
El Salon de l’Horloge (Salón del Reloj), ubicado en el Quai d’Orsay de París, es una de las salas históricas más emblemáticas de Francia. En 1919, fue escenario de una sesión clave de la Conferencia de Paz de París, donde se dio origen a la Sociedad de Naciones, antecedente directo de la actual Organización de las Naciones Unidas.
Sin embargo, 54 años antes, ese mismo salón fue escenario de otro acontecimiento trascendental. Representantes de 20 países europeos se reunieron para estandarizar las comunicaciones telegráficas y, el 17 de mayo de 1865, nació la Unión Internacional de Telecomunicaciones, fecha que más adelante sería adoptada como la conmemoración del Día Mundial de las Telecomunicaciones.
En el Perú, esta fecha tiene una relevancia especial. Desde tiempos del incanato, las comunicaciones fueron esenciales para conectar y administrar el enorme territorio del Imperio Inca. Algunos especialistas atribuyen su éxito no solo a la fortaleza militar, sino también a su capacidad para comunicar, integrar y transmitir conocimientos entre sus pueblos.
Además de su importancia política, las comunicaciones permitieron compartir saberes agrícolas, técnicas de construcción y expresiones culturales, convirtiéndose en una herramienta clave para la integración y el desarrollo del mundo andino.
No resulta descabellado decir que el Qhapaq Ñan o los famosos Chasquis —corredores entrenados que permitían que la información viajara rápidamente por todo el imperio incaico— eran el equivalente a las actuales redes de fibra óptica o el internet. El impacto político, económico y social de las telecomunicaciones no es exclusivo de este siglo.
El progreso tecnológico que vivimos continúa transformándose día a día. Las telecomunicaciones facilitan la transmisión de conocimientos, vínculos sociales, educación, oportunidades de desarrollo económico e información, en un contexto marcado por la inmediatez y la hiperconectividad.
Sin embargo, no todos los peruanos tienen el mismo acceso a las telecomunicaciones o la tecnología. En un país multicultural como el nuestro, cerrar la brecha digital es un motivo más que justificado para recordar su importancia al conmemorar el Día Mundial de las Telecomunicaciones.
Finalmente, no debe olvidarse que las telecomunicaciones son fundamentales para el desarrollo de la Economía Digital y para empoderar a las personas, incrementar su bienestar y reducir las brechas de desigualdad y pobreza. Esa es su principal razón de ser y por ello deben estar dentro de las prioridades de quienes diseñan las políticas públicas. Celebramos, pues, el Día Mundial de las
Telecomunicaciones, recordando que su leit motiv es y será siempre el bienestar de las personas.












Deja una respuesta