San Isidro: 95 años de historia, identidad y defensa vecinal, por Carlomagno Chacón

San Isidro celebra este 24 de abril su 95 aniversario como uno de los distritos referentes de Lima, resultado del trabajo desplegado por aquellos vecinos que impulsaron su crecimiento urbano ordenado, su bien ganada residencialidad y un tejido de tradiciones y valores construido con el paso de las décadas.

Hablar de San Isidro es visualizar el Bosque El Olivar, las huacas Huallamarca y Santa Cruz, el conjunto habitacional del mismo nombre —construido durante el primer gobierno del presidente Fernando Belaunde Terry—, sus parques y plazas, sus monumentos, sus casonas, sus áreas verdes y su Centro Financiero.

Pero la principal fortaleza del distrito radica, sin duda, en su comunidad: el verdadero eje de su desarrollo y preservación.

El San Isidro de hoy es también el resultado de vecinos notables que lo habitaron, a quienes tuve el privilegio de conocer, en persona o a través de sus obras: el embajador Javier Pérez de Cuéllar, los artistas Fernando de Szyszlo y Gerardo Chávez, el tribuno Javier Valle Riestra y el empresario y amante de la fotografía Jan Mulder, quien —a diferencia de los otros mencionados— sigue entre nosotros, con una de las colecciones fotográficas más importantes de la región.

Hoy, San Isidro enfrenta una nueva batalla: la defensa de su residencialidad frente a construcciones indiscriminadas que, bajo el disfraz de “vivienda social”, esconden intereses puramente comerciales, así como frente al pretendido desarrollo de vías elevadas que romperían la armonía urbana sin resolver el problema de la congestión vehicular. Son cicatrices urbanas que deben evitarse. Y esa resistencia —firme, organizada, casi instintiva— es parte del ADN vecinal sanisidrino.

No es la primera vez. Ya ocurrió cuando se pretendió desviar la carga vehicular de la avenida Arequipa hacia El Olivar, patrimonio ambiental y monumental del distrito y de Lima. O cuando se impulsó la absurda idea de construir una serie de by-passes en la avenida Salaverry. Y, a propósito de esta última, cómo no recordar la lucha vecinal para evitar la construcción de un grifo en la esquina de Salaverry con Alberto del Campo, liderada con determinación por la distinguida vecina Ana María Álvarez Calderón viuda de Olaechea.

San Isidro es todo eso y mucho más. Se vive, se siente y se respira en sus calles arboladas, en el canto de sus aves, en la vida cotidiana de sus vecinos y sus familias. Avanza firme hacia su primer centenario, consolidándose como un distrito referente de Lima y del país.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

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