De la desconfianza a la apertura: la tarea pendiente en el Perú, por José Ignacio Cabrejos Portocarrero

La entrega de las credenciales por parte del Jurado Nacional de Elecciones a la plancha presidencial de Keiko Fujimori marcó el cierre formal del proceso electoral. Sin embargo, no significó el final de la polarización política que el Perú ha experimentado durante la última década.

Los resultados reflejan con claridad dicha realidad: una primera vuelta atomizada entre un pelotón de siete candidatos que, hasta el último momento, no permitió identificar favoritos de cara al balotaje, y una segunda vuelta extremadamente reñida entre Fujimori y Roberto Sánchez. Esa división, en ocasiones, trascendió el ámbito político e incluso se instaló en nuestros lugares de trabajo, en nuestros círculos sociales y en nuestras familias. Todos hemos sido testigos de algún tipo de desencuentro relacionado con las elecciones. Muchas veces, incluso, estas discrepancias fueron más allá del mero intercambio de puntos de vista para dar lugar a discusiones encarnizadas, ataques personales y la ruptura temporal de algunos vínculos.

Lo sorprendente es que el Edelman Trust Barometer, considerado el estudio de confianza más grande del mundo, sugiere que esta realidad no debería extrañarnos. Según la edición 2026, el 77% de los encuestados en Perú declara tener una “mentalidad insular”. Esto significa que tres de cada cuatro peruanos dudan o no están dispuestos a confiar en personas con valores, creencias o formas de ver el mundo diferentes a las propias. Incluso, no confiamos en personas que utilizan fuentes de información diferentes a aquellas que nosotros consideramos confiables.

Esto es importante porque la confianza es central para que el pacto social que sostiene nuestra nación opere de manera adecuada; sin ella, las reformas son vistas con sospecha, las políticas públicas encuentran resistencia y las decisiones gubernamentales pueden ser interpretadas como imposiciones. En consecuencia, la desconfianza y la mentalidad insular no son solo problemas de nuestros círculos familiares, amicales o laborales; también son un desafío para la gobernabilidad. Para que las acciones del Estado sean percibidas como legítimas, deben basarse en una relación de confianza con la ciudadanía, y en un país donde, de acuerdo con el estudio, solo el 21% de las personas con mentalidad insular confía en el gobierno, el reto se vuelve aún mayor y más urgente.

Así pues, el verdadero desafío del fujimorismo no será solo administrar el Estado, sino también construir la confianza entre los peruanos. Lograrlo no será fácil. En ese contexto, el Edelman Trust Barometer introduce un concepto que puede ofrecer una guía útil para quienes conduzcan los destinos del país en el próximo quinquenio: el “brokering de confianza”. Este concepto parte de una premisa sencilla pero potente: en sociedades altamente polarizadas y divididas, el objetivo no es convencer a quienes piensan diferente de nosotros, sino buscar confluencias y construir consensos esenciales para así generar las condiciones que permitan que las personas puedan volver a cooperar entre sí y superar el aislamiento. Ser un bróker de confianza no es fácil; requiere detenerse y saber escuchar a quien piensa distinto, reconocer sus legítimas preocupaciones y encontrar acuerdos mínimos que permitan la gobernabilidad. Esperemos que Keiko Fujimori esté a la altura de este desafío histórico.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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