Un reciente reporte periodístico ha generado un nuevo foco de tensión entre los gobiernos de Reino Unido y Estados Unidos, debido a que este último país estaría barajando cambiar su postura alrededor del reconocimiento de la soberanía británica sobre las islas Malvinas, territorio que Argentina reclama como suyo.
La agencia Reuters tuvo acceso a información contenida en un correo electrónico interno del Pentágono, en el que se revela que Washington analiza varios posibles mecanismos de presión y castigo contra sus aliados de la OTAN por no haberse plegado a las operaciones militares estadounidenses contra Irán.
Parte del documento señala que el gobierno presidido por Donald Trump se plantea la posibilidad de “reevaluar” la posición de su país con respecto a la situación del Reino Unido sobre las islas Malvinas. La comunicación a la que accedió la agencia de noticias también detalla que otro país en la mira de Washington es España, a la que la Administración Trump buscaría suspender o excluir de la OTAN.

Milei prometió una hoja de ruta para que las islas Malvinas/Falklands sean argentinas.
La fuente de Reuters indica que Elbridge Colby, subsecretario de Defensa para política estadounidense, redactó una nota en la que expresa su “frustración” por la no intervención de los aliados de la potencia norteamericana y las trabas que le pusieron en el acceso a sus bases para las recientes operaciones en el Medio Oriente.
Según la información, estas bases y los derechos de sobrevuelo sobre ellas son consideradas por Colby como “el punto de partida absoluto” para justificar la existencia de la OTAN, en un contexto en el que Trump ya había dejado entrever que escenarios de este tipo lo hacen pensar que su país podría dejar la alianza militar en algún momento.
Tras la difusión de la información, el gobierno británico ha señalado que “la soberanía británica sobre las islas Malvinas no está en cuestión”, haciendo referencia al referéndum que se convocó en dichos territorios en el 2013, en el que la permanencia en el Reino Unido obtuvo el 98% de la votación.
“El tema de las islas Malvinas y su soberanía británica, con el derecho de los isleños a la autodeterminación, no están en cuestión, y así lo hemos expresado de forma clara y consistente”, señaló un portavoz de la oficina de Keir Starmer, primer ministro británico.
La relación entre los actuales gobiernos británico y estadounidense fue inicialmente buena, con acercamientos entre Starmer y Trump incluso desde antes de la toma de mando de este último en enero de 2025. Sin embargo, el vínculo comenzó a hacerse más complejo cuando el mandatario norteamericano desató una guerra arancelaria en la que incluyó a varios de sus socios más importantes, incluyendo a Reino Unido.

Islas Malvinas.
“Una guerra comercial no beneficia a nadie… Mi trabajo es actuar siempre en el interés nacional del Reino Unido. Las alianzas maduras no consisten en pretender que las diferencias no existen, sino en abordarlas directamente”, dijo Starmer en enero.
Los últimos dos meses han sido particularmente tensos en medio del conflicto de Washington con Teherán y los reclamos de falta de apoyo por parte del presidente de Estados Unidos.
En un primer momento Starmer no accedió al pedido de EE.UU. de usar sus bases como plataformas para los ataques contra el régimen iraní, lo que provocó la molestia de Trump, aunque el líder laborista finalmente accedió a que se lleven a cabo operaciones que tenían como prioridad la protección de los ciudadanos británicos que se encontraban en Medio Oriente.
El primer ministro británico justificó su decisión indicando que los bombardeos a Irán se produjeron sin que Washington consultara previamente a sus aliados y que no quería arrastrar a su país a una guerra como la de Irak.
“No creemos en el cambio de régimen desde los cielos. Todos recordamos los errores de Irak y hemos aprendido esas lecciones… Es mi deber juzgar qué es lo que conviene al interés nacional británico; eso es lo que he hecho y lo sostengo”, se pronunció Starmer el mes pasado.

