y cerrar arbitrariamente la sala. Nunca en la historia democrática nacional ocurrió algo de este calibre”, afirmó, por su parte, Tatiana Scorciapino, periodista del diario Tiempo Argentino.

Fotografía de archivo de la Casa Rosada, sede del Gobierno argentino, en Buenos Aires (Argentina). Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni
Argumento oficial
El origen de la medida apunta a razones de seguridad. El secretario de Comunicación, Javier Lanari, sostuvo que la decisión responde de forma preventiva a una denuncia por «espionaje ilegal» presentada por Casa Militar, encargada de la custodia presidencial. Según afirmó, el objetivo es «garantizar la seguridad nacional».
El detonante fue la denuncia contra los periodistas Luciana Geuna e Ignacio Salerno, del canal TN, tras la emisión de un informe con imágenes grabadas dentro de áreas restringidas del recinto. El gobierno argentino sostiene que se trató de una filmación obtenida sin autorización que podría vulnerar normas vinculadas a la seguridad del Estado.
El gobierno ya había advertido antes sobre supuestas operaciones en su contra. Fuentes oficiales han vinculado la investigación a una presunta red de espionaje rusa que habría promovido campañas mediáticas contra Javier Milei en el 2024.

Fotografía de archivo del presidente de Argentina, Javier Milei. Foto: EFE/ Juan Ignacio Roncoroni
El propio Milei respaldó públicamente la denuncia con un mensaje en redes sociales, donde afirmó que «se acabó la impunidad» y calificó a los periodistas involucrados con duros términos.
“BASURAS REPUGNANTES. Me encantaría ver a esas basuras inmundas que portan credencial de periodistas (95%) que salgan a defender lo que hicieron estos dos delincuentes. Espero que esto llegue hasta los máximos responsables. CIAO!”, escribió el mandatario en la red social X el pasado miércoles, mientras se encontraba en Israel.
No es la primera vez que el mandatario recurre a ese tono: desde su llegada al poder, en diciembre del 2023, ha mantenido una relación áspera con los medios, a los que acusa de impulsar campañas en su contra. En decenas de publicaciones, Milei repite la sigla «NOLSALP», que significa «No odiamos lo suficiente a los periodistas».
En el 2025, el presidente presentó denuncias por injurias contra varios periodistas y figuras mediáticas, aunque algunas de ellas fueron desestimadas por la Justicia. En su reciente informe mundial, Amnistía Internacional alertó sobre los «procesos penales y maniobras de acoso judicial» contra periodistas en Argentina.
Escalada del conflicto
El analista y politólogo argentino Santiago Rodríguez Rey señala a El Comercio que este no es un episodio aislado, sino parte de una escalada en la relación entre el gobierno y los medios, y define esta tirantez como una especie de «guerra fría». En esa línea, y siguiendo la metáfora, sugiere que «ahora estamos en una crisis de los misiles», en referencia al punto más álgido de las tensiones.
El analista coincide con la percepción de los periodistas acreditados y subraya que se trata de un hecho sin precedentes recientes. “[Desde que estamos] en democracia, que la restricción sea generalizada —que no entre nadie a la Casa de Gobierno— es lo que lo vuelve inédito», sostiene.
En esa línea, considera que la decisión de bloquear el acceso a la prensa trasciende el argumento de seguridad. «Esto es una reacción del gobierno para alejar a los medios y mostrarles que, en algún punto, la Casa Rosada es su casa y se ordena a su manera», afirma a El Comercio.
Rodríguez Rey también advierte un cambio en la forma en que el Ejecutivo se relaciona con los medios. Según explica, en los primeros meses existía un canal más claro de comunicación, canalizado por Manuel Adorni, entonces vocero presidencial, pero ese interlocutor se ha diluido —en medio de cuestionamientos que alcanzan a la cúpula del gobierno—, lo que ha derivado en mayores roces y una gestión más conflictiva del vínculo con la prensa.
“En general, los presidentes anteriores han mantenido una relación más fluida con la prensa, ya sea mediante un diálogo directo —como en los casos de Carlos Menem, Raúl Alfonsín o Néstor Kirchner— o a través de una intermediación clara, como ocurrió durante el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, donde la comunicación recaía principalmente en su jefe de Gabinete», señala.
En el escenario actual, ese rol aparece desdibujado o ausente, lo que ha contribuido a un mayor nivel de fricción.

Uno de los fines de semana largo se dará en febrero por carnaval, aunque los festejos este 2021 no están garantizados por el Covid-19. (Foto: Pixabay)
¿La medida del gobierno está justificada? Desde una perspectiva institucional, el experto considera que podría haber superado un límite. «No permitir el ingreso a los periodistas acreditados en las áreas destinadas para ellos dentro de la Casa Rosada está cruzando una línea», advierte.
El analista explica que, aunque existían reglas sobre por dónde podían moverse los periodistas, en la práctica se aplicaban con mayor flexibilidad. En la actual administración, esa dinámica fue cambiando: primero se recortaron espacios, luego se adoptó una postura más estricta y ahora se ha llegado al bloqueo total.
El problema, sostiene, no es la existencia de reglas, sino el cambio abrupto de un modelo flexible a uno restrictivo.
Además, el momento en que ocurre este episodio agrava su impacto. «Si esto ocurriera en un momento de fortaleza, sería una gota en el agua. El problema es que hoy se da en un contexto de cuestionamientos al crecimiento, con una caída económica de más del 2% interanual en febrero y una inflación que se mantiene por encima del 3% sin continuar su descenso», comenta.
La relación entre Javier Milei y los medios de comunicación no muestra señales de distensión. Según el analista, aunque la confrontación fue parte de la narrativa de campaña del hoy mandatario, en sus inicios estaba dirigida a sectores específicos. «No era solo cuestionar por cuestionar, sino responder a lo que se consideraba un apoyo irrestricto al kirchnerismo por una parte importante de la prensa», explica Rodríguez Rey. Sin embargo, advierte que el escenario ha cambiado: «Hoy también se posicionan frente a periodistas que antes mantenían una postura más moderada en la crítica».













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