Y un día volvió a pasar. El lunes 11 de mayo, el gobierno autorizó un nuevo rescate para Petro-Perú que le permitirá endeudarse por hasta US$2.000 millones con bancos extranjeros. En la conferencia en la que se hizo el anuncio, los integrantes del Consejo de Ministros mencionaron reiteradamente que no estábamos ante otro “rescate” y que “no se tocará un sol” del Tesoro Público, pues el dinero saldrá de bolsillos privados. Pero todos aquí sabemos que, cuando Petro-Perú no puede pagar sus deudas, el Estado Peruano las acaba asumiendo. Así que, al final del día, los peruanos volveremos a pagar la factura de una empresa que lleva años operando a pérdida y que nunca logra reorganizarse por falta de incentivos. Y es que, ¿por qué tendría que aprender a nadar si, a fin de cuentas, siempre tendrá autoridades dispuestas a lanzarle un salvavidas?
Si contamos el anunciado esta semana, el Estado le habrá dado a Petro-Perú, a través de diferentes mecanismos, casi US$6.400 millones en rescates… solo desde el 2022. Una cantidad de dinero que pudo haberse usado para una lista interminable de cosas mucho más útiles y necesarias. Veamos algunos ejemplos.
Desde hace un año, en Comas, se viene construyendo el nuevo hospital Sergio Bernales que, en palabras de un exministro de Salud, será “el mejor del Perú y uno de los mejores de Sudamérica” cuando se inaugure. Su costo bordea los S/1.062 millones y beneficiará a unos 900.000 habitantes de Lima norte. Se trata de un hospital bastante más caro que el promedio, ya que contará con infraestructura moderna y con equipos y tecnología de punta. Con todo eso, sin embargo, supone apenas el 16% de los US$2.000 millones que recibirá Petro-Perú para seguir operando.
Saliendo de Lima, uno de los proyectos de salud más ambiciosos de la actualidad es el Hospital de Alta Complejidad de Piura, con una inversión de unos S/3.200 millones, que beneficiará a más de tres millones de peruanos del norte, quienes ya no tendrán que viajar hasta la capital para recibir atención especializada. Con el dinero del nuevo salvavidas de Petro-Perú se podrían construir otros dos hospitales similares para reducir un poco las profundas brechas en salud que existen en el país.
Otra manera de verlo es trayendo a colación el drama de las Becas Bicentenario, creadas para que peruanos destacados puedan cursar estudios de posgrado en una de las 400 universidades mejor rankeadas del mundo. De acuerdo con cifras oficiales, en sus 12 años de existencia, este programa ha ayudado a más de 2.500 estudiantes. Sin embargo, este año, el Minedu anunció que cancelaba la convocatoria debido a la falta de fondos, dejando en el aire los sueños de decenas de compatriotas que tuvieron que pasar filtros sumamente exigentes para ser aceptados en universidades prestigiosas. Según la propia ministra de Educación, Esther Cuadros, hacen falta S/14 millones para reactivar la convocatoria de este año; es decir, apenas el 0,2% del último rescate a Petro-Perú.
Como se ve, es mucho lo que el país podría lograr con esos US$2.000 millones que irán a parar a Petro-Perú. Pero más importante es todo aquello que no medimos: esos pacientes a los que un hospital bien equipado les salva la vida, o esas familias que reescriben su futuro gracias a la beca de uno de sus miembros. En eso debería invertir el Estado: en construir el futuro, en lugar de salvar a una empresa que es, en buena cuenta, un rezago del pasado.












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