Iraníes caminan junto a un edificio dañado por un bombardeo mientras asisten a los funerales de los comandantes del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria de Irán. (Foto de Atta KENARE / AFP).
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Trump respondió acusando de cobardía a Londres, afirmando que Starmer “no es como Winston Churchill” y que no estaba actuando como debería hacerlo un aliado.
“Es muy triste ver que la relación obviamente no es lo que era. No ha sido de ayuda [Starmer]. Nunca pensé que vería eso del Reino Unido… Parece que estaba preocupado por la legalidad”, dijo el gobernante estadounidense.
El líder del Partido Republicano mantuvo ese mismo tono por varias semanas y desde inicios de abril coqueteó varias veces con la idea de hacer que su país abandone la OTAN, afirmando que esta “no estuvo allí cuando la necesitaron”, a la vez que advirtió a sus socios militares que “recuerden Groenlandia, un pedazo de hielo mal administrado”.
Durante abril la situación no mejoró porque el hombre fuerte de Washington volvió a cargar contra Londres a causa de los impuestos a los que están sometidas las grandes tecnológicas en territorio británico. Donald Trump consideró esto como un “ataque” y amenazó con imponer “un gran arancel al Reino Unido”.
La postura oficial de Washington alrededor de un presunto intento ha tenido matices, pero no ha desestimado la información del correo filtrado.
Hasta ahora Estados Unidos había mantenido lo que consideraba una postura “neutral” con respecto a los “reclamos en conflicto sobre la soberanía” de las islas Malvinas, aunque reconoce la “soberanía de facto” que ejerce Reino Unido sobre el territorio.
El Departamento de Estado, encabezado por Marco Rubio, ha mantenido esta línea discursiva tras el reporte de Reuters, pero desde el Departamento de Guerra, encabezado por un mucho más agresivo Pete Hegseth, los mensajes son distintos.

El secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, habla durante una rueda de prensa en el Pentágono, en Washington D. C., el 16 de abril de 2026. (Foto de SAUL LOEB / AFP).
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“Como ha dicho el presidente Trump, a pesar de todo lo que Estados Unidos ha hecho por nuestros aliados de la OTAN, ellos no estuvieron ahí para nosotros”, señaló este viernes 24 el secretario de prensa del Pentágono, Kingsley Wilson.
En opinión de Enrique Banús, director del Instituto de Estudios Europeos de la Universidad de Piura, mensajes como los del Departamento de Guerra van más allá de las definiciones nebulosas alrededor de las Malvinas y se orientan hacia algo “jurídicamente más preciso”.
“Esto ya no es un tema de soberanía, sino sobre si le van a dar apoyo a Estados Unidos en caso de que haya algún conflicto”, explica.
Para el internacionalista, más allá de que las amenazas puedan parecer graves, estas son esencialmente una reacción típica de Trump “cuando no se hacen las cosas como él quiere”.
Banús considera que por ahora Washington no tiene demasiado margen de maniobra en este apartado no solo por la inviabilidad de algunos de los castigos que buscaría imponer a sus socios, sino porque el gobierno tiene varios problemas todavía por resolver.
“No creo que esto escale hacia algo. Habrá todos los choques verbales que hagan falta, pero no creo que vaya más allá porque Trump también se va dando cuenta de que no se puede ir metiendo en todos los conflictos porque estos se le están escapando de las manos”, comenta el especialista.

El presidente estadounidense Donald Trump habla con los medios de comunicación en el Despacho Oval de la Casa Blanca en Washington, DC, EE. UU., el 23 de abril de 2026. (EFE/EPA/WILL OLIVER)
Uno de los factores potencialmente problemáticos que enfrenta Trump es el de los comicios de medio término, a los que el presidente republicano está llegando con una popularidad en descenso y en medio de algunas críticas del sector más aislacionista de sus partidarios, que rechaza el involucramiento de Estados Unidos en conflictos fuera de su territorio.
“En estos momentos él tiene un problema grande, y es que su aceptación está cayendo, incluso entre su propia gente, los republicanos. En noviembre hay elecciones y Trump se juega la mayoría en las cámaras del Congreso. Sospecho que está intentando salir como puede del conflicto con los iraníes. No creo que esté como para meterse en otros conflictos, más allá de toda su parafernalia retórica”, añade el catedrático de la Udep.
Si bien todavía Washington tiene mecanismos para demandar el alineamiento incondicional de sus aliados, Banús sostiene que estas medidas no son tan fáciles de implementar.
El internacionalista señala que, por ejemplo, la presunta intención de suspender a España de la OTAN es directamente “imposible porque no existe ese mecanismo” y que la amenaza estadounidense de marcharse de las bases españolas de Rota y Morón perjudica mucho más los intereses estratégios norteamericanos que los del estado ibérico.

