Trump había recurrido a la Ley de Poderes de Emergencia Económica Internacional (IEEPA) de 1977 para justificar su política internacional de gravámenes. Dicha normativa está pensada como una herramienta ante amenazas extraordinarias y da autorización al presidente de EE. UU. para regular las relaciones comerciales internacionales tras una declaratoria de emergencia o en tiempos de guerra.
El tribunal estadounidense señaló que la investidura de Trump no le otorgaba facultades para imponer los llamados “aranceles recíprocos” amparándose en esa ley durante tiempos de paz.
La decisión de la Corte Suprema supone un duro revés para la gestión del líder republicano, pues buena parte de su guerra comercial se sostenía por la IEEPA. Sin embargo, esta no es la única normativa a la que Trump ha recurrido para imponer aranceles y el presidente norteamericano ya ha dejado claro que recurrirá a otras regulaciones como la Ley de Comercio de 1974 y la Ley de Expansión Comercial de 1962 para sacar adelante sus políticas.
Luego de la decisión del tribunal, Trump, desafiante, impuso un nuevo arancel global del 10% y dijo en sus redes sociales que la medida “entrará en vigor casi de inmediato”. El decreto entrará en vigor el 24 de febrero, por un período de 150 días, según un comunicado de la Casa Blanca.
En diálogo con El Comercio, el internacionalista Francesco Tucci señala que la Corte Suprema es uno de los pocos obstáculos que tiene el jefe de gobierno estadounidense para llevar a cabo sus políticas y podría terminar siendo el único freno institucional para Trump si el mandatario logra un resultado favorable en las elecciones de medio término que se realizarán en noviembre.
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—¿La medida de la Corte Suprema estadounidense es un punto de inflexión en la capacidad de Donald Trump de impulsar una agenda de forma directa o no tendrá un alcance tan grande?
Dependerá mucho de cómo siga respondiendo Trump. Él ha justificado una parte consistente de los aranceles basándose en temas de seguridad nacional y ha utilizado una ley que hace referencia a los poderes que el presidente puede ejercer cuando la seguridad está en juego. La Corte Suprema ha hecho referencia a una especie de abuso desde el punto de vista jurídico de esta norma con relación a los aranceles, pues señala que, como presidente de Estados Unidos, Trump tiene una capacidad limitada para imponer medidas de este tipo.
«Los aranceles son parte de la estrategia de Trump 2.0 y no puede prescindir de ellos»
—Teniendo en cuenta que solo se anularon los aranceles impuestos por la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional, ¿con cuánto margen de maniobra cuenta Trump?
Donald Trump no quiere renunciar a esta herramienta, que es más política que económica y eso hay que tenerlo claro. Ya hemos visto cómo en varias ocasiones Trump ha utilizado los aranceles como medio de presión para negociar temas que no son económicos, sino políticos. Por ejemplo, lo hizo con el tema del control de las fronteras con Canadá y México para evitar el ingreso no solo de migrantes irregulares sino de fentanilo. Habrá que ver cómo los asesores de Trump buscan justificar de otra manera los aranceles o qué vía buscan para emplearlos, porque los aranceles son parte de la estrategia de Trump 2.0 y no puede prescindir de ellos.
Trump buscará adaptarse y seguramente intentará politizar más este tema. Hay que recordar que nos acercamos a las elecciones de medio término, que serán fundamentales para garantizar el mandatario la mayoría en el Congreso.
En noviembre tendremos una renovación total de la Cámara de Representantes y una parcial en el Senado y eso va a ser crucial para Trump, por eso tampoco hay que subestimar la relevancia de la política exterior en este caso. Para incrementar el consenso y su aprobación es muy probable que Donald Trump autorice una serie de acciones en contra de Irán. Muchos analistas militares ya han hablado de que todo está listo, faltando solo la orden del presidente
Según la teoría de John Mueller, en muchas ocasiones cuando los presidentes norteamericanos se encuentran en dificultad por temas de política interna, acuden a la política exterior y van a asumir posturas muy duras llegando a autorizar ataques para obtener este efecto de colectivo de “abrazar la bandera”.

El presidente estadounidense, Donald Trump, flanqueado por el secretario de Estado, Marco Rubio (i), y el secretario de Defensa, Pete Hegseth (d), habla durante una reunión de gabinete en la Sala de Gabinete de la Casa Blanca en Washington, DC, el 30 de abril de 2025.
/ JIM WATSON
—¿Las elecciones de medio término podrían cambiar sustancialmente la capacidad de Trump de actuar libremente en temas como la política arancelaria?
Una recomposición, sobre todo en el Senado, generaría una serie de problemas a Trump, porque es la Cámara alta —donde hoy tiene mayoría— la que fiscaliza la política exterior del mandatario. Él necesita la mayoría absoluta de las dos cámaras, porque así nadie puede obstaculizarlo, con excepción de la Corte Suprema de forma parcial.
Si vamos hacia el lado del Partido Demócrata, hoy existe una falta de liderazgo. Biden fue más que nada un candidato demócrata que se oponía a Trump después de un manejo catastrófico del periodo de la pandemia, que muy probablemente fue la causa de que el republicano perdiera esa elección si lo analizamos fríamente.
La opinión pública norteamericana se interesa principalmente por la economía interna. A pesar de este “espíritu aventurero” internacional de Trump, al estadounidense promedio le importa más que logre mantener estable la economía doméstica. Además, debe decirse que una parte del movimiento MAGA (Make America Great Again) está en contra de que el mandatario se dedique mucho a la política exterior. Quieren el “América grande de nuevo”, pero con “América primero” y Trump ahora mismo se está dedicando mucho a temas internacionales porque quiere el Nobel de la Paz.
En vista de las elecciones hay que ver si el Partido Republicano puede mantenerse compacto. Por el lado de los demócratas, han ganado elecciones de gobernadores y en la alcaldía de Nueva York, pero no necesariamente es una tendencia en contra de Trump justamente porque sufren la falta de liderazgo que los debilita bastante.
—¿La Corte Suprema quedaría como único límite para Trump en caso de un resultado favorable para él en los comicios de noviembre o todavía habría otras barreras para que desarrolle sus políticas sin obstáculos?
Podría decirse que sí y no. Desde el punto de vista de los poderes constitucionales, si se diera otra vez una elección a favor de los republicanos la única barrera de contención sería la Corte Suprema. No obstante, hay que ver dos cosas: en primer lugar, si efectivamente los republicanos ganan las elecciones de medio término y, en segundo lugar, si los mismos republicanos permanecerán compactos detrás del presidente.
Si una parte del MAGA no está a gusto con la política de Trump, entonces podrían surgir obstáculos dentro del mismo Partido Republicano. Incluso veamos lo que ha pasado con el ICE, algunos congresistas republicanos estaban en contra de su despliegue y los abusos que estaba cometiendo, por lo que hay temas sensibles.
Ahora, sí es posible que gane el Partido Republicano y en este caso la Corte Suprema va a ser la única “barrera de contención” al presidente que quiere aplicar su visión de la política tanto de manera interna como exterior sin oposición. Resta por comprobar si en ese escenario la agrupación sigue cohesionada y eso dependerá mucho de Trump y de cómo pueda gestionar las diferentes voluntades que componen el microuniverso republicano. Hay que ver si se puede encontrar un equilibrio porque el mismo Trump está dejando un poco atrás una agenda importante sobre todo para los MAGA y eso es algo que lo puede afectar.












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