Los anticuerpos conjugados a fármacos transforman el tratamiento del cáncer de ovario en recaída

Redacción
El abordaje del cáncer de ovario en recaída está cambiando de forma profunda. Tras quince años sin avances relevantes, en los últimos meses se han incorporado al arsenal terapéutico tres tipos de fármacos con mecanismos completamente distintos: los anticuerpos conjugados a fármacos (ADC), la inmunoterapia y un primer inhibidor del receptor de glucocorticoides. Todos ellos comparten un mismo objetivo: ofrecer alternativas eficaces a las pacientes cuyo tumor deja de responder a la quimioterapia convencional.

Los anticuerpos conjugados a fármacos, una plataforma terapéutica clave, ofrecen nuevas opciones para pacientes con cáncer de ovario en recaída

El protagonista de este cambio es una nueva familia de medicamentos conocida como anticuerpos conjugados a fármacos (ADC), o «caballos de Troya». En el caso del cáncer de ovario, el fármaco recientemente aprobado se dirige contra una proteína llamada receptor de folato alfa, presente de forma especialmente intensa en aproximadamente el 40% de los casos del subtipo más frecuente de cáncer de ovario, el llamado seroso de alto grado. Se trata de un tumor agresivo que, aunque inicialmente responde bien a la quimioterapia con derivados del platino, tiene una elevada tendencia a recaer. Es precisamente en esa situación, la recaída resistente al platino, donde no se habían producido avances terapéuticos significativos desde 2011 y donde estos nuevos fármacos están marcando la diferencia.

El Instituto Oncológico Rosell (IOR), perteneciente al Grupo Pangaea Oncology e implicado activamente en ensayos clínicos con estos nuevos fármacos, destaca la transformación que están suponiendo en el abordaje del cáncer de ovario, con motivo del Día Mundial del Cáncer de Ovario, que se celebra este 8 de mayo.

La inmunoterapia y el inhibidor del receptor de glucocorticoides amplían el arsenal terapéutico en esta enfermedad, que hasta ahora no había experimentado avances significativos desde 2011

«Los ADC no son una moda pasajera, sino una plataforma terapéutica clave en la oncología del futuro que ahora encuentra su sitio en el cáncer de ovario. Gracias a estos nuevos tratamientos, estamos saliendo del desierto que ha supuesto durante décadas la quimioterapia estándar cuando este cáncer recae. Además, los nuevos diseños de ADC, así como su combinación con otros fármacos disponibles, permitirán incrementar de modo exponencial el arsenal terapéutico para este tumor», destaca el Dr. Alejandro Martínez, jefe de Servicio de Oncología del IOR-Pangaea Oncology en el Hospital Universitari Dexeus, en Barcelona.

Afortunadamente, los ADC no son la única novedad terapéutica reciente. La agencia reguladora estadounidense (FDA) ha aprobado en los primeros meses de 2026 dos fármacos adicionales: la inmunoterapia pembrolizumab y relacorilant, el primer fármaco que bloquea la señal del cortisol en la célula tumoral para devolverle la sensibilidad a la quimioterapia. Tres mecanismos distintos que convergen para romper un inmovilismo terapéutico que se prolongaba desde hacía más de una década.

Una enfermedad poco frecuente, pero con elevada mortalidad

En España se diagnostican cada año entre 3.700 y 3.800 nuevos casos de cáncer de ovario, según las estimaciones de la Red Española de Registros de Cáncer (Redecan) recogidas en el informe Las cifras del cáncer en España 2025. Aunque no figura entre los tumores más frecuentes en mujeres, su impacto clínico es muy relevante, ya que en la mayoría de las pacientes se diagnostica en fases avanzadas, cuando el tratamiento es más complejo. A pesar de su incidencia moderada, presenta una mortalidad elevada, con alrededor de 2.000 fallecimientos al año.

«Estas cifras reflejan la necesidad urgente de nuevas estrategias terapéuticas más eficaces. La incidencia y mortalidad por cáncer de ovario es comparable a la de otros tumores con mucha mayor visibilidad pública, como el carcinoma de mama triple negativo», explica el Dr. Martínez.