Un buque de guerra atracado en la base naval hispano-estadounidense de Rota, en el sur de España, el 17 de junio de 2025. (Foto de JORGE GUERRERO / AFP).
/ JORGE GUERRERO
A esto se suma que otras posibilidades como el uso de los aranceles como herramienta política han perdido fuerza en el tiempo reciente.
La Corte Suprema estadounidense anuló buena parte de estos gravámenes en febrero, señalando que se impusieron a través de una interpretación errónea de la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional del país norteamericano. Dicha medida recortó en gran medida el margen de Trump para imponer aranceles de forma arbitraria, aunque el jefe de gobierno ha seguido buscando otros mecanismos legales para imponer estas tasas.
Más allá de estos detalles, a juicio de Enrique Banús cualquier medida de amedrentamiento de Trump hacia sus socios también encontrará límites naturales, pues el contexto internacional requiere de consensos para los que Washington en algún momento no podrá prescindir de sus aliados y tendrá que recurrir al poder blando de estos.
“El ambiente no es cordial y en cualquier caso esto tiene efectos, porque luego hay muchos otros temas en los que hay que seguir negociando. Las relaciones entre los países tienen muchísimos niveles, tramas y aspectos donde el voto de los aliados puede venir muy bien en negociaciones de cualquier tipo. El deterioro de una relación se nota luego en mil pequeños detalles”, explica Banús.
En medio de la filtración y la respuesta de Reino Unido, el gobierno de Argentina se pronunció nuevamente con relación a sus demandas sobre las Malvinas.
El presidente argentino, Javier Milei, señaló en la red social X que “las Malvinas fueron, son y siempre serán argentinas”, luego del pronunciamiento de las autoridades británicas.
Más detalladas fueron las declaraciones de Pablo Quirno, canciller argentino, quien rechazó el comunicado de la oficina de Keir Starmer y afirmó que su país tiene la disposición de “reanudar” las negociaciones con el Reino Unido alrededor de la soberanía de las islas.
“Ante las recientes declaraciones públicas de altos funcionarios del Gobierno del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte respecto de la soberanía sobre las Islas Malvinas, Argentina reafirma sus derechos soberanos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes”, escribió el alto funcionario argentino en X.

Archivo – Cártel con la reivindicación de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas
– Europa Press/Contacto/Jon G. Fuller / Vwpics
Milei ha mostrado cierto nivel de entusiasmo ante un posible cambio de postura estadounidense alrededor del territorio insular disputado, al ser un aliado de Trump. No obstante, Enrique Banús considera que ese optimismo es esencialmente discursivo y es parte del aprovechamiento de una temática sensible para los argentinos.
“Milei saca el tema de las Malvinas porque le viene bien, como sucedía en España en tiempos de Francisco Franco con Gibraltar cuando había que distraer un poco a la opinión pública mientras había otros asuntos internos mucho más problemáticos”, comenta el docente de la Universidad de Piura.
A juicio del especialista, si hay un factor que podría generar algún cambio de opinión en Trump con respecto a las islas Malvinas es uno claramente a favor del Reino Unido: la visita del rey Carlos III.
El monarca británico viaja este lunes 27 a Estados Unidos en medio del difícil contexto actual y con la misión de estabilizar las relaciones entre ambos países. La estadía del rey se prolongará por cuatro días y se realizará con motivo del aniversario 250 de la independencia del gigante norteamericano.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el rey Carlos III de Gran Bretaña pasan revista a la Guardia de Honor durante una ceremonia de bienvenida en el Patio del Castillo de Windsor. (Foto de Kirsty Wigglesworth / AFP).
/ KIRSTY WIGGLESWORTH
Banús señala que los años de servicio diplomático del jefe de Estado británico, junto al buen trato que le dio al presidente estadounidense en su visita al Reino Unido el año pasado pueden llevar a que la opinión de Trump respecto a su aliado histórico vuelva a ser favorable o, por lo menos, mejor que en los últimos meses.
“[Carlos III] es alguien con muchísima experiencia y que se ha pasado a la vida haciendo diplomacia. La que reinó hasta el 2022 fue su madre, mientras él se dedicaba sobre todo a labores diplomáticas. El recibimiento que le hizo a Trump en el Reino Unido fue de cinco estrellas y parece que eso le impresionó bastante”, menciona el docente de la Udep.
“Hemos visto que después de algunas visitas, la opinión de Trump de pronto cambia. Le pasó con Macron hace tiempo —ahora está muy enojado con él—, le pasó con Meloni hasta hace relativamente poco y le ha pasado con Putin varias veces. De todas formas, hay que esperar, porque también es cierto que hubo otras visitas donde ha sido todo lo contrario, pero no creo que [la del rey Carlos] sea un desastre por su experiencia”, finaliza Banús.













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