En el mundial de fútbol de 1970, el promedio de velocidad de un jugador era de 28 km/h; hoy alcanza un rango de 35 a 38 km/h. El promedio de pases por partido era de entre 300 y 380. En el último mundial fue de 648. Este es un ejemplo de lo que ha ocurrido con la velocidad en el mundo de los deportes, que ahora se puede medir con una precisión rigurosa. Si traslado este ejemplo a cualquier aspecto de la vida, ocurre exactamente lo mismo. La tecnología ha empujado al ser humano a acelerar vertiginosamente, a vivir en ‘fast forward’.
Antes, para contar una historia (un cuento, una novela, una serie, escribir un libro) el autor se tomaba mucho más tiempo para desarrollar personajes, subtramas e insertaba silencios narrativos. Esto ocurría incluso en los comerciales de TV, en donde teniendo 30 segundos para armar un contenido, había espacio.
Un ‘plot twist’ es en realidad una herramienta de retención, y puede ocurrir varios durante el mismo capítulo. ¿Por qué? Porque tenemos la capacidad de atención de un pez dorado: seis segundos para captarnos y enganchar con lo que sigue. La velocidad con la que vivimos hace que olvidemos detalles con facilidad y nos desconectemos emocionalmente del entorno.
Desde que nos despertamos hasta que nos dormimos recibimos 18.000 impactos distintos y nuestro cerebro no está preparado para ese ataque de información. Sólo retenemos 12 al final del día. Dentro de este campo de batalla, también se incluyen las marcas y los mensajes publicitarios, obviamente. Todo compite.
Aquí los cuatro grandes cambios en la humanidad: 1. Economía de la atención: el día tiene solo 24 horas, y todo compite por llamar nuestra atención, a tal punto que el 90% de impactos puede llegar a pasar completamente desapercibido; 2. Hipnosis de redes sociales: el scrolling eterno. Somos audiencias acostumbradas a estímulos constantes y recompensas inmediatas, desde TikTok hasta Instagram; 3. Maratones de series: nunca habíamos visto tantas horas de series juntas en la historia de la humanidad. Con eso, nos baja la tolerancia y nos quita horas de productividad, impulsando la procrastinación; 4. Big Data Espía: al darle acceso a todas las ‘cookies’, autorizamos a que sepan exactamente como mantenernos “secuestrados” en esta vorágine de contenido imparable.
Auguro que dentro de poco iremos hacia un nuevo equilibrio, por salud mental, emocional y física. No se trata de retroceder o de ser lentos, sino de aprender a modular la velocidad con ritmo.
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