Tras la muerte del dictador Ali Jamenei en Irán, hay un riesgo grande de que la región entre en una grave espiral de violencia.

De primera impresión es evidente la tentación de poner en el mismo saco, de un lado, la captura de Nicolás Maduro, dictador venezolano, a inicios de año por parte de las Fuerzas Armadas de EE.UU. y, de otro, el ataque de este último país e Israel en contra de Irán, que terminó con el asesinato de ayatola Ali Jamenei. En ambos casos, EE.UU. sacó del tablero global –por la fuerza– a un autócrata con las manos manchadas de sangre. Y en ambos casos hay incertidumbre sobre el orden, o desorden, que seguirá la transición de poder.

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