El monstruo de tres cabezas, por Víctor Andrés García Belaunde | sistema electoral peruano | Jurado Nacional de Elecciones | ONPE

La primera convocatoria para elegir representantes en el Perú independiente se efectuó durante el protectorado de José de San Martín (1822), reuniendo al primer Congreso Constituyente. Las elecciones en el siglo XIX eran sinónimo de miedo: se realizaban sin seguridad y los votos se defendían con armas de fuego; y con el paso del tiempo, constituidas nuestras Fuerzas Armadas, se organizaron bajo su cuidado. Fueron muchas las elecciones cuestionadas. La más impopular fue en 1894, cuando Cáceres se hizo elegir como candidato único, conduciéndonos a una guerra civil.

Nuestra historia electoral recuerda el asesinato de Rafael Grau, hijo del almirante Grau, quien en 1912 había denunciado las imprudentes negociaciones con Chile para aplazar el plebiscito sobre Tacna y Arica a 1933. Grau y su comitiva fueron emboscados el 4 de mayo de 1917 en Tambobamba (Apurímac) por su adversario, el hacendado Santiago Montesinos.

En 1919, ante el temor de que el Congreso no eligiera a Leguía, este da un golpe de Estado y se redacta una Constitución a su medida, reeligiéndose tres veces.

En 1936, Luis Eguiguren ganaba ampliamente, pero al vincularlo al Apra, partido proscrito, el Jurado Nacional de Elecciones suspendió el escrutinio y declaró nulo el proceso, quedándose el presidente Benavides tres años más en el poder.

Las elecciones de 1950 fueron cuestionadas al ser el general Odría candidato único por apresar a su opositor, el general Ernesto Montagne. La última elección anulada fue la de 1962. Ante las evidencias de fraude, las Fuerzas Armadas intervinieron en un golpe de Estado, publicando las pruebas en lo que se llamó el “libro blanco”.

Mi conocimiento se debe a las funciones como presidente de ese organismo que estuvo a cargo de mi padre, Domingo García Rada, y que se profundizara por el atentado terrorista que sufrió el 24 de abril de 1985, en pleno proceso electoral. A raíz de este crimen, renunció Alfonso Barrantes, quien quedó en segundo lugar en la elección presidencial, con 21%. Se intentó que Luis Bedoya, que obtuvo el 10%, pudiera disputar la segunda vuelta con Alan García, que llegó al 47% en la elección. El JNE proclamó a García en primera vuelta, con el 53%, descontando los votos nulos y blancos.

Hasta 1992, el sistema electoral era uno, establecido por la Constitución de 1933, y era considerado un poder de Estado. El cambio vino en 1993 cuando, al decir de Manuel Moreyra Loredo, se creó un monstruo de tres cabezas, un cerbero, refiriéndose al perro de tres cabezas de la mitología griega. Acción Popular no participó de este proceso y en su momento presentó las críticas a estos cambios.

Moreyra, en su intervención sobre el nuevo sistema electoral en la Constitución de 1993, dijo: “El jefe de la ONPE pasa a ser la figura central del proceso. Es el hombre que organiza, que distribuye, que maneja; es el gerente de las elecciones”. Añadió después: “Es autónomo, funciona por su cuenta. Si mañana tiene una discrepancia con el Jurado, que es el órgano que en conciencia resuelve, este señor no depende de él y puede hacer lo que quiera… ¿De quién depende y ante quién responde? Es una especie de pieza suelta”. Se creó un sistema tricéfalo a propuesta de Montesinos para debilitar al Jurado y asegurar las reelecciones de Fujimori como lo permitía la nueva Carta Magna.

La Constitución actual, tan defendida por su capítulo económico, después de 33 años de vigencia ha demostrado que su modelo electoral ha fracasado, cuyo certificado de defunción ha sido firmado por el cuestionado Piero Corvetto.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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