Se estima que en España se diagnostican cada año entre 3.700 y 3.800 nuevos casos de cáncer de ovario, con una mortalidad elevada de alrededor de 2.000 fallecimientos anuales

En Cataluña, los datos más recientes corresponden al año 2025 e indican una incidencia de 622 nuevos casos de cáncer de ovario, el 3,2% del total de tumores malignos diagnosticados en mujeres, 409 defunciones por esta causa y una supervivencia a los cinco años del 53% de las pacientes diagnosticadas. Es el quinto tumor con mayor mortalidad por cáncer en mujeres en Cataluña, tras los de pulmón, mama, colorrectal y páncreas, según las Estadísticas del cáncer en Cataluña durante el año 2025, elaboradas por el Plan Director de Oncología y publicadas en el Canal Salut de la Generalitat de Catalunya.

Los ADC ponen fin al desierto terapéutico en la recaída

El subtipo más frecuente de cáncer de ovario, el seroso de alto grado, suele diagnosticarse en estadios avanzados (III y IV). El tratamiento inicial combina cirugía y quimioterapia basada en derivados del platino. A continuación, durante meses, muchas pacientes reciben tratamientos llamados de mantenimiento, dirigidos a retrasar al máximo la reaparición del tumor. Entre ellos figuran los fármacos antiangiogénicos, que bloquean la formación de vasos sanguíneos que nutren al tumor, y los inhibidores de PARP, que impiden a las células cancerosas reparar su propio ADN.

Sin embargo, se trata de un tumor con una elevada tendencia a recaer. Hasta ahora, en esa situación el tratamiento se ha basado principalmente en nuevas líneas de quimioterapia, que con el tiempo van perdiendo eficacia y acumulan toxicidad. Durante más de una década no han existido fármacos que supusieran un cambio sustancial respecto a la quimioterapia convencional en este escenario.

El 40% de los casos de cáncer de ovario seroso de alto grado presentan una alta expresión de receptor de folato alfa, una diana para los ADC

Los ADC representan precisamente esa novedad. Funcionan como auténticos «caballos de Troya»: un anticuerpo transporta una carga de quimioterapia y la dirige específicamente hacia dianas que están presentes en las células tumorales, normalmente con mucha más intensidad que en las células sanas. Una vez que el anticuerpo se une a su diana, es introducido dentro de la célula cancerosa, donde libera la quimioterapia y la destruye desde dentro. Este diseño permite, en teoría, concentrar el efecto del fármaco en el entorno tumoral y reducir la exposición, y por tanto la toxicidad, sobre los órganos sanos.

Los ADC dirigidos al receptor de folato alfa (FRα) ya están aprobados en Europa para pacientes con enfermedad en recaída. El primero de ellos, mirvetuximab-soravtansina, está indicado en pacientes con cáncer de ovario seroso de alto grado y alta expresión de FRα, en torno al 40 % de los casos, que hayan recibido entre una y tres líneas previas de tratamiento. En España, está actualmente pendiente de fijación de precio y reembolso. Existen además ADC de nueva generación en desarrollo, con expectativas de ofrecer un mejor perfil de toxicidad y de mostrarse eficaces incluso en tumores con expresiones más bajas del receptor, lo que ampliaría notablemente el grupo de pacientes potencialmente beneficiables.

Investigación y retos de futuro

Existe un gran número de ADC en desarrollo, y los ensayos clínicos iniciales muestran, en algunos casos, respuestas superiores a las de la quimioterapia convencional. Dado el beneficio observado en pacientes que recaen, la investigación se está orientando ahora a utilizar estos fármacos en líneas más tempranas de tratamiento, como la primera línea o el mantenimiento tras la quimioterapia inicial. Si los resultados se confirman, podrían traducirse en mejoras clínicas todavía mayores, aunque este sigue siendo un objetivo de investigación en curso.

Otros ADC relevantes incluyen trastuzumab deruxtecán, dirigido a pacientes con cáncer de ovario que presentan alta expresión de la proteína HER2, un subgrupo pequeño, en torno al 5% de los casos, pero con beneficio significativo, y ya aprobado por la FDA. Hay además numerosos ADC en investigación dirigidos contra otras dianas, como Trop-2 (sacituzumab govitecan, sacituzumab tirumotecan), cadherina-6 (ralodotatug deruxtecan) y B7-H4, entre otras.

No obstante, estos fármacos también plantean retos. Su perfil de toxicidad es distinto al de los tratamientos tradicionales y, en algunos casos, su eficacia se limita a pacientes cuyo tumor expresa de forma marcada la diana específica, como ocurre con el receptor de folato alfa. Conocer mejor estas particularidades, identificar a las pacientes que más pueden beneficiarse y combinar adecuadamente las distintas

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