La exministra de Shinzo Abe, que además es la primera mujer en liderar el Ejecutivo nipón, forma parte del ala dura del derechista Partido Liberal Demócrata (PLD), que gobierna el país desde 1955. Llegó al poder luego que su antecesor, Shigeru Ishiba, dimitiera. Pero para ella no era suficiente. Quería el respaldo de las urnas y por ello convocó a elecciones anticipadas, las que ganó de manera contundente consiguiendo para su partido una importante mayoría en la Camara de Representantes, lo que le permitirá gobernar con tranquilidad.
Tras su investidura formal como primera ministra este miércoles, comienza una etapa expectante para una nación inquieta por su economía, el progresivo envejecimiento demográfico y el estancamiento de su sector industrial.
“La mayoría de los primeros ministros en Japón han sido abogados, mientras ella es administradora de empresas. Entonces, su enfoque es el de una persona centrada en una lógica corporativa, de organización, de resultados inmediatos. No hay que olvidar que Shinzo Abe fue su mentor político, y él fue un primer ministro vinculado al resurgimiento nacionalista en Japón”, señala a El Comercio Ricardo Falla Carillo, internacionalista de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM).
MÁS DATOS
- 9 billones de dólares fue la deuda pública japonesa en el 2025, lo que representó un 230% de su PBI.
- Pese a ser la primera mujer en llegar al cargo, Takaichi no ha defendido políticas feministas. Por ejemplo, apoya la ley que consagra la sucesión imperial masculina.
Las promesas de campaña de Takaichi han sido claras: políticas económicas expansivas, mayor inversión, aumento de los salarios y un enfoque en la defensa y seguridad. En su primer discurso ante el Parlamento, se comprometió a acelerar las negociaciones para suspender por dos años el impuesto a los alimentos y bebidas con el fin de controlar la inflación -que en enero bajó al 2% interanual- así como buscar “políticas responsables y proactivas”.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declaró el 9 de febrero que sentía una «gran responsabilidad» de hacer que el país fuera más fuerte y próspero tras obtener una victoria electoral aplastante. Foto: Franck ROBICHON / POOL / AFP
/ FRANCK ROBICHON
“El hecho de que la votación que la llevó el poder sea el mejor resultado de la historia del PLD es un cheque en blanco del electorado para que ejecute las reformas que considere necesarias. No obstante, en un régimen parlamentario como el que tiene Japón, eso se mide a corto plazo entre las fuerzas políticas que están en el Congreso”, expresa el periodista y analista internacional Carlos Novoa.
Sin embargo, un aumento del gasto público -tal como ha anunciado- no sería la solución en un país con una deuda desorbitante, como han señalado algunos economistas nipones. “Japón se dirige a una catástrofe económica y fiscal, pero Takaichi no parece entenderlo”, señalaba a “El País” Koichi Nakano, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Sofía, de Tokio.
Pese a ello, los electores -sobre todo los jóvenes- prefieren darle el beneficio de la duda porque también ha tocado un tema que sigue siendo sensible en el país: el fin del pacifismo.
Takaichi no ha tenido rubor en pedir algo que sus antecesores no se animaron: modificar el artículo 9 de la Constitución que impide a Japón tener fuerzas armadas con poderío bélico, algo establecido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial.
“Mi gabinete pondrá fin a la prolongada práctica de excesiva austeridad fiscal e inversión insuficiente»
En estos meses, Takaichi ya ha incrementado el gasto en defensa hasta el 2% del PBI y se ha comprometido a gastar más. Su Gobierno también está considerando la adquisición de submarinos nucleares y ha anunciado planes para desregular aún más las exportaciones de armas.
Este cambio de perspectiva se enmarca en algo aún más complejo: la relación con China. Justamente, Takaichi enfadó a Beijing en noviembre pasado cuando señaló que un intento de China de apoderarse de Taiwán supondría una “amenaza existencial” para Japón, lo que justificaría el uso de las Fuerzas Armadas.
Para los chinos, el asunto de Taiwán supone una línea roja y en este caso no fue la excepción pues, de inmediato, Beijing exigió que Takaichi se retracte, algo que aún no ha hecho, tensando la cuerda entre los dos países.
“El nacionalismo de Takaichi y su idea de reforzar la defensa implica un cambio radical que eriza a la diplomacia china, más aún cuando la flamante primera ministra dejó de lado los modales diplomáticos para hablar del tema de Taiwán, asunto extremadamente delicado para China”, agrega Novoa.
Esta postura hacia China no es gratuita, pues va de la mano con el acercamiento que tuvo Takaichi con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con quien ha conectado muy bien desde el principio.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, junto al presidente estadounidense, Donald Trump, el 28 de octubre de 2025 Japón.
“Ella es consciente que el crecimiento exponencial de China en los últimos treinta años le ha arrebatado a Japón la hegemonía en el Pacífico. Japón era la potencia económica y política en el Pacífico asiático hasta los años 90 incluso, pero China le ha quitado ese lugar. De ahí el alineamiento con Trump, y esa sintonía entre ambos no es casual. Trump necesita un aliado en Asia y qué mejor que Japón. Y Japón necesita un aliado en el mundo, y qué mejor que Estados Unidos. Entonces, ahí hay un doble juego de conveniencia”, añade Falla, quien también es docente de la Academia Diplomática del Perú.
De hecho, ella visitará al mandatario en Washington a mediados de marzo con el fin de reforzar el paquete de inversiones japonesas en Estados Unidos, previstas en 550.000 millones de dólares, que a la vez garantizan para Japón un arancel general del 15% a sus exportaciones. Un acuerdo que deja a los nipones fuera de la mira de las amenazas de Washington, pero que también le aporta a Trump un aliado clave en Asia.
“Ella ha conectado bien con Trump porque son gobiernos conservadores, de derecha y existe un apoyo de EE.UU. hacia estos grupos a nivel global. Japón y China son rivales históricos y para Trump tener como aliado a Japón es clave porque tiene cerca a China y es como una advertencia permanente”, señala Carlos Novoa.
La era Takaichi empieza con fuerza, pero la primera mujer en llegar al cargo debe convencer a sus compatriotas que fue la mejor opción para cumplir con las altas expectativas puestas sobre ella.













Deja una respuesta