50 años del buen salvaje, por Ian Vásquez

Hace 50 años este mes se publicó en Caracas “Del buen salvaje al buen revolucionario”, por Carlos Rangel. El intelectual venezolano criticó lo que llegaría a llamar la mentalidad tercermundista de América Latina que condenaba la región al fracaso.

El mensaje de Rangel llegó en pleno auge petrolero, algo que potenció a un Estado Venezolano que abrazaba cada vez más las ideas que el autor criticaba. Rangel fue vilipendiado cuando no fue ignorado, pero su mensaje fue profético.

No es verdad, decía Rangel, que los males de América Latina se deben al imperialismo estadounidense. No es verdad que los latinoamericanos son pobres porque los estadounidenses son ricos y que ese victimismo justifique regímenes políticos y económicos opuestos al liberalismo democrático que sí había comprobado ser exitoso.

El argumento de Rangel es principalmente psicológico e ideológico y no económico. Él ubica el origen del problema con los europeos y lo remonta hasta incluso antes de la conquista. Fueron los europeos los que crearon “los mitos fundamentales de América”. El paraíso terrenal que Colón pensó haber descubierto es un concepto que viene de la antigüedad judeo-helénica.

De allí se viene a crear el mito del buen salvaje y americanizar el “mito de la inocencia humana antes de la caída”. En este relato, la civilización es corruptora de una existencia ideal donde no se conoce la desigualdad, la envidia, la propiedad privada, o un sinnúmero de otros males. Dista mucho de la realidad que encontraron los españoles, pero Rangel dice que los europeos desde el principio han usado el nuevo mundo para proyectar preocupaciones sobre sus propias sociedades. La narrativa de los buenos contra los malos también ha creado un complejo de culpa en Occidente. De allí, el concepto del buen salvaje se actualiza al del buen revolucionario que intenta reivindicar la sociedad no corrompida.

Para los latinoamericanos, esa mitología ha sido compensatoria; explica el fracaso, los exime de responsabilidad, y justifica todo tipo de régimen menos el del más exitoso de las Américas, el estadounidense. Pero dado que se construyen sociedades sobre mentiras, se crean frustraciones y los regímenes a menudo terminan violando derechos y empobreciendo a la gente.

Reducir la realidad al simplismo ha creado complejos entre los latinoamericanos. Dice Rangel: “Los hispanoamericanos somos a la vez los descendientes de los conquistadores y del pueblo conquistado, de los amos y de los esclavos, de los raptores y de las mujeres violadas. Para nosotros, el mito del buen salvaje es una mezcla de orgullo y de vergüenza”.

Esa situación genera absurdidades, hipocresía y confusión. Por ejemplo, Tupac Amaru II se rebeló contra los criollos peruanos en nombre del rey de España y fue ejecutado, pero aun así ha pasado a ser visto como precursor de la independencia. Cuando finalmente se independizó el Perú, los criollos se identificaron con el inca y tres siglos de opresión española en el himno nacional.Cuando publicó su libro en 1976, Rangel observó que “los latinoamericanos no estamos satisfechos con lo que somos, pero a la vez no hemos podido ponernos de acuerdo sobre qué somos, ni sobre lo que queremos ser”.

Desde entonces, mucho ha cambiado en el continente y mucho para bien. La mayoría de los países son democracias con mayores libertades que hace 50 años, mientras que Chile se ha transformado en una historia de éxito y Argentina se quiere encaminar hacia la democracia liberal.Quizá nada, sin embargo, le ha dado a Rangel la razón más que su propia Venezuela, que reprochó sus advertencias y se volvió una tiranía pero, bajo el liderazgo de María Corina Machado, ha reivindicado las ideas del intelectual venezolano en un voto abrumadoramente mayoritario que podría pronto empezar a traducir ese cambio de mentalidad en una realidad política.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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