Roberto Sánchez presentó este lunes un ‘equipo’ que, más que renovar su propuesta, revela su apuro. Manuel Rodríguez Cuadros, Pedro Francke y José Domingo Pérez no fueron parte del elenco original; han llegado como nombres de auxilio para darle barniz técnico a una candidatura que no ha resuelto su problema de fondo: su relación con Pedro Castillo y con el golpe de Estado del 7 de diciembre.
Roberto Sánchez presentó este lunes un ‘equipo’ que, más que renovar su propuesta, revela su apuro. Manuel Rodríguez Cuadros, Pedro Francke y José Domingo Pérez no fueron parte del elenco original; han llegado como nombres de auxilio para darle barniz técnico a una candidatura que no ha resuelto su problema de fondo: su relación con Pedro Castillo y con el golpe de Estado del 7 de diciembre.
El caso de Rodríguez Cuadros es el más elocuente. Renunció como representante del Perú ante la ONU horas después del golpe de Castillo porque, según escribió entonces, se había producido una “ruptura del orden democrático constitucional” y porque sus convicciones democráticas se lo exigían. Ahora respalda a Sánchez, el aliado que ha sostenido que a Castillo “le dieron un golpe” y que ofrece indultarlo. No es una evolución diplomática; es una pirueta moral.
La contradicción crece cuando se mira la política exterior de Juntos por el Perú. Un diplomático de la trayectoria de Rodríguez Cuadros sabe que el interés nacional no se defiende con consignas de Guerra Fría. Sin embargo, el plan de Sánchez describe a Estados Unidos como una potencia en decadencia, propone acercarse a los Brics para reducir la dependencia del dólar y plantea vínculos con Cuba, Venezuela y Nicaragua bajo el ropaje del antiimperialismo. ¿Ese es el estándar internacional que el excanciller dice querer restaurar?
Francke tampoco sale bien librado. Hace apenas unas semanas en una entrevista dijo que no quería volver a un cargo público: “Ya pagué mis culpas”, “ya cumplí mi servicio militar obligatorio”, afirmó, y admitió que no tenía ganas de repetir una aventura semejante. Explicó su salida del MEF, a inicios del 2022, por la falta de compromiso de Castillo en la lucha contra la corrupción y por la necesidad de un Gabinete con capacidad técnica e integridad moral. Hoy aparece como jefe de plan económico de un proyecto que reivindica al expresidente que lo decepcionó, y se toma tan en serio el encargo que ni siquiera acudió a la presentación.
Y, finalmente, está el caso del exfiscal José Domingo Pérez, quien pasó de integrar el equipo especial del Caso Lava Jato a ser abogado de Castillo y operador de una eventual reforma judicial bajo Sánchez. Este lunes, en una entrevista a César Hildebrandt, cuando se le preguntó si estaba convencido de que Sánchez era respetuoso de la democracia, respondió: “por lo menos nos da la opción de creer”. Esa frase es una confesión de parte: ni siquiera sus propios fichajes pueden afirmar que su candidatura es una opción democrática y hablan de esta ineludible característica que todo candidato democrático debe tener como una cuestión de fe.
Sánchez no ha moderado su candidatura. Ha convocado legitimadores de emergencia. El problema es que los nombres, si bien cargan con experiencia, las contradicciones de su trayectoria reciente pesan más y el elector podrá verlas claramente.












Deja una respuesta